Autor: Javierre, José María. 
   Marxistas por narices     
 
 Ya.    16/10/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 12. 

MARXISTAS POR NARICES

DON Santiago Ramón y Cajal. además de una mente poderosa, tenía la lengua larga. Decía cosas usando

la frescura .característica de los sabios que navegan los aires con su planeador por encima de las vulgares

querellas de los hombres. En sus ´´Charlas de café" dejó escrito qué pensaba él de "los eternos privilegios"

poseídos por las clases dominantes de España:

-Felicísimo país el nuestro en donde la casaca ministerial la toga y el blasón no delinquen jamás.

De ahí nacieron casi todos nuestros males: de los privilegios de casta.

Hasta que por fin llegó la democracia.

Ocurre que los españoles entendemos la democracia de modo peculiar. Algo así como volver la tortilla.

Ha sido el sueño permanente de los iberos oprimidos: "Cuándo querrá Dios del cielo/que la tortilla se

vuelva." Ya el cocinero ha sacudido la gran sartén y tenemos al aire la tortilla nacional. La casta que

siempre mandó realizar esfuerzos sobrehumanos para agarrar ´´su" tortilla, la tortilla que siempre fue suya,

y acoplarla de nuevo a la sartén. La casta que siempre fue oprimida quiere volver la tortilla y comérsela

cuanto antes a cuatro carrillos. Unos entienden por democracia, y por defensa de la democracia,

consolidar sus privilegios. Los otros entienden por democracia aniquilar los antiguos privilegios y crear el

lote nuevo en su propio provecho. Los líderes de la derecha establecieron que los españoles éramos todos

cristianos por definición, cristianos por narices. Los líderes de la izquierda nos quieren ahora convertir en

marxistas por narices.

La ocurre a España un descalabro bastante triste. Hoy están en Madrid los dirigentes del socialismo

alemán. Yo quisiera que tomando café nuestros jóvenes capitanes del PSOE preguntaran a sus hermanos

mayores cómo se realizó la reconstrucción alemana después de la, guerra. Ciertamente partían de un

deterioro peor que el nuestro. Contaban( desde luego, con el chorro de dinero que Norteamérica soltó

sobre Europa. Pero los alemanes, sin renunciar a sus posiciones políticas, que les agrupaban en varios

partidos, enlazaron sus manos para ponerse a trabajar. Yo los contemplé. Aquello fue realmente hermoso.

Un pueblo dispuesto a limpiar de escombros el suelo y alumbrar fuentes nuevas de riqueza.

Dejaron de lado los motivos de odio entra las clases sociales. Construyeron juntos. Sufrieron juntos.

Soñaron juntos. Y juntos vencieron. El pacto comprendía exactamente los puntos esenciales para poner el

país en pie. Lo demás quedó a la libre pelea de los partidos políticos,

ENGAÑAMOS AL PUEBLO

YA sé; lo de Alemania fue "socialdemocracia", palabra repugnante que pone colorados a los líderes de

nuestro socialismo. ¿Han dicho ellos claramente a sus colegras "europeos la vergüenza que les entra cada

vez que oyen el vocablo "socialdemocracia"?

Comprendo y respeto como una opción política válida el colectivismo marxista. Pero me duele que unos y

otros estemos engañando a nuestro pueblo haciéndole comulgar con ruedas de molino. Las cosas son

como son. Al colectivismo se llega por el camino de una lucha de clases implacable que establezca la

dictadura del proletariado. Es la fórmula definida en ciencia política como socialismo marxista. Implica

inexorablemente la opresión de una clase vencida, o aniquilada, bajo el tacón de la otra. Y suprime sin

gaitas las libertades, formales y reales, todas, amasándolas en cemento colectivo.

Existe, claro que existe, el socialismo en libertad. Los líderes, algunos de ellos insignes, están hoy en

Madrid y aceptarían esa charla de café. Aunque les apliquemos la. "etiqueta vil": "socialdemócrata".

Hombres eficaces, civilizados, cultos, prudentes, que han superado los sarampiones demagógicos y

consiguieron para sus países un nivel asombroso de bienestar. Algunos de nuestros líderes están

convencidos de que al salir elegidos diputados recibieron por ciencia infusa un lote de conocimientos del

que antes de las elecciones carecían. Dogmatizan con la misma seguridad que utilizaba el inquisidor

general. Dividen la sociedad en buenos y malos, como las películas del Oeste. Se ha vuelto la tortilla;

malos son todos los que "en el antiguo régimen" fueron, tenidos por buenos. Y buenos, los que fueron

malos. Cuánto ganaría España si nuestros líderes socialistas escucharan a sus colegas

hermanos mayores europeos, que algo saben. Y les preguntaran qué colas de dicha econòmica y

cultural pueden alcanzar los obreros en un. régimen colectivista; y qué cotas, con el socialismo en

libertad. De paso, que pregunten también si entre su socialismo en libertad y el colectivismo existe una

tercera vía, quizá esa ilusión vaga y senil de Tito que llaman autogestión los jóvenes e incultos

jabalíes hispanos. El núcleo de la cuestión reside en confesar quién busca de veras construir un

país habitable para todos sus ciudadanos, y quién busca la lucha por la lucha. Conozco personas a

quienes la esperanza de oprimir un día su tacón al cuello de los antiguos opresores les sostiene y

enardece. Pero el pueblo sencillo anhela un bienestar que otros países europeos alcanzaron, ¿Por

qué no aplicar la fórmula ?

CLARIFICAR

CADA meta requiere la utilización de métodos aptos para conseguirla. En la dramática situación actual de

España los partidos están obligados a clarificar sus metas.

De otro modo habrá un barullo trágico al escoger los métodos de acción. La meta del socialismo en

libertad no puede alcanzarse con el instrumental característico para la implantación del colectivismo.

Avisan que está en riesgo el Éxito de las conversaciones de la Moncloa. Pues el personal no perdonará

nunca a los políticos de nuestra primera hornada democrática que nos lleven a un descalabro. Si PSOE y

UCD comprendieran que el pueblo español desea salir del atasco y enderezar su rumbo hacia las metas

europeas del bienestar predicarian juntos la máxima de Anatole France: "El bien público está formado por

gran número de males particulares. De renuncias. De sacrificios. De esfuerzos. Que los líderes lo digan

claramente. A voces. Sin temor a perder la clientela.

José María JAVIERRE

 

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