Autor: Herrera, José Luis. 
   Alforjas para la economía     
 
 Informaciones.    11/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EL ESPAÑOL ASOMADO

Alforjas para la economía

Por José Luis HERRERA

SONO el teléfono con retintín de conferencia, y era conferencia. Mi compadre me llamaba, desde el

casino del pueblo más o menos unido, seguro que delante de todos para marcarse un corte memorable :

—¡Que digo, compadre, que la primera en la frente! Ya ves lo que te pasa por haberte enrollado. Tú, que

ibas para dominico, nos has salido ahora suareciano. Pues chúpate esa...

Y llevaba razón el hombre. La primera, verdaderamente, en la frente. Porque una cosa son los propósitos

generales progresivos del programa económico del Gobierno, o sus propios proyectos insinuados, que

habrán de pasar por el cedazo democrático de las Cortes, y otra muy distinta las treinta y siete devaluadas

por litro de gasolina «súper», que ahora nos explicamos por qué es «supera. Sobre todo cuando en los

propósitos generalísimos, con perdón, figuraba el de entrarle —de una vez y por derecho— a los

impuestos directos sobre los beneficiarios de rentas suntuosas, en vez de recurrir, como siempre, a los

impuestos Indirectos, que sacuden el mismo palo en todas las cabezas, pero hacen menos daño al que

tiene la cabeza metida en una caja fuerte. Lo cual está pero que muy puesto en razón. Pero —¡ay, don

Enrique!— puesto nada más que en razón.

¿Qué ha pasado a la hora de la verdad? Lo que pasaba antes —id est, durante lo vitalicio de las ma-

gistraturas—, sin enmienda ni tachadura. Ha pasado que hemos vuelto a confundir el crudo con el cocido,

pero añadiéndole un chorrito, se conoce que por aquello de la voluntad. ¿O no? Vamos a ver. Devaluada

la pesetita en un 19,7, quiere decirse que el crudo oro negro nos ha subido un 19,7 en el precio del barril.

Y entonces nuestro democrático sanedrín, con todo y el molón de sabios que en él se integran, va y sube

el cocido —es decir, el conjunto de crudo, refino, juguetes para los niños de los concesionarios,

reivindicaciones de los de la manguera y, sobre todo, impuesto indirecto sobre el líquido carburante— en

un 19,3. Que, al respective de lo que supone el material en sí mismo, o sea, la gasolina-gasolina, se pone

en un 66,66, así de periódico y de purísimo.

Porque la gasolina, por super que sea,, cuesta menos de diez pesetas el litro todavía...

No es preciso insistir en cómo andan de preocupados por tamaña subida los miembros de nuestra sufrida

plutocracia. Vamos, dispuestos a no salir de Puerto Banús en lo que queda de ´agosto. Porque a ellos es a

quienes, de verdad, afecta la formalidad del Gobierno, que ha entendido muy pronto que prometer y no

dar, como decía mi abuela, no descompone casa. A los demás nos resbala la cosa. Y si no nos resbala,

pues nos hacemos la puñeta, que es lo que hay que hacer, al menos hasta que nuestros sapientísimos

economistas anuncien que se van a subir sin piedad los impuestos indirectos y, para pasmo del mundo, se

decidan a subir los directos, con una maniobra de • distracción tan eficaz como consuetudinaria. Eso

¿Qué ha hecho ante está medida la oposición prerrepublicana? Pues en una proporción notable, no

aplaudir al Rey en las Cortes. En una singularidad simbólica —cual la del inefable don Alfonso Guerra—,

acudir vestido de hacendado caribeño allí donde se le rogaba traje oscuro, y para que todo quedara tan

claro como el traje, obsequiar a la ´parroquia con toda clase de gestos, posturas y viaje de manos a los

bolsillos del mejor gusto parlamentario y europeo. Vamos, de lo más homologado.

Y es lo que dice mi compadre, que se ha dejado la hijuela en el teléfono. Si, por una parte, la reforma

fiscal consiste en atizarle a la gente media, como siempre. Si, por la contraria, la oposición consiste en

exhibir la propia mala crianza. Si la democracia juega, en sus decisiones, a lo de antes, y si el marxismo

no comunista —es decir, el marxismo con sifón— vuelve a ser cosa de burguesitos organilleros y

jaquetones, resulta que la cosa de los cuarenta años de inmovilismo —que dice don Laureano López

Rodó— es mucho más grave de lo que nos parecía. Resulta, en resumidas cuentas, que nuestro proyecto

de aceleración, progreso y homologación europea empieza, como los proyectos espaciales con la cuenta

atrás. Pero en el mal sentido de la palabra. Y para este viaje que nos han tirado, con la técnica de siempre,

al. bolsillo, no hacían falta tan sabias, tecnológicas y criptogramas alforjas.

 

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