Autor: VARELA. 
   Una trampa que puede costar cara  :   
 O la necesaria intervención del Consejo del Reino. 
 El Alcázar.    28/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

UNA TRAMPA QUE PUEDE COSTAR MUY CARA

(O LA NECESARIA INTERVENCIÓN DEL CONSEJO DEL REINO)

En cualquier país del área occidental se hubiera producido un terremoto con la sola denuncia de que el

dinero del Estado pudiera estar sirviendo para patrocinar encuestas secretas que utilizaría un sector del

Gobierno de cara a las elecciones. En cualquier país democrático hubiera "caído" del Gobierno por el

"fiasco" tan estrepitoso producido por las medidas económicas que presentó a la opinión pública. El

cualquier país civilizado se hubiera abierto una investigación para arbitrar responsabilidades ante

acciones terroristas cuya clarificación -más bien parece —como comentan círculos europeos—

encaminada a ganar prestigio en el exterior que dirigida a erradicarlo en sus raíces. En cualquier país

civilizado hubiera sido causa de enjuiciamiento público, a los responsables del aparato de recuento del

Referéndum, ante la denuncia presentada públicamente por el decano del Colegio de Abogados de

Madrid, señor Pedrol, sobre los datos que a él le ofrecieron, cuya Habilidad no pudo contrastar.

EL GOBIERNO Y LAS ELECCIONES

¿Es España diferente? Parece que si. Mi opinión personal es que el Gobierno tiene derecho a participar en

las elecciones. Que ejerza ese derecho, o no, es su problema; un problema de conciencia. Como habría de

ser, en caso de que no participaran, un problema de conciencia del Rey garantizar un puesto en el Senado

a algunos de lo miembros del actual Gobierno. Pero ese derecho que les otorga su condición de

ciudadanos tiene como contrapartida un cuadro de deberes que son inherentes al alto puesto que ocupan

en la pirámide del Estado. A saber:

1.— Garantizar la más absoluta neutralidad de los medios de comunicación de masas que en la actualidad

administran como gerentes del pueblo. Me refiero sobre todo a la Televisión y a la Radio

gubernamentales.

2.— Asegurar la libertad de sus funcionarios, tanto del Estado tomo del Movimiento y Sindicatos, para

que actúen conciencia con lo medios que poseen como simples ciudadanos con derecho a voto —no con

los del Estado— a favor de la opción que a su juicio pueda aportar más soluciones a España.

3.— Neutralizar los fondos de libre disposición de los cargos políticos de la Administración, para que el

dinero de todo el pueblo •no sirva solamente para apoyar una opción.

4.— Asegurar la limpieza de los colegios electorales con miembros de la judicatura, y representantes

legales de los partidos en liza.

5.— Hacer viable la participación de las distintas opciones políticas para qne el pueblo diga con su voto

quiénes son las personas o grupos que prefieren para hacer la nueva constitución y quiénes son los que,

desde la oposición, han de controlarla.

6.— No caer en la tentación totalitaria de desarmar a unos, neutralizar a otros, asustar a los rivales,

desunir a los amigos o repartir prebendas y sinecuras a arbitrio y antojo.

LA RESPONSABILIDAD ES DEL ESTADO

Pues bien, en mi particular juicio, que no quiere decir, necesariamente, que coincida con el de este

periódico, ninguna de estas condiciones está garantizada por el poder Ejecutivo en esta hora. Si el

Gobierno no desmiente con fiabilidad, a través de un portavoz autorizado y de manera pública, la

información que el pasado sábado publicaba el diario "Informaciones", sobre la probable creación de un

"Partido Institucional", patrocinado desde el poder, con los medios económicos del pueblo, creo que nos

encontramos ante una crisis que rio afecta al Gobierno, sino con una crisis más profunda que afectará

directamente al Estado. Me explico: el tema que plantea "Informaciones" es un tema viejo que parecía

superado en gran parte por el desprestigio que a nivel de élites viene sufriendo el Gobierno tanto con sus

temas de orden público, como por sus "paquetes" económicos. Pero si es cierto, y yo no pongo en duda a

"Informaciones" porque tengo elementos de juicio suficientes para corroborar esta información,

efectivamente el Gobierno podrá ganar las elecciones, como ganó el Referendum, pero qne no le quepa la

manor duda habrá abierto una crisis de Estado que, en primer lugar, hará ingobernable a la Nación

durante el período, el corto periodo, constituyente. Y después, según todos los testimonios que circulan a

derecha e izquierda, en esta o aquélla ideología, hará imposible la moderación. Si fuera así, que nadie

se,llame a engaño, la situación italiana puede ser un esperpento comparada con lo que aquí se avecina.

UN MILITAR PRESIDENTE

Por ésto, precisamente por ésto, son muchos los que miran hacia el Consejo del Reino, que es una de las

pocas instituciones no afectadas por la modificación de las leyes a través del Referéndum, para qne los

miembros de este alto organismo, presten un último servicio a la nación de acuerdo con el articulo 15 de

la Ley Orgánica del Estado, apartados c) y d), en los que se prevé el cese del presidente del Gobierno.

Son muchos los miembros de los partidos políticos —tanto de derecha como de izquierda— que ven la

solución en un militar. Los multares no quieren intervenir en política, pero no descartan, en palabras de

dos de sus más significados representantes, la eventualidad de hacerse cargo del Poder en caso de que se

produjera un vado de este o por el bien de la Nación. ¿No estamos en estas circunstancias? Su

apoliticismo y, sobre todo, su no ambición política podría ser la mejor muestra de imparcialidad para

garantizar unas elecciones de donde han de salir las opciones que gobiernen al pueblo español.

Usted podría preguntarse, ¿a quién representa el Consejo del Reino? Pero esa misma pregunta con mayor

razón podría hacérsela sobre el Gobierno: ¿a quién representa? No se me oculta la dificultad que esta

medida entraña. Pero, creo, sinceramente, que los miembros del Consejo del Reino tienen una

responsabilidad histórica con la Corona que es insoslayable. Y que está por encima de su comodidad

particular e incluso por encima de su propia personalidad política. Piensen que sólo unas elecciones

libres, sin persuasión subterránea, pueden hacer recuperar el pulso al país. Lo otro, el reparto de escaños

entre amigos, puede costamos muy caro a todos.

VÁRELA

EL ALCÁZAR

 

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