Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Consejo del Reino     
 
 Informaciones.    12/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LETRAS DEL CAMBIO CONSEJO DEL REINO

Por Jaime CAMPMANY

NO sé si queda por ahí algún tirio o algún troya-no, algún romano o algún cartaginés, que no esté He

acuerdo en que el Consejo del Reino, a estas alturas de la reforma política y metidos ya de lleno en usos

parlamentarios y políticos tan. alejados de los anteriores, es una institución inservible, anacrónica y de

absoluta inutilidad.

No escuché la defensa que hizo el señor Herrero de Miñón a favor de su subsistencia. Leí, sí, cuantas

referencias de ella pude encontrar y las apostillas de esos cronistas parlamentarios a los que vapulea

recientemente el senador don Mariano Aguilar Navarro (aunque esa es otra historia y servirá para otro

día), y tuve la impresión de que se trató de una defensa «de circunstancias». Me vi asaltado por ese vago e

indefinible prurito intelectual del que cree estar leyendo argumentos que el orador utiliza para empezar a

convencerse a sí mismo de algo que no está suficiente o sólidamente convencido.

¿Escrúpulos jurídicos? Sí, claro. Es impensable que alguien trate de otorgar permanencia política a una

institución que ya no tiene razón de ser y que «se sale» del marco institucional de la democracia que se

está construyendo. Pero, en otros casos, esos escrúpulos no han impedido, afortunadamente, que se

hiciera lo que había que hacer, por el sencillo procedimiento de dejar en desuso y en continuada

«congelación» otras instituciones perturbadoras para la nueva legalidad nacida de la aprobación de la ley

para la Reforma Política, y que habrían supuesto —en caso de seguir funcionando— una confusión más

en lo que, durante el primer período del tránsito, se dio en calificar como «ceremonia de la confusión».

¿Qué función política eficaz se puede atribuir hoy al Consejo del Reino? Su misión y atribuciones están

enunciadas en unas leyes fundamentales cuyo espíritu y cuya letra se contradice abiertamente con las

consecuencias reales y prácticas que cualquiera deduciría de la nueva situación, nacida tras el referéndum

y las elecciones generales. Un sistema de partidos políticos y de Cortes elegidas por sufragio universal —

con el enriquecimiento esencial de sus funciones— convierte necesariamente en un órgano a extinguir,

cuando no en una institución pintoresca a un Consejo del Reino ideado como pieza incrustada en otro

sistema que se definió como «de unidad de Poder y coordinación de funciones».

El Consejo del Reino está ya recompuesto. Eso es un hecho. Bien. Lo mejor que podría hacerse con él es

no volver a reunirlo. Dejarlo morir de muerte natural antes de que la Constitución le dé muerte oficial.

 

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