Autor: Lucas Verdú, Pablo. 
   El extremismo, señal de alerta para la democracia     
 
 Diario 16.    25/02/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

El extremismo, señal de alerta para la democracia

Pablo Lucas Verdú

En tos últimos tiempos del dominio de los tecnócratas en España, leíamos en la prensa con frecuencia

(¿minos como: renta per cápita, polos >fc desarrollo, polos de crecimiento y señales de alerta. Fuo una

teriuinolog», que intentaba sustituir el desacreditado léxico de la democracia orgánica.

"Han funcionado una o dos señales de alerta sobre la situación económica", decían los tJtifcyres de los

periódicos. Se daba a entender al lector, más o menos avisado, que las cosas del dinero marchaban mal.

Ahora >jue la situación económica es gravísima a juicio unánime de los especialistas y, sobre todo, según

In amarga experiencia del español trabajador y unte la impotencia o perplejidad gubernamental

obsesionada por el futuro político, conviene apuntar que junto a los indicadores de la coyuntura

económica existen, también, las sefiales de alerte para la democracia.

Una de estas señóles, muy significativa por cierto, es^el extremismo cuyos efectos más contundentes se

han manifestado en la semana trágica madrileña y que, por desgracia, han salpimentado todo el país anl y

después de tan luctuosos acontecimientos.

N´o es incorformismo

Advirtamos que el extremismo político que sufrimos no es simple incorformismo, no consiste en rechazar

los postulados e instituciones políticas vigentes sin llegar a posturas violentas. El extremismo se identifica

con la subversión en sentido destructivo; pretende arrasar todo porque, a su juicio, todo lo existente es

malo incluidos los proyectos modificadores democráticos. El extremismo hispano es maxímalista; todo o

nada. Todo en el sentido de un proyecto nebuloso, expresado en fraseología revolucionaria, o nada. El

infinito o cero.

Ya sé que dentro de los extremistas hispanos parecen figurar personas iluminadas, transidas de una carga

ética desorbitada, de un idealismo quimérico. Ocurre que ese idealismo está envuelto por doctrinas y

expresiones marx islasleninistas que repudian el idealismo pcqueñobuvgués.

No voy a entrar en el análisis del idealismo burgués ea cuanto cobertura hipócrita de sus intereses. Un

extremista es un idealista exasperado por la injusticia. No siempre es un criminal, en principio, aunque

sus procedimientos y resultados sean ilícitos.

Estamos en una situación predemocrátíca, tránsito de la dictadura a la democracia que se caracteriza por

su intensa ambigüedad; por un lado, se evoluciona, y por otro, se tira hacia atrás: involución. En este

momento aparece, estentóreo, el extremismo que abomina del pasado, se impacienta en el presente y ec

precipita, desenfrenadamente, hacia el futuro tal como utópicamente lo concibe.

Trabaja para la reacción

El extremismo, en la fase preclemocrática, trabaja consciente, o inconscientemente, para la reacción. Esté

bien que con su carga ética abomine el pasado dictatorial; se comprende que no le guste el presente, pero

es inconcebible que pretenda inaugurar el futuro sustituyendo los votos por las metralletas. En este

sentido el extremismo de izquierda y de derecha coinciden.

El extremismo, en la etapa predemocrática, es una significativa señal de alerta que indica que poderosas

rémoras del pasado no se resisten a perder sus posiciones de ventaja en la democracia (extremismo

derechista) o que las fuerzas alocadas de la izquierda —tal vez manipuladas por las anteriores— quieren

imponer por la violencia sus proyectos político-sociales.

¿Qué significará el extremismo en la futura situación demoliberal?

Habrá que distinguir dos especies de extremistas. Una, la violenta; otra, la pacífica. Ambas maximalistas,

pero diferenciadas porque la primera seguirá con la violencia armada; la segunda expresará la protesta

mediante críticas, demostraciones asimilables por cualquier íorma política y máxime por la democracia

burguesa neocapitalista, cuya capacidad digeridora es admirable.

Un extremismo pacifico

Mientras el extremismo violento seguirá como lamentable señal dü íüerta que ya funcionó en la

predemocracia, e indicará la presencia de díscolos residuos fascistas o del aventurerismo de izquierda, el

extremismo pacifico tiene cierta relevancia política. ¿Cuál?

Podía manifestar las fallas imperfecciones y contradicciones de la democracia burguesa, sobre todo on el

orden socioeconómico.

La señal de alerta del extremismo pacífico puede ser una advertencia, a los partidos democráticos

establecidos, dé su posible aburguesamiento; de su alejamiento de sus bases, de inconsecuencia política

por el incumplimiento de los programas y áf los compromisos contraídos con el pueblo.

También las formas poÜtic.iB requieren señales de alerta en los períodos que median entre las elecciones.

No cabe duda que el extremismo político es una significativa señal tic alerta para la democracia.

 

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