Autor: Perpiñá Rodríguez, Antonio. 
   Vuelta y ocaso de la idea socialista     
 
 Ya.    07/12/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 5. 

VUELTA Y OCASO LA IDEA SOCIALISTA

EN sucesivos artículos hemos Intentado esbozar lo que ideológica e históricamente supone el socialismo.

Ahora queremos cerrar la exposición poniendo de relieve un fenómeno muy curioso que siempre nos ha

llamado la atención y que queremos designar como e\ ritornello de la idea socialista. Nacida ella en el

primer tercio del pasado siglo como obra de loa republicanos radicales que querían completar la obra de

la revolución francesa, cayó muy pronto en manos del marxismo sufriendo varias transfiguraciones (o

desfiguraciones) : obrerismo cerrado en vez de humanismo abierto, con la consiguiente tendencia a la

dictadura del proletariado 3 abandono de la democracia del sufragio universal; desplazamiento del fin

(Justicia social, igualdad económica) por uno de loa medios posibles (colectivización estatal), y tránsito

de una "doctrina" de transformación social, eminentemente práctica, a una "teoría" escolástica y

dogmática, aislada de la praxis por obra y gracia del socialismo "científico" marxista. Pues bien, ahora

intentaremos mostrar cómo la Idea, en su desarrollo histórico, ha manifestado una fuerte tendencia a

corregir esns desfiguraciones, volviendo a SH estado primigenio. Pero antea de exponer las vicisitudes de

ese rítornello, de esa danza histórica, queremos recordar que la Idea socialista en si es una entidad

abstracta que, para hacerse carne en el terreno de los hechos históricos, necesita participar en las "ideitas"

subjetivas de los hombres de acción. No es una luz que recorre por si sola el firmamento de los hechos

sociales, como un lucero; es la antorcha olímpica que las generaciones humanas deben transmitirse unas a

otras. Y en esas transmisiones, tras ser asumida po el marxismo, ha tendido por lo menos en cuatro

ocasiones a recobrar sus perfiles originarlos.

LA primera, a fine;; del pasado siglo con el llamado revisionismo marxista de Eduardo Bernstein. Al

advertir, sobre todo, que el capitalismo no se hundía con la pront´tud profetizada por loa maestros, se

empezó a distinguir entre "aspiraciones supremas" (logro de la sociedad socialista) y "mejoras

inmediatas" (legislación laboral, seguros sociales, etc.). Postergadas las primeras y estimando factibles las

segundas por medios auténticamente democráticos (Marx y Engels dijeron ya algo sobre esto al final de

sus vidas), se produjo un retorno a la democracia burguesa, que ya iba aceptando el sufragio universal, y a

sus principios de libertad. Para Bernstein la democracia no era sólo medio para el socialismo, sino

también su "sustancia"; se suavizó la tendencia estatificante e incluso el dogmatismo científico se sometió

a crítica racional; aunque esto último no nos interesa ahora. Esta reacción trajo la contrarreacción

"ortodoxa" de Kart Kautsky y los suyos. El segundo lance en esta danza histórica se acusa después de la

primera guerra mundial, cuando la socialdemocracia de la II Internacional cedió plenamente a las

exigencias de la democracia liberal (ver YA 1511), a lo que respondió el contragiro de los bolcheviques,

para los que ahora el mismo Kautsky apareció como un "renegado", llegando el rigor marxista má allá

incluso de ios propósitos de los fundadores, A la suavización de esos rigores en los años treinta y

posguerra de 1945, respondió el socialismo con declaraciones formales de democratización, renunciando

expresamente al marxismo (al obrerismo y a la lucha de clases); lo que muy bien puede considerarse

como el tercer paso en el retornelo. Parecía que en 1953, tras el "deshielo" anunciado después de la

muerte de Stalin, se iniciaba incluso un tímido contrapaso en el marxismo-leninismo; pero la verdad es

que ya bajo el gobierno de Jruschov y aún más con sus sucesores, se produjo una "reestalinización" que

redujo casi a cero aquellas esperanzas. Ix> cual habría de provocar el cuarto retorno, con el que se ha

llamado comunismo reformista o "socialismo de rostro humano", "humanismo socialista", etc. Con los

antecedentes tímidos de la Yugoslavia de Tito y las doctrinas de Toglíatti, se difunde especialmente por

Polonia, Hungria y Checoslovaquia. Mas si los trea primeros retornos lograron éxito, en éste la reacción

marxista ahogó toda posibilidad, no con la dialéctica materialista, sino con la dialéctica de los tanques

(Hungría. 1956, y Checoslovaquia, 1968). Estas represiones brutales y la promulgación de la Constitución

rusa de 1977, consagrando definitivamente (?) la dictadura del partido, parecen haber paralizado el

ritornello socialista más allá del telón de acero.

AHORA preguntamos: ¿ en qué punto de ese bailable histórico vienen a encajar los movimientos

socialistas y comunistas españoles? Antes de contestar a esta pregunta deseamos todavía hacer una

indicación histórica de carácter genera que perfila la nueva fase del proceso como posible mutis de la Idea

socialista. "Tantas Idaa y venidas, tantas vueltas y revueltas" parece que han agotado la vitalidad de esa

Idea, que languidece en el mundo de las realidades, deja de ser una Idea-fuerza y se convierte en una pura

añoranza de lo que pudo ser, pero que no llega a ser. No se trata sólo de explicar los hechos con una

metáfora coreográfica, sino de interpretarlos recurriendo a la ley que un sociólogo alemán ha llamado de

iiitrimitltid decreciente de las utopías. No es que éstas, glosaremos nosotros, se vayan extinguiendo por sí

solas, por su exclusiva dialéctica interna, como la llama se extingue, sino porque en la transmisión de la

antorcha de generación en generación la que la recibe va perdiendo el

A. PERPIÑA RODRÍGUEZ * * *

(Continúa en páfc. sigte.)

LA IDEA SOCIALISTA

(Viene de la pág. anterior)

entusiasmo por algo que ella no creó y que además se ha ido deteriorando en el choque con las realidades

sociales y humana*, y del idealismo se pasa mi oportunismo acomodaticio. Quizá exageraba Renan

cuando comparaba a los miembros de las secciones de la I Internacional con las comunidades de los

primitivos cristianos; pero, en todo caso, estos socialistas y comunistas de ahora, bien provistos de todos

los bienes y servicios del buen vivir burgués (cuando no sentados cómodamente en las poltronas de)

poder), no tienen ninguna prisa en traer el socialismo... y éste no viene por virtud de la Idea misma. Tal

aburguesamiento y el desengaJio acarreado por las experiencias socialistas (singularmente *n Rusia,

donde la Igualdad. clave de! socialismo, se abandona oficialmente como una ideología pequeño burguesa,

y en Inglaterra, en que los cinco afios de gobierno Attlee disiparon más de medio siglo de ilu«irtws

laboristas) están preparando el mutis de la Idea socialista. Sa cual se manifiesta como de imposible

realización mientras loa hombres sean como son v hay todavía algo quizá más grave.

DECIMOS que el socialismo va resultando una utopía irrealizable, pero ¿no es ya una realidad? No nos

referimos al mundo de más allá del telón de acero, sino al mundo del capitalismo mismo. Porque ¿ qué

dirían nuestros abuelos liberales de las nacionalizaciones, de las planificaciones, del constante

intervencionismo en todos los terrenos, de la Seguridad Social y de la gran presión fiscal de los llamados

países capitalistas 7 Dirían, y con razón, que eso es socialismo. Junto a la socialización formal y oficial de

los países comunistas se ha producido lo que un autor alemán llama la "socialiaación fvía". en méritos de

la cual resulta que "el socialismo ha venido; nadie sabe cómo ha sido". Decepción plena ante la

burocracia desigualitaria s o v i é t í ca. desilusión ante las realizaciones parciales dd socialismo

democrático, falta fíe ilusión por las leyes "frlgi do socializantes" del neocapitali.snio—, todo eso,

mezclado con el espectáculo general de) mundo, que aleja aún más la esperanza de la fraternidad humana,

es lo que está, precipitando el mutis de la Idea socialista, causada de girar y contragh´ar en el gran baile de

la historia. No ea e.ao. >io es eso, podría exclaniíii1 la Idea (y los idealistas) como Ortega dijo en su

momento.

Y en tales momentos históricos advienen en España la democracia y los programas socialistas, ¿os que no

aspiramos a cargos públicos percibimos ese ocaso del Ideal socialista, y recordamos las palabras del

economista norteamericano Galbrailh: el socialismo no es hoy más que "gobierno por socialistas que han

aprendido que el estalinismo, tal como . entendía anteriormente, es inealizable". El mutis de la Idea nos

está dejando en 3a dc.solación de las tinieblas, sin antorcha olímpica que t r a n s mltir a nuestros hijos.

Tanto mas cuanto que el "gobierno por socialistas" apenas si ofrece algo más que el socialismo frío de los

neocapltalistas. Del PSOE fa UCD sólo hay un paso, y ni uno n! otra pueden entusiasmar ya. A lo sumo,

el socialismo nos va quedando como un medio técnico de aumentar la producción, perú sin ningún

brillo ético o cultural. Queda como opción de momento el Partido Comunista Español (los situados a su

izquierda puede que sean más utopistas, pero su falta de realismo, cuandono su actitud terrorista, los

hacen irrecomendables}. Aquí puede levantarse un gran interrogante, mejor dicho, dos. ¿No será el

eurocomunismo de Carrillo el quinto lance en el retornelo histórico de la Idea socialista? Es posible, pero

tiene que cambiar mucho. Todavía manifiesta excesivas adhesiones y adherencias al marxismo-leninfsmo

para merecer crédito de vuelta plena y sincera a los ideales originarlos del socialismo. La otra

pregunta que puede suscitarse es si, en todo caso, el Ideal socialista es lo mejor y lo más deseable.

Puede que si; pero como ese Ideal no viene por sf mismo, tienen que ser los hombres socialistas y

comunistas los que lo demuestren con su conducta pública y privada. Que, en último término, y

volviendo a las expresiones de 1f> Quadragesimo Anno, sin una autentica fimmendntio niarinn de nada

sirve la reforma ittftlititlioniim. El socialismo es cosa de ángeles, no de hombres; tal como son

actualmente; más los ángeles ni lo piden ni !o esperan, porque ya lo tienen. Naturalmente que no el

socialismo marxista.

A. PERPINA RODRIGUEZ

(De Ja Real Academia de Ciencias Morales y Políticas)

 

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