Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   Comunicación y participación     
 
 Informaciones.    02/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Comunicación y participación

Por Abel HERNANDEZ

VUELVE a dar la impresión de que el presidente Suárez está prisionero en la Moncloa, mientras cunde

una sensación de desencanto nacional, tras la euforia de los pactos. El presidente vuelve a tropezar con las

dificultades que le colocan en el pasillo sus propios partidarios, y con las crecientes dificultades

económicas, previstas en gran parte.

Son horas bajas. Don Adolfo Suárez tiene, sin embargo, perfecta confianza todavía en sus propias fuerzas

y sabe que puede superar el bache. No le falta coraje ni imaginación. Es consciente de que las razones de

Estado, por las que él lucha denodadamente desde que llegó al Poder, son razones del pueblo. Sabe que

sin participación no hay democracia, y que, en cualquier caso, pero más en las presentes circunstancias, es

muy difícil la participación sin luminosos canales de comunicación.

El presidente Suárez debe romper creemos urgentemente el cerco de la incomunicación. Debe

acercarse urgentemente al pueblo. La televisión es una buena ventana abierta. Debe hacerlo a cuerpo

limpio. Su contacto directo con los ciudadanos españoles en las diversas provincias, escuchando sus

problemas y tratando de devolver la confianza a las gentes, es uña tarea apasionante e ineludible. A

Suárez le falta en estos momentos populismo, en el mejor sentido de la palabra.

Otra iniciativa, que le brindamos y que no parece tan difícil, es volver a su primitivo propósito de

mantener, como hacía De Gaulle, ruedas de Prensa abiertas periódicamente. Ahora sería el momento de

inaugurar este buen cauce de comunicación. Muchas neblinas que enturbian la vida nacional se disiparían

por arte de magia.

El pueblo quiere saber qué pasa. Mientras no se rompa la efectiva incomunicación entre la España oficial

y la España real, mientras sigamos con los cerrados hábitos del pasado, no habrá democracia real ni podrá

exigirse a los ciudadanos solidaridad. Suárez, cuyas virtudes de gobernante y de estadista están

reconocidas por las mentes más lúcidas de dentro y de fuera, y que sigue siendo el personaje

imprescindible al frente de la cosa pública, no tiene que temer la claridad. Es hora de que rompa

camarillas v cercos y salga al encuentro del aire de la calle. Racionalmente, no hay graves amenazas en el

horizonte: ni los obispos van a repartir excomuniones, ni los empresarios tienen vocación de mendigos, ni

los militares cobijan intenciones golpistas. Hay que ahuyentar los fantasmas y los temores de los

despachos y de las aceras.

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