Autor: Javierre, José María. 
 La Entrevista del Sábado. 
 España es un pueblo que quiere vivir     
 
 Ya.    05/11/1977.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 33. 

ESPAÑA ES UN PUEBLO QUE QUIERE VIVIR

Joaquín Ruiz-Jiménez

"La democracia no es sólo un sistema jurídico-político, sino también una actitud ética muy profunda"

Yo sé que sienten secreta vergüenza muchos que, tiraron piedras contra él. ¿Y ahora qué? Pues ahora que

de las pocas evidencias con que cuenta el país hay una indudable: don Joaquín es un caso de honestidad

cristiana. De coherencia, dicen. Y no está mal dicho. El Evangelio cuenta lo del camello por el ojo de una

aguja. A causa, yo creo, del egoísmo: el mucho dinero hace a los hombres duros y lejanos del prójimo.

Además te descuelga de Dios, para qué lo quieres si ante el director del banco garantizas tus créditos por

ti mismo. Total, que resulta difícil la entrada de los ricos en el reino de los cielos, más difícil que meter un

camello por el ojo de la aguja. Los curas hemos sudado reciamente para quitar hierro a esta semejanza y

tranquilizar a los ricos: que no es para tanto. Quizá la palabra griega traduce mal el término arameo

utilizado en el versículo24 del capítulo 19 según San Mateo, y Jesús, en vez de camello, dijo en realidad

maroma: un camello no cabe prácticamente nunca por el ojo de una aguja, en cambio, la maroma ya

depende cómo de gruesa sea la maroma y cómo de grande la aguja. O quizá Jesús no habló de agujas y se

refirió en realidad a uno de los portones de las murallas de Jerusalén: tenía el ojo demasiado estrecho, de

manera que los camellos penetraban con dificultad y el viajero debía, forzosamente apearse. Pero mis

amigos Luis Alonso Schökel y Juan Mateos, en su "Nueva Biblia española", repiten la traducción

acostumbrada: "Más fácil es que entre un camello por el ojo de una aguja que no que entre un rico en el

Reino de Dios." Lo cual, que si bien se piensa, tiene castaña. Ruiz-Giménez, coherente, tío. Su padre,

ministro y alcalde de Madrid. Su abuelo, general. El chico, brillante, listo, simpático, bueno de siempre,

católico de siempre, rico de siempre, "exitoso" le decían por Latinoamérica cuando fue a predicarles

ardorosamente las grandezas de España. Boda con un encanto de mujer, perteneciente a la crema de

Madrid. Catedrático el más joven, director general el más joven, embajador el más joven. Ministro, el

ministro más joven. Pues no se ha hecho rico, caray. Con él no va lo del camello. De joven tuvo siempre

un aire de novicio franciscano, de Quijote joven. Ahora, de maduro, parece un don Quijote y

un franciscano maduro. He de preguntar a su cuñado, ese delicioso fraile dominico padre Aguilar, si

Joaquín lleva el escapulario grande dominicano. Sospecho que sí. La democracia cristiana ha producido

en Europa este tipo de cristiano cabal. En la Italia de los años cuarenta vimos una guerrilla impresionante

al estilo de aquel La Pira gue fue alcalde en Florencia y predicaba la paz con fervor misionero.

—Don Joaquín...

A mí me cuesta trabajo tutearle, porque lo admiro.

—Bueno, Joaquín, y si no eres rico quisiera yo saber cómo vais a pagar la deuda pendiente por la

campaña electoral.

—Pagaremos, naturalmente; nuestra obligación es pagar, y pagaremos. Algunos líderes han dicho que son

"deudas políticas" y que allá los bancos si partidos que perdimos las elecciones carecemos de medios para

enfrentar la deuda. Pienso que no, que las deudas están contraídas por créditos que nos concedieron a

personas responsables y tenemos la firma empeñada. Así que debemos pagar. Nuestros votantes van a

respaldarnos. Elaboramos ahora un sistema razonable de aportaciones a largo plazo que nos permitirán

cumplir honestamente.

—Pero está rota la Federación Demócrata Cristiana.

—Mantenemos una conexión para efectuar el pago pendiente.

—¿Sólo para efectuar el pago?

Alto, un poquito ya cargadas las espaldas, aunque siempre, incluso en su juventud remota, solía doblar la

espina dorsal como facilitando el diálogo. Quima semejante actitud trae valores de timbólo, ya que Ruiz-

Giménez ha sido un alto chopo entre la masa vulgar de enanos que poblamos el país, que hemos poblado

el país a lo largo de tantos años.

—¿Sólo para el pago? ¿Ya no habrá democristianos unidos?

—Veremos, veremos, tiempo al tiempo. Hemos salido de una derrota. Sabes que mi partido, Izquierda

Democrática, representó la vanguardia democristiana. El ala, digamos, progresista de Izquierda

Democrática vio con malos ojos nuestra alianza electoral con Gil-Robles, pero estábamos obligados a

intentar la unidad. Después de las elecciones, el ala, digamos, moderada de Izquierda Democrática tiende

a Incorporarse a la Unión de Centro Democrático por medio de Álvarez de Miranda.

—¿Qué será, entonces, de Izquierda Democrática?

—Sabes que no soy ya el responsable directo, lo guía Manolo Villar. Pienso que Izquierda Democrática

debe recuperar su fuerza política y no quedar sólo en grupo testimonial. No. E1 testimonio es importante:

la democracia no es sólo un sistema jurídico-político, sino también una actitud ética muy profunda, una

actitud de respeto al hombre y de solidaridad entre todos los hombres. Pero Izquierda Democrática aspira

a intervenir en la vida pública como partido vigoroso.

—¿Cuando?

—Ahora, luego de nuestro descalabro electoral nos corresponde una cura de silencio y reflexión. Pero no

han sido las últimas elecciones. Vendrán otras. Aparecerá la necesidad de nuevas alianzas, y entonces

cumpliremos un papel bueno. Hasta puede ocurrir que en un momento dado la Iglesia necesite de nuevo

gente comprometida en el terreno político.

— ¿Estaría en contradicción con la independencia proclamada en vísperas de la campaña electoral?

—La insistencia de los obispos, y especialmente del cardenal de Madrid, acerca de la no vinculación de la

Iglesia con ningún partido político concreto estuvo totalmente ajustada a las ideas del concilio Vaticano II

y del catolicismo actual. Nosotros, por otra parte, hemos explicado con claridad que no somos partido

confesional, ¿cómo vamos a serlo si el núcleo de nuestra ideología pretendemos que coincida con el

mismo concilio Vaticano? Sin embargo, aquella insistencia nos hizo daño, porque el único partido al que

podía referirse la "no vinculación" de la Iglesia éramos nosotros, y el machacar tanto aquella idea pudo

llevar a muchos votantes a la conclusión de que la Iglesia nos repudiaba. Cosa absurda, porque si no

repudiaba a ninguno, menos iba a repudiarnos a nosotros. Es decir, el planteamiento fue correcto, pero los

resultados, a causa de las circunstancias, evidentemente perjudiciales para nosotros.

—¿Y por qué la Iglesia podría llamaros de nuevo?

—A mí no me gustaría, por supuesto, ya que el partido ha de mantenerse no confesional. Pero la política

española tardará en clarificarse. El juego de las ideas está oscuro. Puede llegar un momento en que

"alguien" haya de plantear al electorado una opción que se ajuste por completo a las exigencias del

pensamiento cristiano, sin las mezclas o concesiones que ocurrirán desde luego en la mayoría de los

partidos. Quizá entonces será Imprescindible un toque de clarín. Sería mala cosa, porque la

democracia cristiana debe subrayar sin vacilaciones su carácter no confesional.

Ruiz-Giménez traía en las velas de su barco juvenil las dos corrientes de viento que habían de empujarle

por la navegación equivocada. Joaquín, don Joaquín Ruiz-Giménez, se equivocó, Dios bendito, cómo se

equivocó, hasta el cuello, igual que todos cuando recién salidos de la infancia nos pusieron a cantar

letrillas traducidas del alemán y aires montañeros que sonaban a glorias imperiales sin más consistencia

que servir de truco para sueños imposibles. Un golpe de aire venía por el costado patriótico: los ganadores

de la guerra civil prometían construir una España grande, nueva, triunfal; para colaborar en la gran

empresa convocaban a los muchachos que traen ojos ansiosos de grandeza, aquella grandeza histórica de

cuando en el Imperio no se ponía el sol... Demonio, y qué bien nos tomaron el pelo. Ruiz-Giménez los

creyó, empezó a recorrer las tierras de América como mensajero de la gran estafa.

"La Democracia Cristiana debe subrayar sin vacilaciones su carácter no confesional"

—Pero no hablas mal de Franco.

—No. Por dignidad; me parecería incorrecto. El me utilizó, pero nunca se fio completamente de mí; decía

que yo, en el fondo, estaba atado a las ideas liberales de mi padre. Yo nunca me le rendí. Procuré, trabajar

honradamente, aunque mil veces he confesado mi responsabilidad y creo haber ganado bien mis

credenciales democráticas. Me fui cuando comprendí que desde dentro era imposible cambiar las cosas.

No hiere, nunca hiere. Un español singular que jamás habla mal de los ausentes. Aunque confiesa que dos

veces le hubiera gustado darse de bofetadas: una con Ruiz Gallardón cuando escribió en "A B C" que a

Ruiz-Giménez en sus contactos con los comunistas se le podía aplicar la eximente número uno del

artículo octavo del Código Penal, que es la demencia. Y la otra con Eugenio Montes, que en el mismo

diario acusó a Ruiz-Giménez de haber viajado a Roma para conmemorar "la gesta´´ de las Brigadas

Internacionales en la guerra de España.

—Un día tuviste altercado en las Cortes.

—En diciembre del sesenta y cuatro, cuando mi salida violenta del sistema franquista. Fue una ruptura

muy áspera. La trifulca en las Cortes me llevó casi a las manos con uno de los procuradores. Nos

separaron cuando estábamos cogidos por las solapas.

El otro golpe de aire le venía por el costado religioso. Ruiz-Giménez era un joven creyente, fervoroso y

apostólico. La jerarquía cristiana de nuestro país había depositado su confianza total en los vencedores de

la guerra civil. Del maridaje Iglesia-Estado arrancaban consignas concretas de colaboración que nos

llevaron a una amalgama increíble. ¿Cómo era posible que no se ofuscaran los jóvenes de buena fe, un

Joaquín Ruiz-Giménez absolutamente fiel a la obediencia religiosa ?

"Dicen que eres el único español que sí llega a Roma y llamas al Vaticano le invitan a desayunar con el

Papa"

A impulsos del aire religioso-putriótico, el velero de Ruiz-Giménez traficó las mercancías del franquismo.

Y trató de acercarnos las simpatías de influyentes círculos extranjeros. Hasta que descubrió la trampa,

hasta que comprendió que éramos víctimas de: un engaño. Ni España caminaba hacia glorías imperiales

ni estábamos enganchados a la marcha moderna del mundo. Sus convicciones políticas se tambalearon

frente a la reconstrucción democrática de Europa después de la guerra mundial, sepultados los fascismos.

Sus convicciones religiosas maduraron rápidamente en vísperas del concilio, y obtuvo él, como tantos de

nosotros, su mayoría de edad religiosa. La estancia en Roma le había proporcionado una amistad personal

con monseñor Montini, que pronto sería Pablo VI. Los viajes por el mundo le habían atado con lazos de

amistad a gentes de diverso pelaje, atraídas por la simpatía de aquel hombre que buscaba con ímpetu y

sinceridad los caminos democráticos para una España seria y responsable.

—Dicen que eres el único español que si llegas a Roma y llamas al Vaticano le invitan a desayunar con el

Papa.

—No. Qué tontería.

—Monseñor Montini te llamó frecuentemente.

—A que habláramos, claro. —¿Ha sido el hombre de Iglesia más querido para ti?

—Admiré y quise mucho a Pío XII, personaje que tú sabes no ha sido bien conocido. El puso los

fundamentos doctrinales a la postura actual de los cristianos. Juan XXIII me fascinó.

—¿Y en España?

—Estuve hondamente vinculado a don Ángel Herrera. También al cardenal Pla. Ahora valoro en mucho

la amistad de algunos obispos.

—¿Quién influyó en tu pensamiento?

—Por supuesto, me considero discípulo político de don Manuel Jiménez Fernández. He meditado

seriamente las lecciones filosóficas de Zubiri y las posturas humanísticas de Pedro Laín. El arco de mis

amistades abarca zonas muy amplias.

—¿Y qué piensas de nuestros políticos actuales?

—Me admira la gran habilidad del presidente Suárez, que ha sorteado tantos peligros.

—¿Es cierto que te ofreció un cargo?

—Me llamó y lo agradecí de corazón.

—¿No aceptaste?

—Considero que debo acaso conseguirlo por los votos. Y si no lo alcanzo, continuaré trabajando sin

puestos oficiales. Mi cupo "a dedo" ya lo cumplí de joven.

Naturalmente, la derecha española reaccionó duramente contra un Ruiz-Giménez que consideraban

traidor. Le atacaron con saña feroz. Le calumniaron, le insultaron, le mordieron. En nombre de la religión

y de la patria, intentaron aplastarle. Uno a veces se queda atónito comprobando hacia qué extremo pueden

odiar algunas personas que aseguran ser católicos convencidos. Ruiz-Giménez soportó las pruebas con

una categoría ejemplar. A estas alturas nadie que no sea un insensato duda de la sinceridad democrática

suya. Ha sido paño de lágrimas de tantos desconocidos. Ha socorrido menesterosos, cumpliendo una a

una con sencillez y bondad las obras de misericordia, corporales y espirituales. Hombre del diálogo. Los

cínicos le llamaron "compañero de viaje", porque, católico de profesión pública, estuvo codo a codo de

los comunistas en Coordinación Democrática antes que fuera legalizado el PC. Ruiz-Giménez salió

profeta: hoy todo el país está en Coordinación Democrática. Igual ocurrió cuando en la etapa de ministro

con Franco le maldijeron porque pretendió abrir al pensamiento universal las fronteras de España, y dejar

que hablaran los jóvenes, y llamar a los maestros exiliados. Me pregunto si no estará también siendo

profeta incomprendido ahora que habla de un cristianismo que saca de sus entrañas gérmenes renovadores

de "socialismo humanista". Le llamaron ingenuo. Le llaman débil, inseguro. Pues los cínicos podrían aún

llevarse alguna sorpresa. Porque si algo necesita este país nuestro es alguien que en un momento dado sea

hombre de bien, demócrata serio y político experimentado.

—¿Eres un perdedor decepcionado?

—No; soy un perdedor que sigue en la brecha.

—¿Cansado?

—A ratos; pero recupero energías.

—¿Escéptico?

—Lucho con esperanza. Tenemos la democracia en vilo a causa de la crisis económica y con el agravante

de faltarnos la Constitución.

—¿Nos salvaremos?

—España es un pueblo que quiere vivir.

Pudo en su juventud parecerse a Kennedy. Podría llamarse ahora Giscard, algo más en punta, claro.

¿Quién sabe si de viejo le hallaremos parecidos con Adenauer? Siempre mirando hacia la izquierda,

naturalmente. Ignoro si llegará , su hora. Como llegue..., es un político.

José María JAVIERRE

 

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