Autor: Cavero, José. 
   Veinticinco intervenciones para empezar...     
 
 Arriba.    10/08/1977.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

DESDE EL PARLAMENTO

VEINTICINCO INTERVENCIONES PARA EMPEZAR

AL final, al cabo de las cuatro horas de sesión, el Ministro Fernández Ordóñez se mostraba satisfecho y

sonriente. Todavía contestaba a las preguntas de los periodistas, en esta ocasión mucho menos agresivas y

punzantes que las de los señores diputados. El Ministro nos contaba que daría dinero por tener hoy una

sesión como la de ayer. Que había disfrutado, vamos. «Entre otras cosas, porque eso que nos hemos dicho

Tamames y yo en la sesión, nos lo decimos dentro de un rato, cualquier ´día, en su casa o en la mía,

después de, cenar...» Y recordaba el Ministro Paco Fernández Ordóñez que este debate le había traído a la

memoria sus tiempos de estudiante en América y su oficio de fiscal. Lo cierto es que esa primera

manifestación de parlamentarismo en las Cámaras ha demostrado unas cuantas cosas: que el oficio de

hablar no lo tienen todos. Que Alianza Popular es débil numéricamente y acaso argumentalmente, pero no

dialécticamente. Laureano López Rodó y Gonzalo Fernández de la Mora dieron pruebas de ello. También

quedó perfectamente a las claras esta «minoría» en el seno del Congreso y, consiguientemente, en el de la

Comisión de Economía y Hacienda, goza de escasas -simpatías: En algunos casos, las intervenciones de

los dos mencionados aliancistas llegaron a provocar más ataques y desconsideraciones que algún punto

concreto de la reforma fiscal sometido a debate. Fernández Ordóñez también se mostró bastante conciso y

cortante para con los «apés». Pero se pueden sacar bastantes consideraciones más: El «populismo» de

estos hombres, por ejemplo. Lo ponía de relieve, al lado de este periodista, el sociólogo catedrático de

Vale, Juan José Linz, que se pierde muy pocos debates parlamentarios, muy escasas sesiones, desde que

estas Cortes quedaron constituidas.

Junto con esas muestras de elocuencia probada, y de parlamentarismo, si se quiere, de viejo estilo, habrá

que consignar muy pronto otras voces en alza. No fue un día fuerte para los parlamentarios de la Unión

del Centro Democrático, y resulta fácil explicar la razón: no iban a atacar, a oponerse, sino, en el mejor de

los casos, a centrar o a distraer la atención sobre temas de fácil respuesta para el Ministro interpelado. El

PSOE, en cambio, envió ya a varios hombres al lucimiento. Hay gravedad de voces, y hay tonos de voz,

que hacen predecir parlamentarios tenantes: la voz, el tono y el ademán de Baldomero Lozano, por

ejemplo. Pasando ya por alto el rigor, no exento de doctrina, de Ramón Tamames, de Enrique Barón o de

Ernest Lluch. Casi todos estrenaban podio, y todos, excluidos los ucedistas, «repitieron», al hacer uso del

derecho a réplica.

Esta fórmula de la réplica y de la duplica fue otra de las cuestiones a descubrir: aquello del «aplauso,

silencio y mutis», de otros tiempos, pasó a la historia. Aquí va a ser mucho más frecuente y habitual el

campanillazo por sobrepasar el tiempo prefijado —don Laureano López Rodó estrenó el timbre decisorio

del presidente Alvarez de Miranda—, y estarán a la orden del día los derechos a réplica, a duplica y a

contrarréplica y contradúplica. «La falta de costumbre», diría Fernando Alvarez de Miranda, había

aconsejado que no se hubiera pensado en que el Ministro respondiera a los duplicantes. Pero el Ministro,

velozmente, respondió a una docena de interpelaciones en apenas un par de minutos.

Los periodistas, en principio, no parece que debiéramos haber tenido lugar en las discusiones de las

Comisiones del Congreso ni del Senado. En esta ocasión se hizo la excepción, y pienso que con acierto:

aventajábamos en número a los señores diputados, o cuando menos los igualábamos. Los desastres de

agosto y del calor... Sin embargo, los 36 diputados integrantes de una comisión —una por cada diez

miembros de cada grupo parlamentario, y uno más si el resto supera a cinco— estaban sobradamente

presentes. Y el doble, también.

En algunos momentos el debate llegó a tener alturas científicas y profesionales bastante poco asequibles

para el periodista medio, y mucho nos tememos que también para el diputado medio. Aunque en la

Comisión de Economía y Hacienda quepa dudar si existe esa clase de diputado «medio», esto es, que no

haya pasado por una Facultad de Económicas.

Si hace pocos días, en la misma sala del Senado —puesto que en ella, y no en el hemiciclo, se celebró la

sesión— Justino Azcárate traía a cuento una cita nada menos que de Kazantzakis, ayer era el Ministro

Fernández Ordóñez, conocido por sus aficiones e inclinaciones humanísticas, quien solicitaba permiso a

Ramón Tamames para poder usar a Gramsci, y referirse al «optimismo de la voluntad frente al pesimismo

de la inteligencia» —se refería al «eurocomunista». Tamames replicaría con «la crudeza de la realidad», y

con la amenaza de las Centrales Sindicales...

Bien: fueron cuatro horas, con un descanso, repletas de objetivos fiscales, de datos económicos, de

dificultades tributarias, de porcentajes y de acotaciones políticas. Fernando Alvarez de Miranda,

Francisco Fernández Ordóñez, Gonzalo Fernández de la Mora, Ernest Lluch, Enrique Barón, Manuel

Sánchez Ayuso, Luis Gámiz, Laureano López Rodó, Javier Aguirre, Baldomero Lozano, Félix Pons,

Ramón Tamames, Mariano Alierta, Ramón Trias, más duplicas, réplicas y contradúplicas, hicieron un

total de 23 intervenciones.

No está. mal para empezar un debate...

José CAVERO

Miércoles 10 agosto 1977

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