Autor: Simón Tobalina, Juan Luis de. 
   Aproximación al tema de las autonomías  :   
 El difícil problema regional. 
 Ya.    08/12/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 4. 

APROXIMACIÓN AL TEMA DE LAS AUTONOMÍAS

I. EL DIFÍCIL PROBLEMA REGIONAL

Un examen de la realidad histórica y administrativa de las regiones es el paso previo para esta

«aproximación al tema de las autonomías». El punto de las regiones se ha adelantado a la oportuna norma

constitucional, dice nuestro colaborador Juan Luis de Simón Tobalina, y esto obliga a adentrarnos ya en

el problema.

NUNCA ha habido en España una fiebre de autonomias regionales como la registrada, en este año de

1977, que acaba de entrar en su último mes de vida. Con este entusiasmo autonomista contrasta la

ignorancia increíble que existe sobre las posibles razones justificativas de esos an. helos de autogobierno

que han llegado hasta desencadenar reacciones histéricas. El .afán de reconocimiento de personalidad a

determinados territorios de la geografía hispana no se limita a las regiones que estudiábamos en el

bachillerato, sino que ademas de provincias como Asturias o Navarra´, que por razones históricas o

geográficas suelen considerarse, al propio tiempo que provincias, regiones, nay otras que reclaman ahora

este trato. Por ejemplo, Logroño (La Rioja) y Santander (Cantabria) poco predispuestas, al parecer, a

formar parte de Castilla la Vieja o de una gran región castellano-leonesa, cada día mejor afirmada con

argumentos históricos, geográficos, económicos y, por supuesto, sentimentales. La Constitución de Cádiz

enumeraba en su artículo 10 como partes del territorio peninsular español: Aragón, Asturias, Castilla la

Vieja, Castilla la Nueva. Cataluña, Córdoba, Extremadura, Galicia, Granada, Jaén, León, Molina, Murcia,

Navarra, provincias Vascongadas, Sevilla y Valencia. Hoy procederían unas delimitaciones territoriales

distintas a la hora de establecer las regiones. ¿Cuáles? No hay quien lo sepa. Baste decir que nínguno de

los tres proyectos de regionalización elaborados en el pasado coincidieron en la enumeración de regiones

ni en su número. Escosura, en 1843, señalaba once regiones; Moret, en 1884, quince; Silvela y Sánchez

de Toca, en 1899, trece (Ortega y Gasset proponía diez).

FUE inteligente cambiar de sistema proyectos Maura y Canalejas y R. D. de Dato, en 18 de diciembre

de 1913 mediante la autorización de mancomunidades provinciales como única posibilidad de. iniciar

seriamente la. solución del problema regional. Debo, por ello, mostrar mi gozo ante el hecho de que, ¡por

fin!, se haya articulado, muy sucintamente por cierto, la base 20 de la ley 41/1975 de Bases del Estatuto

de régimen local. Entre otros extremos, los estatutos de las mancomunidades deberán expresar las

provincias que comprende la mancomunidad y el lugar en que radiquen sus órganos de gobierno y

administración. De haberse realizado, como debió hacerse, esta articulación tan simple y tan sencilla hace

un año es probable que a estas horas conociésemos ya las "intenciones" de Albacete respecto a Murcia; de

Navarra en cuanto a las provincias vascas digan otros Éuzcadi, no yo; de las dos provincias

extremeñas entre si; de Santander y Logroño, en lo que se.refiere a Castilla-León, etc. Así, sólo

sabemos que hay dudas y confusión.

PERO el parto de las regiones se ha adelantado ( ¿no será un parto prematuro ? |, saltando sobre

ese primer tramo de las mancomunidades cuya regulación ha llegado cuando, al hilo de las

preautonomías, es ya ineludible plantearse el difícil problema regional sin esperar, como parecia lógico, a

que la oportuna norma constitucional ofrezca el marco legal obligado. Un primer examen de conjunto del

mismo nos obliga a establecer la división fundamental de los dos grandes reinos que se unieron

¿federal, confederalmente ? en tiempos de los Reyes Católicos, si bien se definieron de nuevo por breve

tiempo desde la muerte de Isabel la Católica (1504) hasta que, al fallecimiento de Felipe el Hermoso

(1506), los castellanos llamaron de nuevo a Fernando de Aragón, quien durante meses se hizo desear y, al

fin, se dejó querer. Los tres reinos confederados en la Corona de Aragón, tras diversas vicisitudes

históricas que culminan en los decretos de Nueva Planta de Felipe V, se plantearon el problema con

matices diferenciales. La incorporación de Navarra fue realizada con las armas por el Rey Católico y

formalizada después en las Cortes, de Castilla de 1515 sin atentar contra las singularidades históricas de

aquel reino, consolidadas, en su mayor parte, con el transcurso de los años. Las provincias vascas

conservaron. durante, siglos dentro del reino de Castilla después de España sus fueros e instituciones

de gobierno y administración, a cuya pérdida que para Guipúzcoa y Vizcaya llegó a ser absoluta en

1937 nunca se resignaron, Galicia ofrece peculiaridades dignas de consideración. Andalucía,

Extremadura, Murcia también van saltando al palenque de las reivindicaciones autonómicas. Y nada

digamos de los archipiélagos de Baleares y Canarias. Los problemas son, como vemos, muy distintos.

Van desde la recuperación de fueros, privilegios, peculiaridades administrativas e instituciones políticas,

cuyo origen se encuentra en hechos diferenciales geográficos, éticos y lingüísticos, hasta la petición de

autonomía dentro de un sistema de descentralización orgánica que se nos ofrece como uno de los signos

de los tiempos y constituye un fenómeno europeo, no meramente español.

Juan Luis DE SIMÓN TOBALINA

 

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