Autor: Lasuén, José Ramón. 
   El centro es el vacío     
 
 El País.    04/10/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 30. 

EL PAÍS, miércoles 4 de octubre de 1978

OPINIÓN

TRIBUNA LIBRE

El centro es el vacío

JOSÉ RAMÓN LASUEN

(Economista y diputado socialdemócrata del Grupo Mixto

por Teruel)

Retóricamente, la España democrática está políticamente organizada en torno a su «centro" político. Y no

funciona bien. Nada marcha como es debido: ni la economía, ni el Parlamento, ni el orden público, ni el

teatro, ni el cine, ni el fútbol, ni la novela, ni los periódicos... ¡Nada! Hay un sentimiento general de

frustración.

¿Por qué?

¿Falla el principio de que el Poder debe estar en el «centro»? ¿Falla el país? o simplemente, ¿se aplica

mal el principio?

Respecto de la eficacia del concepto no hay duda. Todos los países democráticos prósperos están

organizados alrededor de su «centro». Aunque, bien es verdad, ese «centro" no es el que conceptualizó

Fraga ni televisó Suárez.

¿Falla su aplicación? Tampoco, dicen los franquistas conversos: Todo va bien; mejor de lo que se podía

esperar; los que se quejan son reaccionarios.

No es verdad, piensa en su fuero interno el español medio: Ni con Franco se vivía mejor, ni ahora se vive

como se esperaba. Hay poca libertad, escaso orden y justicia, y nulo progreso. En todo caso, si no estamos

peor no es gracias a los políticos, sino al país, que aguanta todo.

¿Qué es lo que falla, entonces?

Falla, lo que tenía que fallar, la falsa retórica.

El país no funciona bien porque no lo dirige el «centro». Y no lo dirige porque no existe ni como fuerza

ni siquiera como idea política.

El «centro» solo es una posibilidad política.

En realidad, hoy. el «centro» es el vacio. Un vacio de inhibición ciudadana, absentismo del trabajo,

emigración empresarial, aburrimiento intelectual y abstención política.

El «centro" es la tierra de nadie, ocupada electo ral mente por el PSOE y la UCD mediante campañas

publicitarias ficticias y, desde entonces, desertizadas por los dos. como consecuencia de la presión de sus

electorados básicos respectivos, de izquierda y derecha moderadas.

¿Qué hay en ese vacío?

Alrededor del 30% de la población electoral. La más joven, la más urbana, la más secular, la más

autogestionaria, autonomista y empresarial, la más progresista, europeísta y atlantista. Una población que

rechaza crecientemente a la UCD y, en menor medida, al PSOE.

Ideológicamente, es un vacío que responde a dos ideologías próximas: la liberal, pero liberal progresista,

y la socialdemócrata, pero socialdemócrata neopositivisia. de empresa privada y atlantista.

Es un vacío que crece y puede convertirse en la sima política, económica, social y cultural, que se trague

al país, porque contiene todo el potencial de curiosidad, crítica, participación, responsabilidad, esfuerzo,

racionalidad, modernidad. Profesionalidad. emoción y mística, precisos para evitar que la crisis mundial

nos vuelva a africanizar.

Es un vacío que es imprescindible rellenar. Es un abismo que hay que transmutar en puente, por el que

atravesar el marasmo que nos asfixia, para integrarnos, de una vez y para siempre, en el mundo

occidental.

¿Cómo se puede organizar y activar?

Partiendo claramente de su realidad. El centro no es homogéneo, de clase media, como cree Fraga. Es

heterogéneo. Tampoco es moderado, disciplinado y pactista, como creen Suárez y González. Es radical,

liberlario y crítico.

Por tanto, la única forma de arrancar a la parte más vital del pais del inconformismo pasivo en que se ha

sumido ante la vulgaridad del «botejarismo» prevalente (primera generación: AP; segunda: UCD; tercera:

PSOE) es ofrecer opciones políticas nítidas, que permitan la plena y voluntaria realización del individuo

creador, la me/cía de entusiasmo y capacidad que produzca la chispa nacional.

Posteriormente, esas opciones, liberal y socialdemócrata, que habrán de adoptar formas organizativas

muy democráticas y autonómicas, se unirán gradualmente, por instinto de supervivencia, con aquellas

otras fuerzas que se muestren más afines y que les permitan dirigir, como les compete, el destino del país.

Este acontecer previsible no es nada artificial ni original. Es natural y ha sucedido y sucede en todos los

países occidentales. Los partidos grandes, homogéneos y disciplinados, están en las alas: los partidos

pequeños, heterogéneos y crilicos. en el «centro». Pero, como en la evolución, son los mutantes quienes

determinan el progreso.

Lo que es artificial y anómalo es el espectro poíílico actual. No hay ningún país democrático donde los

partidos grandes tengan frontera común. El espectro centro izquierda (PSOE)centro derecha (UCD)

español es exclusivamenle producto de la improvisación ante el miedo al vacio que dejó Franco.

Igual miedo debería existir entre ¡os demócratas auténticos ante el otro vacio, el del «centro"

que ha creado el artificio UCDPSOE. E igual reacción. Unos deberían facilitar el que se rellenara y oíros

apresurarse a hacerlo.

El argumento es válido cualquiera que sea la óptica que se adopte sobre la evolución del proceso

democrático. Si se estima que es reversible, entonces, una vez comprobado que no es posible forzar la

participación activa del «centro» desde UCD o PSOE. y se entiende que la estabilización del pais exige el

concurso de todos, especialmente del «centro», se sigue (que debería propiciarse la creación acelerada de

partidos centristas. Aun si, por el contrario, se estima que es irreversible, no tiene sentido retrasar su

aparición, si se conoce que, por razones históricas universales, el «centro» reclamará siempre un espacio

político propio.

¿Por qué se corre, entonces, el riesgo de no fomentarlos? ¿Por qué se intenta, de hecho, por algunos,

abortar su nacimiento o impedir su crecimiento?

¿Por qué se intenta desprestigiar a los partidos centristas vascos y condicionar a los catalanes? ¿Por qué se

intetia impedir el nacimiento de partidos liberales o socialdemócratas puros?

¿Es por irreflexión o por deseo duopolista, antidemocrático, de reparto del Poder?

El relleno del vacio de Franco ha creado otro vacío, el del «centro», que puede frenar o impedir la

evolución democrática.

Todos los demócratas tienen la obligación de cubrir ese hueco con la mayor rapidez posible.

 

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