Autor: RUY LÓPEZ. 
   Del Gobierno al pacto de concentración     
 
 Diario 16.    19/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Del Gobierno al pacto de concentración

Ruy López

Desde antes de las elecciones del 15 de junio parecía evidente que, en un momento de crisis económica y

política, ningún partido político iba a obtener un mandato popular suficiente para conseguir una mayoría

parlamentaría que le permitiese gobernar cómodamente en solitario. Las elecciones vinieron a confirmar

la sospecha: ningún partido podría, sin algún tipo de coalición, imponer la polítioa, necesariamente dura,

exigida por la situación española.

Por ello, la idea del "Gobierno de concentración", esto es, de un Gobierno que aliase provisionalmente a

partidos normalmente opuestos, para sacar al país de una previsible bancarrota política y económica,

apareció en distintos contextos: primero, en la prensa (entre otros, los autores de este articulo hablaron de

su posibilidad en mayo de este año), y después, en los círculos directivos de la política El Gobierno de

concentración era la solución adoptada en casos de emergencia, y es difícil pensar en una situación de

mayor emergencia que la española actual.

Pero la idea de un Gobierno de concentración se vio viciada en su origen, al ser propuesta por el

secretario general del PCE. Los meses posteriores a la legalización del partido mostraron que éste era

menos fuerte de lo que se temía, y que Santiago Carrillo era mucho más inteligente de lo que se sospe

chaba. ¿Qué sutil añagaza ocultaría, se preguntaron muchos, la propuesta de un político tan

experimentado como Carrillo? En todo caso, el partido dominante de la Izquierda, el PSOE, se apresuró a

radicar por boca de portavoces.como Peces Barba o Javier Solana (rememorando las palabras de un

general respecto a los partidos políticos) que el Gobierno de concentración, "jamás, Jamás, jamás".

La UCD, en todo caso, no podía gobernar sola, ni imponer un programa "duro" en solitario. Desde luego,

no iba a ceder el Gobierno al PSOE (que, por otra parte, con 118 diputados tampoco podría llevar a cabo

su programa, por muy amplia que fuera una hipotética victoria en las elecciones municipales) ni iba a

convocar nuevas elecciones para salir del Impasse.

La solución adoptada en la Moncloa, pese a los matices que la han retocado posteriormente, muestra que

Adolfo Suárez es mucho más que un político advenedizo y que sabe buscarle las vueltas al mismo

Santiago Carrillo, para no hablar de la directiva del PSOE. Puesto que el Gobierno de concentración,

compartiendo responsabilidades y decisiones, no era posible, Adolfo Suárez propuso un pacto, un acuerdo

común que apoyarían todos los partidos: unos desde el Gobierno (la UCD), otros desde fuera de él (PCE,

PSOE. AP).

Al no quererse el Gobierno de concentración se ha ido al pacto de concentración, y hay que

descubrirse ante la habilidad de Suárez para dejar a la oposición en la peor situación posible. Ahora las

responsabilidades serán comunes, porque los socialistas y comunistas apoyarán, al menos a grandes

rasgos, el plan del Gobierno; pero el control y las decisiones serán únicamente de Suárez y su Gobierno.

La oposición se ha colocado en la curiosa postura de tener responsabilidades, pero no poder. Seguirá la

UCD en el Gobierno, controlando los Ministerios, los Ayuntamientos, el Orden Público y las relaciones

internacionales; pero si las cosas van mal, la responsabilidad será también del PSOE y e1 PCE... Es quizá

la fórmula más brillante para desgastarse en el poder sin ocuparlo.

Las consecuencias pueden ser muy graves. El pacto de la Moncloa se ha tomado "en privado" sin

discusiones públicas en la prensa y el Parlamento, sin consultas a la base de partidos y sindicatos. Los

electores se encuentran ahora con que sus representantes van a endosar una política llevada a cabo en

solitario por la UCD, el denostado partido sucedáneo del franquismo, como se repitió en la campaña

electoral. No se ha producido resistencia frontal de los sindicatos: la UGT y CC 00 harán -salvando las

naturales distandas del "no, pero sí" al "si, pero no" respectivo- lo que decidan las ejecutivas del PSOE

y el PCE. Pero, ¿y el trabajador "de la base"?

Hemos indicado otras veces que en España existe, potencialmente, una fuerza marginal que puede

trastocar los planes de asimilación "a la europea": fuerza marginal que en el mundo del trabajo se halla

representada por los sindicatos menores, y, sobre todo, por la CNT, la antaño poderosa central

anarcosindicalista. Todo lo que sea ceder ante el Gobierno supone regalar tantos a la CNT y otras

centrales radicalizadas, las únicas que se opondrán a medidas que cientos de miles de obreros verán como

vejatorias e injustas, por mucho que partidos y sindicatos "serios" intenten dorar la pildora. En países en

mejor situación económica que el nuestro, y con Gobiernos "de izquierda" (como en Inglaterra) han

abundado las rebeliones sindicales contra la línea colaboracionista de las centrales. ¿Qué puede esperarse

aquí, donde la izquierda no está en el Podor, la UGT y CC 00 son aún débiles y la situación económica es

sentida mucho más agudamente por los trabajadores que cualquier otro país europeo?

El "pacto de concentración" puede significar, en lo político, que los partidos de izquierda carguen con el

muerto de la, estabilización sin ninguna ventaja. Y, en lo sindical, una radicalización de los trabajadores y

la definitiva ruptura con un modelo de sindicatos a la vez dignos de confianza y responsables

políticamente.

 

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