Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   El proceso general     
 
 Hoja del Lunes.    05/12/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 5. 

LAS CONSTITUYENTES

EL PROCESO GENERAL

va llegar un momento en el que se podrá aplicar al presidente Suárez aquello que decía Donoso

Cortés de Guizot, que no tiene más amigos que los enemigos de sus adversarios. La transustanciación

de señores tan aparentes como Clavero, Fernández Ordóñez, Cabanillas, Cavero, Garrigues y los

demás es otra de las obras maestras de ese simpático tirano (lo digo en el buen sentido, como lo hubiese

dicho de Sagasta) que no pasa día sin probar su astucia casi homérica. Los términos en que está

redactada la nota del Consejo Político de la Unión de Centro Democrático más parece que son

propios de una militarización que de un acuerdo entre coaligados. Una militarización o un

pronunciamiwnto.

" El Consejo Político de Unión de Centro Democrático se ha pronunciado esta

tarde...," Se ha pronunciado en lo tocante a que los partidos que formaron coalición para ganar las

elecciones "formalicen su disolución en el plazo máximo de ocho días". El presidente Suárez ha

felicitado al Consejo Político. ¡Faltaría más! Consejo Político o Junta Política, el señor Suárez tendría

que felicitarse a si mismo. ¡A qué esperar esos ocho días? Aquí, como en la mística, el deliquio es

anterior a cualquier experiencia. A estos líderes que digo, incluido el señor Alvarez de Miranda,

podríamos llamarlos fusionistas. Y no porque el acontecimiento sea como la fusión de unos

infusorios (realmente los partidos fusionados o concordados eran microscópicos), sino porque el

apelativo pertenece, a nuestra historia política. Aunque tal vez mejor que fusionistas les convendría el

título de "transustancionistas´´. Bueno, fes lo mismo, España va a salvarse de igual modo. (Rumores)

Tenemos que la derecha moderada o progresista (nada de centro, que eso ya ni existe ni en la geometría)

está consolidando desde el poder la racionalización del partido mayoritario, de una mayoría

que fue coyuntural y aleatoria, y cuya racionalización garantizará su continuidad. La jugada es buena y

yo no quiero bailar el agua a los enemigos de los adversarios del presidente, que son los de ultraderecha.

En esta especie de guerra de las galaxias queda suelto el señor Camuñas, que es, como creo que he dicho

ya en alguna ocasión, la pulga de la política española, en el sentido de que las pulgas tienen un no sé qué

de acrobático, de artístico, y que yo siempre he admirado mucho. El señor Camuñas es más sentimental

que entusiasta, lo que es muy propio de su clasificación sociológica, pero mucho me temo que por el

camino que va termine asistiendo a sus propios funerales, como Félix de Montemar. Yo estoy con él

desde siempre, y mucho más desde que dio la "espanta" en el Ministerio, porque lo trataban como esos

bibelots que se ponen encima del historiado aparador, y que alguien, tarde o temprano, rompe dis-

traídamente con el codo. El señor Camuñas tuvo el arranque de marcharse del sofisma que le habían

preparado y volver a la lógica verdadera, que es la que ahora mantiene. Pero la lógica es una cosa y la

política otra muy distinta. Ahora el señor Camuñas meditará amargamente acerca de la "brutalidad del

número", no tanto por el número en si, que es de índole numeral, como por los que se numeran (y

arraciman en el pináculo, atados y bien atados, tal romo aparecen en el dibujo que ha hecho Máximo

en "El país"

TENEMOS, de otra parte, el paulatino y seguro corrimiento del señor Fraga

hacia ese espacio que para entendernos llamamos centro, aunque su aventura, como es natural, ya que

no está el poder, es bastante más accidentada que la del señor Suárez. Ha cambiado el apoyo, por lo

demás siempre reticente, del franquismo, que « una fuerza nada despreciable, por una idea más

aseada de la actualidad política, y, a lo que parece, de mayor porvenir. Tiene que soportar defecciones

(en razón de lealtades que trascienden su nueva imagen) y enzarzarse en controversias internas que

indudablemente debilitarán el grupo de Alianza Popular. El curso de los acontecimientos hará (a no ser

que el señor Fraga prenda fuego a su casa, como el conde de Benavente, cosa que no creo, ya que, a

diferencia del señor Camuñas, es más entusiasta que, sentimental); digo que el curso de los acon-

tecimientos hará que el señor Fraga, por exigencias de imagen, vaya estirándose hacia ese centro u

"onphalos" en el que don Adolfo Suárez distribuye moderación, derechismo y "l a i s s e z faire". ¡Qué

abismos hay entre el señor Fraga y el señor Cabanillas, o el señor Meilán, o el señor Calvo Sotelo, o el

señor Garrigues? No hay abismos. ¿Qué abismos hay, después de todo, entre el señor Fraga y el

señor Suárez? Ninguno. El señor Fraga no es tan romántico o tan dialéctico como para suponer que

los hechos incontestables (por ejemplo, que Aquiles alcanzará con toda seguridad a la tortuga) son

falsedades de la naturaleza. Ni falsedades de la naturaleza natural ni de la naturaleza política, por más

innatural que ésta sea, como ciertamente lo es. Todos estos hombres que he dicho pertenecen, en

sustancia, a un tronco común, y la guerra que pudieran hacerse entre ellos es una falsificación del

problema real de España, El señor Suárez ha tenido que ir un poco más allá de sus convicciones,

cuando ha ido, debido a las necesidades prácticas del poder, no de otro modo que el señor Fraga ha

tenido que sofrenarlas alguna vez debido a las necesidades prácticas del no poder: de haber sido

arrancado del poder. Pero ése no es un problema de los españoles. Ese es el problema de una clase

política que ya conocemos de antiguo y que sigue, y que por eso mismo adopta actitudes vergonzantes o

desmesuradas, porque, o bien le remuerde la conciencia, o bien tiene que justificarse. El curso de los

acontecimientos hará, como digo, que toda la derecha se junte, y que los objetivos particulares de los

diferentes grupos, objetivos que son políticos y no históricos, es decir de poder, se avengan al objetivo

común, que trasciende todas las fricciones y todas las tensiones, por la sencilla razón que todos esos

grupos están irremediablemente vinculados a una específica estructura social y económica. Pasará, en

general, lo que en particular acaba de pasar dentro de la Unión de Centro Democrático, y que es lo que

decía el Crispín de Benavente: hemos creado muchos intereses, y es interés de todos el salvarnos.

En la otra punta está la izquierda real. Los comunistas y los socialistas, por miedo saludable a la

regresión, pero sobre todo los comunistas, se han adaptado o, la transición, se han amoldado al curso de la

situación exterior, lo que ha inducido a pensar a bastante gente de la izquierda que los objetivos de

aquellos partidos son vagos. Los mismos líderes, los señores Carrillo y González, se pasan el día y parte

de la noche poniéndose zancadillas, dando así la sensación de que se desenvuelven de una manera

casuística, que se orientan por el pragmatismo más que por la ideología y que cambian de objetivo de

acuerdo con las circunstancias. Tanto el señor Carrillo como el señor González, pero más el señor

González, tienen que aplacar una y otra vez las suspicacias de sus bases, intensamente vinculadas al

objetivo ideológico y contra el que parece, en ocasiones, que el pragmatismo de los líderes hace violencia.

Incluso dentro de las ejecutivas hay disensiones, más o menos graves, entre los ideólogos y los

pragmáticos. Es una cuestión de procedimiento. La ideología es un objetivo concreto que se manifiesta

todo entero e instantáneamente. El pragmatismo es una concreción sucesiva de objetivos, los cuales

responden, de todos modos, a un objetivo fijado de antemano. Primero el socialismo renovado de don

Felipe González absorbió práctica y moralmente al socialismo histórico, electoralmente insostenible.

Ahora los contactos entre, el partido del señor González y el del profesor Tierno, que se distinguen poco

más que por el ademán, y sobre todo por el tono de voz, que en el señor Tierno y en el señor Morodo

resulta, cómo decirlo, más ético, es fácil que hallen una vía unitiva para el socialismo. Finalmente el

inicio

de contactos entre el Partido Socialista Obrero y el Partido Comunista puede florecer, si los

acontecimientos no se precipitan, en lo que, evidentemente, es aún prematuro, que es un frente común: en

una unión de la democracia excéntrica "frente a" la Unión de Centro Democrático, en la que estarían

todos los que he dicho antes más la sedimentación franquista que vaya goteando dentro. Y en ese

momento es cuando tendríamos de por frente el terrible rostro de nuestra Patria, el verdadero problema

deEspaña. El problema al que Franco le puso una escallola, de, la que se ha escapado la fractura, lisa y

llanamente porque hubiera hecho falta algo más que una escayola.

En cuanto a la situación puramente constituyente, se ve a simple vista que es tema menor. En cualquier

caso, estoy dispuesto a defender un Parlamento que es fingido, porque, como todo el mundo sabe, las

cuestiones parlamentarias se manipulan entre bastidores y luego nos sirven una comedia que ni siquiera es

de Moliere. También estoy dispuesto a matarme por el pacto de la Moncloa, obra de olvidadizos o de

relapsos, pero que no termina por calar en las partes., tal como temí desde el principio. Por lo que ya me

resulta difícil salir es por el dichoso borrador, que cada día que pasa me preocupa más. Los ponentes se

han quedado con la copla de la sintaxis y tengo la sensación de que viven obsesionados con eso. Pero

aunque la sintaxis es importante, porque es siempre el reflejo de una estructura mental, y en el caso de la

Biblia y de Einstein de dos estructuras del universo, no lo es todo. Por ejemplo, el título tercero del

artículo 45, en el que se dice que la persona del Rey no está sujeta a responsabilidad, es muy debatible, y

yo espero que sea debatida, porque la "irresponsabilidad" no se compadece con las "funciones", y, una de

dos, o el Rey es "responsable", o no es otra cosa que un "augusto cero", como diría sarcásticamente el

señor Vázquez de Mella, que encima era carlista. Pero, en fin, esta cuestión, como otras que hay, es muy

delicada, y estamos hablando de un borrador que citando lo pasen a limpio irá a las Cortes, que es donde

yo me temo que nos sigan dando la misma comedia que hasta ahora. Por eso la gente se ha tomado cu

serio el borrador, por eso piensa que es casi, casi, una carta otorgada. ¡El Parlamento como el mayor

cacique del Reino! ¡Vaya historia! Y, además, todo un cacique legítimo. ¿No es raro que ese Parlamento

de confidentes sea una emanación de la voluntad nacional ¿No es raro también que vaya a emanar de la

voluntad nacional una Constitución cuyos artífices, iba a decir artificieros, concluyeron que la voluntad

nacional debe estar protegida por la confidencialidad famosa, como si en vez de una Constitución nos

estuviesen haciendo un subconsciente f Dicen bien, porque aquí todo se nos va en emanaciones y no

vemos tajada por ninguna parte.

CREO que estamos tocando el fondo de la transición, y que, como todos los fondos, como todos los

fondos de los cálices, es un fondo amargo. Me gustaría que todo fuese tan sencilla como la militarización

de los municipales madrileños o la entronización del señor Tarradellas, que está demostrando ser un

conservador minucioso, lo que seguramente dejará algo perplejo a mosén Xirinacs y a sus presos, que lo

rompen todo últimamente. La, ultraderecha suele kacerle al Gobierno algunas interrogaciones, que, aparte

de los malos modos, son razonables. En sustancia quiere saber dónde termina la transigencia y dónde

comienzan los principios. Una interrogación así es razonable, porque cuando no hay principios, o no

comienzan nunca, hay que echar mano de la fuerza, tarde o temprano, y entonces esa fuerza es despótica.

Ya hemos matado a Franco bastante, lo hemos estado matando durante dos años, y yo le digo al Gobierno

que a estas alturas no hace falta su cadáver para probar que se es demócrata y que se es libre.

Carlos Luís ALVAREZ

 

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