La clave política del momento económico     
 
 ABC.    28/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

LA CLAVE POLITICA DEL MOMENTO ECONÓMICO

Como era lógico suponer, tras la decepción que supuso la presentación, sin mas, del paquete de medidas

económicas, el anuncio de que serán explicadas pormenorizadamente al país ha traído a éste una porción

de esa serenidad que está necesitando. Una serenidad que ha de completarse con las explicaciones

oportunas y suficientes, con la absoluta sinceridad del portavoz o los portavoces económicos, con su

claridad y con las exigencias que el momento comporta, dada la innegable seriedad de sus planteamientos

y los indudables escollos que amenazan la estabilidad de nuestra economía.

Razones de pura estrategia política, sobre las que se superponen las motivadas por la necesidad dé

conseguir un saneamiento real de la salud económica del país, obligan a que la comprensión del citado

paquete de medidas económicas llegue a todos los españoles, en todos los niveles y circunstancias, porque

sin una colaboración leal, sin unos sacrificios que han de asegurarse para todos, resultará muy difícil su

aplicación, y más aún su éxito, en cuanto rendimientos comprobables y efectivos.

En este convencimiento, el fogonazo de aviso de un posible paquete de medidas sociales vino, en las

últimas cuarenta y ocho horas, a alarmar a tirios y troyanos, ya que parecía el anuncio de una posible serie

de nuevos decretos, de nuevas disposiciones y nuevos planteamientos, cuando los primeros —los

referidos al momento económico— aún se encontraban en el terreno de las intuiciones, de las

suposiciones también. Esto, según nuestras noticias, es más un deseo del titular de la cartera de Trabajo

que un proyecto del Gobierno.

Pero ha servido para evidenciar con mayor nitidez la perentoria necesidad de unidad, de coherencia, y,

permítasenos decir así, de seriedad, por la que atraviesa el Gobierno, en primer lugar, y las fuerzas

políticas todas en general, para que tanto la acción gubernamental como la de las propias Cortes no se

pierda en una sucesión, una traca, de proyectos, medidas y planes, fin la deseable coordinación y sin la

deseable firmeza.

El país entero tiene un tema fundamental que no permite espera ni admite ser compartido con otros: la

situación económica, signada por una inflación de difícil contención, con un paro en alarmante

incremento y una mal disimulada inhibición inversora, además de por una moneda en vías de

consolidación en los mercados internacionales y una balanza de pagos crónicamente deficitaria.

Todo esto confluye en la necesidad de un acuerdo .global entre las partes que componen la ecuación

maestra, por el momento, en este país y en todos los occidentales: capital y trabajo. Atravesamos también

una crisis de léxico. Nadie quiere oír hablar ya de «pacto social». Sin embargo, el pacto, contrato o

acuerdo social, llámese como se quiera, sigue siendo vital, tanto para la construcción de esa España

próspera que deseamos mayoritariamente, como para salir de la situación de emergencia en que nos

encontramos. Para esta última debe establecerse un compromiso económico-social, un equilibrio de

fuerzas y de intereses aceptable —no sin renuncias, no sin sacrificios— por ambas partes.

La clave de este trascendental momento económico se encuentra, sin duda, en ese compromiso que

permitirá la traducción práctica de las medidas y su proyección a la sociedad, sin excepciones. Y de ahí la

importancia suprema que esas explicaciones, que esperamos absolutamente inteligibles, del programa de

urgencia económica del Gobierno.

En este río revuelto de oscuridades y de aspiraciones que nacen ya alicortadas por una realidad

implacable, hay quien intenta pescar, consciente de que de cualquier otra forma, su caña difícilmente

podría aspirar a tal honor. Así, sibilinamente, con un oportunismo que no cabe ignorar, se ha producido la

propuesta comunista en las Cortes de organizar un Gobierno de concentración U. C. D.-P. S. O. E., con el

que amalgamar rivales en un solo frente y de este modo constituirse este partido, avalado por su propia

condición minoritaria, en la única oposición reivindicativa.

No estimamos que el matrimonio sea el único procedimiento de colaboración, y mucho menos en el

ámbito político. No parece oportuna esa amalgama gubernamental, máxime si se tiene en cuenta que uno

y otro partido,. tanto la U. C. D. en el G o b i e r n o, como el P. S. O. E. en la oposición, tienen uit^ largo

camino de trabajo por recorrer, sin perder sus respectivas posturas y funciones. Pretender otra cosa sería,

de una parte, burlar a los electores que dieron su voto a la coalición de Centro o a los socialistas,

independientemente, sin desear su fusión ni su confusión. Y sería también una forma —acaso muy

burda— de. desautorizar tanto el triunfo de la Unión del Centro como la ejecutoria, apenas iniciada, del

Gobierno, sin más motivos que los de la propia —y minoritaria— conveniencia.

Por todo ello, subrayamos la necesidad de acción por parte del Gobierno, sin tentaciones revisionistas a

ultranza, sin impaciencias urgidas desde un exterior poco representativo y tendencioso. Con absoluta

transparencia y con firmeza, únicas vías para lograr, con la necesaria colaboración de todos los

interesados en solucionar problemas vitales para una auténtica eficacia gestora.

 

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