Autor: Cantarero del Castillo, Manuel. 
   La demagogia y las multinacionales     
 
 Pueblo.    12/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

LA DEMAGOGIA Y LAS MULTINACIONALES

Las multinacionales son hoy objeto de censura demagógica por parte de la izquierda radical y de la

extrema derecha, que hoy coinciden, por muy distintas razones, en un mismo nacionalismo o

chauvinismo económino. La extrema izquierda las ataca porque alguien le dice al oído que son el mejor

instrumento de la oligarquía blanca del mundo y del imperialismo; la extrema derecha porque a ello le

instigan, respectivamente, sus reflejos culturales tradicionales o los intereses económicos locales

(«nacionales») que ampara.

Que la extrema derecha ataque, que a las multinacionales de cualquier manera es normal porque las multi-

nacionales promueven, con su tola presencia, la superación de las culturas tradicionales y acaban con

cierto tipo de empresas, no dimensionadas, que no se hallan adaptadas al esquema de la economía de

producción de masas para consumo de masas.

Que la extrema izquierda las ataque de cualquier manera o incondicionadamente es menos comprensible,

porque, con un criterio de análisis rigurosamente marxista, podría decirte que las multinacionales son la

forma, tal vez última, de la etapa capitalista de la historia económica, dicho en sentido estricto. O, lo que

es igual, las multinacionales son, dialécticamente consideradas, un estadio superior de la historia del

capitalismo, antes de cuyo cumplimiento total parece totalmente acientifico hablar de la posibilidad de

socialismo pleno a escala mundial.

El capitalismo colonial, imperialista ciento por ciento, fue el que fabricaba el producto manufacturado en

su propia área nacional para venderlo luego, imponiéndolo incluso con los cañones, en los mercados

ajenos, muchas veces con materia prima comprada a bajo precio al mismo país cliente.

Las multinacionales operan de forma completamente distinta, porque van a fabricar con su tecnología

avanzada y con su dinero (y a veces hasta con su materia prima) al país en el que quieren vender.

En el primer caso, el país consumidor resulta totalmente explotado y no se beneficia

cia más que del mero consumo, que, por otra parte, le hipoteca y le empobrece. En el segundo caso, el

país consumidor se convierte, a la vez, en productor y obtiene los siguientes beneficios:

- Aprendizaje tecnológico, con todo lo que ello implica de atraso cultural

- Incremento del empleo.

- Consumo a mejor precio.

- Aumento de su propia capacidad exportadora a costa de la del país originario de la

multinacional, con la mejora de su balanza de pagos y de su balanza comercial.

De que las multinacionales no favorecen demasiado a sus países originarios se prueba el que suelan estar

mal vistas por las fuerzas económicas y sociales de los mismos. Por ello, en las penúltimas elecciones

americanas el candidato McGovern defendió a las empresas que no iban a otros países a invertir sus

recursos, a comunicar en tecnología y a crear puestos de trabajo que podían ser necesarios dentro de los

propios Estados Unidos.

Hace bastante tiempo que vengo sosteniendo que así como el socialismo será en el futuro el instrumento

del «salto cualitativo» de la Humanidad, el capitalismo es el presente instrumento del «mito

cuantitativo» necesariamente, previo o anterior a aquél. Y de ese salto cuantitativo, y en parte algo

cualitativo también, es expresión el fenómeno de las multinacionales. También he sostenido durante

muchos años que cuando los mercados blancos hayan saturado su capacidad de consumo, el

neocapitalismo (que, por excelencia, es el capitalismo de las multinacionales) tendrá que poner en

situación de consumo, y para ello -¡oh paradoja!- de producción, a los países de color o del Tercer

Mundo.

Pero ahora acabo de leer que el futurólogo Hermann kahn, director del Instituto Hudson, pronostica ya

científicamente, ese fenómeno de entrada «en auge» de esos países del Tercer Mundo, por la razón

indicada. Anuncia concretamente que hacia 1980, en Brasil, Corea y Taiwan, el éxito de las

multinacionales en materia de promoción de la economía de masas será evidente. «Así -dice

textualmente- el mundo verá que éste pudiera no ser un mal camino para avanzar deprisa, a través de la

transferencia de recursos tecnológicos, técnicas de marketing, etc...» «Las multinacionales pueden poner

en órbita aprisa.»

Nada de lo que he escrito debe hacer presuponer que debemos abrirles las puertas a las multinacionales

asi como así. En absoluto; pero tampoco cerrárselas. Importante será que haya Parlamentos y Gobiernos

que les sepan poner condiciones, y sindicatos que garanticen el tratamiento correcto de las fuerzas del

trabajo. Lo que será absurdo, en cualquier caso, es que los países pobres como España desanimen

absolutamente a las multinacionales y les obliguen a buscar meridianos menos hostiles, sobre todo

cuando nadie va a comunicarnos gratis la imprescindible tecnología que aportan, ni va a sustituir sus

inversiones, ni nos va a crear los puestos de trabajo equivalente».

De lo que tiene qne hacer el socialismo -que es mucho- mientras no se cumpla totalmente la etapa

capitalista de la historia económica hablaremos otro día. Naturalmente, me refiero al socialismo

democrático.

Manuel CANTARERO DEL CASTILLO

PUEBLO 12 de noviembre de 1977

 

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