Autor: Iglesias Selgas, Carlos. 
   El Consejo del Reino, contestado     
 
 Pueblo.    01/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

EL CONSEJO DEL REINO, CONTESTADO

LAS mociones presentadas por los grupos parlamentarios socialista y comunista en el Congreso de

Diputados en las que pedían que se pospusieran las elecciones de miembros del Consejo del Reino no

prosperaron, pero su efecto inmediato ha sido el retraimiento de la votación de unos y otros grupos,

repercutiendo, inevitablemente, en la representatividad —y en la puesta en tela de juicio— de este alto

organismo, del que, ciertamente, no existen precedentes válidos en el sistema constitucional comparado.

• En realidad, los grupos socialistas y comunistas, y los que se pronunciaron en el mismo sentido, se

limitaron en este caso a extraer las consecuencias de un pro-ceso de desmantelamiento, que en sí,

seguramente, era inevitable, pero que no se derivaba, de modo explícito, de la ley de Reforma Política.

• Hay que reconocer que el punto de mira de la critica había elegido una buena y fácil pieza, por cuanto

el Consejo del Reino es, entre los altos organismos, el único que carece de precedentes válidos tanto

en la Monarquía constitucional española como en el derecho constitucional comparado. Se trataba de una

creación «ex novo», que sólo cuenta con un antecedente lejano en los comienzos de nuestro proceso

constitucional, y que hay que presumir inspirado en la Constitución «non nata»; el general Primo de

Rivera.

• Es preciso recordar que ni en la Monarquía constitucional, ni aun en la absoluta, existen más que dos

precedentes de este Consejo: el Consejo de Estado de la Constitución de Cádiz de 19 de marzo de 1812 y

el Consejo del Reino del anteproyecto de Constitución de la Monarquía española, presentado a la

Asamblea Nacional y leído el 6 de julio de 1929 por el Gobierno del general Primo de Rivera.

• El Consejo de Estado, regulado en la Constitución de 1812, estaba compuesto por cuarenta individuos,

nombrados por el rey, a propuesta de las Cortes, en lista triple. Era el único Consejo cuyo dictamen oía el

rey en ¡os asuntos graves gubernamentales, y, señaladamente, para dar y negar la sanción a las leyes,

declarar la guerra y hacer los tratados. En este sentido, más que precedente del Consejo del Reino, lo es

de) Consejo de Estado.

• El anteproyecto de Constitución de la Dictadura es, sin duda, el auténtico precedente del Consejo del

Reino actual, y se componía de un presidente, nombrado y separado libremente por el rey; un

vicepresidente y secretario general, elegidos entre los consejeros por el Consejo en Pleno, y vocales natos,

unos, designados por el rey, y otros, electivos. De estos últimos una tercera parte habían de ser elegidos

por sufragio universal directo, en colegio nacional único, y las otras dos terceras partes eran designados

por colegios especiales, profesionales o de clase.

• Le correspondía a este Consejo, como órgano jurisdiccional, resolver las competencias y recursos de

queja entre representantes del Ejecutivo y del Judicial, conocer los recursos por inconstitucionalidad de

las leyes, reglamentos y demás disposiciones, juzgar a los ministros, consejeros del Reino y miembros del

Tribunal Supremo, resolver sobre la validez de la elección de diputados y proponer al rey el

nombramiento de presidente, presidente de sala, fiscal y magistrados del Tribunal Supremo. Ni aun en

este anteproyecto se le daban al Consejo del Reino las funciones de propuesta en terna del presidente del

Gobierno, hecho que no cuenta con el menor precedente, y que fue un claro exponente del arbitrísmo con

que aconsejaron al general Franco los que con él colaboraron en la preparación de la Ley Orgánica del

Estado.

• Como no es conotida la génesis de la ley de Sucesión —enlace legislativo entre el régimen del general

Franco y la actual Monarquía constitucional, en los píopios términos del mensaje de la Corona—,

sólo cabe hacer conjeturas sobre los motivos que llevaron al general Franco a crear el Consejo del

Reino en la ley de Sucesión y a reforzar sus competencias en la Ley Orgánica del Estado. La función más

discutible entre las que tiene atribuidas es, con toda certeza, la propuesta en terna del presidente del

Gobierno.

• Resulta prematuro plantear lucubraciones sobre lo que se pueda decidir en relación con el Consejo

del Reino en la proxima Constitución. Pensamos que sería equivocado intentar mantener sus actuales

funciones, pues son, en lo relativo al nombramiento y cese del presidente del Gobierno, incompatibles

con un régimen constitucional. Tampoco creemos que sea necesario mantenerlo como un órgano

consultivo exclusivamente, ya que, aparte de la carencia de precedentes; su existencia sólo sirve para

duplicar organismos, puesto que para los aspectos administrativos y políticos está el Consejo de Estado, y

para los propiamente gubernamentales, el Consejo de Ministros. No en balde los ministros han sido,

tradicionalmente, los consejeros de la Corona.

• Sería de desear que en la elaboración de la nueva. Constitución los temas de importancia, como pueden

ser el de la subsistencia o forma de funcionamientos de los altos cuerpos del Estado, no se resuelvan de

una manera unilateral, sino que todos hagan los necesarios esfuerzos para el mutuo entendimiento. La

actuación de la mesa del Congreso al oponerse a que se votara sobre las mociones ha podido contar con

justificaciones reglamentarias, por cuanto al Consejo del Reino y a su provisión se alude de modo expreso

en la ley de Reforma Política. Lo cierto es, sin embargo, que, ya de principio, se han dividido las

posiciones sobre un tema de trascendencia constitucional y que la oposición ha quedado fuera del

Consejo. Este ha sido, sin duda, el aspecto más negativo de un debate que puede constituir un índice de

los caminos por los que puede discurrir el proceso parlamentario constitucional.

• Es ya indudable que el Consejo del Reino ahora constituido no se encuentra políticamente en

condiciones de ejercer las ´funciones de nombrar y revocar al presidente del Gobierno, y que si el caso se

diera, está en lo posible que la Corona abriera otros cauces, como ya, por otra parte, ha hecho para el

nombramiento del presidente de las Cortes.

• El tema de fondo, que discurría subyacentemente, ha sido la naturaleza de estas nuevas Cortes, a las que

se otorgó carácter constituyente en el mensaje de la Corona. Debe a este respecto destacarse que lo que

caracteriza a unas Cortes constituyentes es que ni aun siquiera se sienten obligadas por la disposición de

convocatoria, que tiene un nuevo carácter provisional. Justo es reconocer, que al posponer la elección de

los miembros parlamentarios del Consejo del Reino no se exigía otra cosa que lo que ya se ha hecho con

el Consejo Nacional, que constitucionalmente tiene vigencia, aunque de hecho ha dejado de funcionar en

el último año. La oposición ha deseado extraer de este hecho consecuencias inmediatas, pero una mayoría

parlamentaria no ha aceptado el envite.

Carlos IGLESIAS SELGAS

 

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