Autor: Blanco Tobío, Manuel. 
   Alternativa de poder     
 
 ABC.    16/12/1977.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ALTERNATIVA DE PODER

En numerosas ocasionas, sin prisa pero sin pausa, los líderes del P.S.O. E. han exhibido sus títutos como

opción de poder, como alternativa de gobierno. Se entiende que tal opción o alternativa se materializaría

en virtud de unas elecciones triunfantes que le otorgasen la mayoría .parlamentaria suficiente para

gobernar en solitario, o bien coaligado con algún partido, es de suponer _que ideológicamente afín. Han

especulado, también, las mismas gentes del P. S. O. E., con la posibilidad de una crisis que aconsejase

llamar a Felipe González para que formase Gobierno si medíante ayudas colaterales obtuviese una

mayoría parlamentaria bastante, todo ello sin llevar a cabo una nueva consulta electoral.

Apresurémonos a decir que ambas posibilidades, o sea el P. S. O. E. al Poder con o sin elecciones

generales, forman parte de las previsiones políticas del país. Son indiscutibles los títulos del P.S.O. E.

como opción de Poder o alternativa de Gobierno, desde el momento en que es el segundo partido en el

Parlamento, con una representación elegida por sufragio universal, constituida en Oposición, aunque

ejerza poco como tal y por serlo rueda de repuesto para gobernar. Consagrado democráticamente el nuevo

sistema, entre el P. S. O. E. y et Poder sólo se interponen las urnas.

Sin embargo, las realidades de la vida y de la política no siempre coinciden consigo mismas, incluso las

leyes son a veces impertinentes, e intempestivas las buenas intenciones; e impropias las palabras, aun

siendo correctas. La política, aun bajo sus aspectos rigurosamente cuantificables, como unos comicios, no

es una ciencia exacta. Hay algo más que contabilidad electoral y legalidad constitucional en la misteriosa

química del Poder, y quizá eso explique la reticencia y la timidez con que algunos nombres del P. S. O. E.

hablan de sus títulos para aspirar a la Moncloa.

Quiero decir que, pese a la evidente legalidad det P. S. O. E. y pese a la legitimidad de sus aspiraciones,´´

amparadas en una fuerza política .real, hay ciertos factores cualitativos, como disueltos intravenosamente

en la vida nacional, que la prudencia política aconseja tener en cuenta a la hora de plantearse este asunto.

Na crean ustedes que se puede ser mucho más preciso de lo que yo lo he sido al escribir esto. En torno a

la posibilidad de que el P. S. O. E. venga a gobernar, de alguna manera, he advertido serias dudas sobre la

oportunidad del tiempo elegible, como he tenido ocasión de comprobar que el ideario socialista-marxista

más que análisis críticos, con frialdad académica, suscita pasiones y rechaces con frecuencia irracionales

y referidos no tanto a la presente circunstancia política española como a lejanas y dolorosas experiencias,

cuyas heridas están más frescas de lo que solía sospecharse.

Por supuesto, ninguno de estos argumentos es formalmente válido, pero se trata de realidades que

cuentan, aunque esas cuentas se hagan fuera del encerado. Existen las dudas a que he aludido y que si, en

efecto, no podrían ser invocadas para invalidar .la opción P. S. O. E. ni para anular unos resultados

electorales que le fuesen propicios, si podrían serlo para reconciliar 1a política con la realidad cuando se

sospecha que ésta, como los icebergs, no ensena todo lo que es. Yo tengo la impresión, creo que

compartida por bastantes socialistas, de que la aceptabilidad del P.S.O.E. como ideología en

deslizamiento hacia la socialdemocracia, como partido político y como grupo parlamentario, es plena;

pero también que no ha alcanzado la suficiente para gobernar como conviene al país, es decir, sin

conflictividad, sin remover, aunque involuntariamente por parte det P. S. O. E sustancias altamente

toxicas que están ahí. Creo que casi todos somos conscientes de que la quizá excesiva aceleración del

cambio ha ocasionado averías por debajo de la linea de flotación del país, suficientes para que

bastantes personas empiecen a hablar de la ingobernabilidad de nuestra democracia, lo cual me parece

una exageración. Es notorio que tal aceleración ha puesto cierto «stress en el esfuerzo de acomodación al

nuevo sistema. El proceso político español ha pasado como un tren expreso del franquismo a la

democracia parlamentaría sin detenerse en ninguna estación, y esto se nota tanto en el material como en

los viajeros, y así pienso que por fatiga psicológica y sobre todo por deterioro económico, la transición se

va haciendo cada vez más frágil, por lo que parece aconsejable permitir que las cosas maduren y se tomen

su tiempo, y hay una creencia difusa según la cual la hora del P.S.O. E. todavía no ha llegado; que aún no

es su tiempo.

Si hago esta afirmación, que pudiera ser temeraria, es porque hay unas cuantas razones que la avalan.

Diré algunas. El P. S. O. E. ha pasado cuatro décadas en la clandestinidad, desconectado de toda

experiencia política, que es inexcusable para gobernar cuando no se parte de cero, siendo hoy el dia en

que carece todavía de cuadros y de base bien articulada. Es verdad que tiene una nutrida representación

en ambas casas del Parlamento, pero también lo es que la experiencia parlamentaría del P.S.O.E es

insignificante, como la de los demás partidos. Lamento tener que decir que el P.S.O. E, en contra de lo

que muchos esperaban, no na llevado brillantez, ni rigor, ni lucha a unas Cortes que, en general, han

decepcionado, tal vez por demasiado sumisas al Gobierno, como suele ocurrir, pero sobre todo por la

pobreza de su agenda de ideas y de temas. Sin duda por inercia, el Parlamento de verdad todavía no ha

relevado al Parlamento de papel, para el que los parlamentarios aún reservan sus mejores declaraciones.

Como ultimo argumento me remito al primero, y entonces repito que según estos razonamientos todavía

no ha llegado para el P.S.O.E el tiempo de gobernar, sobre todo sin una consulta electoral previa. Un

primer Gobierno socialista de la Monarquía, traído por una crisis política magnificada por una crisis

económica, me parece de lo menos deseable en estos momentos y mientras no dispongamos de una

Constitución. Seria cosa extraordinaria que en virtud de una crisis del género que fuese la Izquierda

española, en este caso el P.S.O.E., lograse, a unos meses de las elecciones del 15 de junio, lo que la

izquierda francesa e italiana están esperando desde hace treinta años.

Pienso que los socialistas españoles, más interesados en un profundo enraizamiento en el país que en las

tal vez efímeras voluptuosidades del Poder, preferirían asumir el Gobierno de la nación un dia, por

mandato limpio y claro de las urnas, que por ninguna otra circunstancia de coyuntura. Sin duda lo más

deseable seria que unas nuevas elecciones se celebrasen inmediatamente después de darnos la

Constitución, pero en cualquier caso que sean las urnas solas las que confirman o no la aceptabilidad

plena del P.S.O.E. como alternativa de Gobierno. No quiero decir con esto que no tengan aterra validez

los resultados del 15 de junio. La tienen. Pero también es cierto que dada la rapidez del cambio, que trae

grandes desplazamientos de opinión, es inevitable que se alteren los calendarios electorales y las

plataformas de los partidos. También el 15 de junio parece que fue hace un siglo.

No creo, en fin, que sea necesario ponerle demasiados subrayados a los argumentos según los cuales hay

fuerte objeción al P. S. O. E. como Poder. Otros, a la resistencia añaden el estupor; no acaban de

creérselo. No nos extrañemos demasiado. No ha habido ideología política moderna que no haya tenido

que esperar su turno y luchar por su reconocimiento. Aún hay en el mundo países, como los Estados

Unidos, en los que, como decía una vez Suizberger y yo he recordado en más de una ocasión, el

socialismo es una dirty word», una «palabra sucia» (?).

Corresponderé después a los que no acaban de creérselo aceptar el hecho de que el P. S. O. E. está aquí

para quedarse y para gobernar si asi lo decide el pueblo español en las urnas. Es la rueda de repuesto que

necesita toda democracia para que con cada Gobierno fracasado no se muera el sistema.

Manuel BLANCO TOBIO

"Pienso que los socialistas españoles, más interesados en un profundo enraizamiento en el país que en las

tal vez efímeras voluptuosidades del Poder, preferirán asumir el Gobierno de la nación un día, por

mandato limpío y claro de las urnas, que por ninguna otra circunstancia de coyuntura." En la imagen, el

secretario general del Partido Socialista Obrero Español, don Felipe González., durante la visita que ayer

realizó en Leningrado al crucero "Aurora."

 

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