Autor: Onega López, Fernando. 
   El péndulo     
 
 Arriba.    13/01/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 4. 

Femando ONEGA

Péndulo

Ala Organización Sindical le han quitado un enorme peso de encima. No me refiero al «desmonte» que

ayer decía un periódico que había comenzado. Ni me refiero al verti-caltemo, que todavía continuará

cuando menos hasta las elecciones. Ni me refiero siquiera a las losas ideológicas que Enrique de la Mata

pule y aligera. Me refiero, sencillamente, al escudo que lucía en la fachada del edificio del paseo del

Prado. Quince toneladas pesaba el símbolo, con lo cual, ai menos, se ha eliminado un profundo

problema: el arquitectónico. La Casa Sindical, con quince toneladas menos en su fachada, puede durar

todavía unos años más, antes de que comience la gran batalla por el patrimonio. En el resto de ios

edificios no está claro que haya comenzado la retirada de retratos y símbolos, porque esto sospecho que

traspasa los puros aspectos arquitectónicos. Pero, lo que son las cosas! Hace unos meses don Dionisio

Martín Sanz proclama ba su firme empeño de Impedir que se moviera un sofá ladrillo. Y ya ven ustedes.

No sólo se mueven, sino que se mueven por toneladas.

Pero quizá sea más trascendente lo que ocurre de puertas adentro. Y de puertas adentro tenemos,

exactamente, esto: que la libertad sindical —porque la ley que está en los Cortes es la ley de la libertad

sindical tropezó,gravemente en su se-gundo día de debate. No hace tanto tiempo que cañábamos aquí la

enorme felicidad que suponía el informe de la Ponencia: suponía que no era necesario constituir los

asociaciones por rama de actividad —lo que acercaba el proyecto a las aspiraciones de las fuerzas

sindicales de base, aunque sean todavía ilegales— y hablaba, por primera vez, de «organizaciones». Es

decir: abría.el cauce para crear sindicatos no verticales. La Comisión correspondiente de fas Cortes no

está todavía por esas. Para una vez que fas Cortes habían sido más progres que el Gobierno, no valió de

nada el esfuerzo. Ahora queda la esperanza del Pleno. Claro que, aunque fracase también ahí el empeño,

queda otra evidencia: que ésta no era la reforma sindical definitiva y que, en cualquier caso, fas próximas

Cortes constituyentes van a volver sobre el tema sindical con todas sus fuerzas.

Gajes del oficio que anda

«1 suelo muy resbaladizo con esto de las heladas y el agua-nie-ve, y los coches suelen patinar. Ayer

patinó ia reforma sindical, y no sé yo cómo afectará este pequeño accidente a la marcha de fas cosas

democráticas. Lo que no patinó, por Eo que se ve, es el diálogo con la oposición. Sumando opiniones a la

crónica de ayer hay que reconocer que nunca se habían visto tantas caras sonrientes. Este si que es ef

«miíagro Suárez», y no el de la transición. Un hombre que en un solo día provoca las satisfacciones del

posible franquismo que pueda haber en Alianza Popular, de la derecha que hay en Satrús-tsgui, de la

Izquierda que hay en García López o en Felipe González, es auténticamente «ai taumaturgo. No sabemos

los términos interiores de fas conversaciones, pero la cascara de ia naranja da una impresión muy

favorable.

O mejor dicho: algo se sabe. A mí me parece muy reveladora la declaración que ayer hizo a Europa Press

don Joaquín Satrústegui, uno de fos últimos interlocutores de Adolfo Suárez. Afirma el líder liberal que e!

secuestro de Oriol ha retrasado, injustamente, la adopción de medidas necesarias para pacificar ios

espíritus. Léase: amnistía, ¿Dio Suárez esta explicación? No lo sabemos, pero parece evidente —y e« esta

misma sección se ha dicho— que la coacción que supuso el secuestro fue e! gran enemigo para ampliar la

perdonanza que se inició el pasado verano, lo triste es que la acción de unos pocos pueda deteriorar —y

aun anular— las esperanzas de muchos. De Oriol no se sabe nada, y la sensación de impunidad con que se

mueven y actúan sus secuestradores no es precisamente una nota para concebir esperanzas. ¿No hay nadie

que rompa e! círculo? Aunque —la verdad sea dicha— quizá lo estemos rompiendo ya con el mero hecho

de que distingamos legítimas aspiraciones de amnistía de reduci das incitaciones al forcejeo.

Fernando ONEGA

 

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