Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
   En las Cortes, Suárez puede recibir una lección     
 
 Ya.    04/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

CARTA ABIERTA DE AUGUSTO ASSIA

EN LAS CORTES, SUAREZ PUEDE RECIBIR UNA LECCION

En vez de darse cuenta de que el Parlamento es como una batalla de fuerzas, ha querido, quizá por afán

reconciliador, hacer todo lo contrario y entenderse con los socialistas

Querido director:

Si, como no parece imposible, el triunfa o la derrota de la moción con que el Gobierno de Su Majestad se

va a ver obligado a defenderse contra la explosiva moción sobre amnistía ae las minorías reunidas,

depende de Alianza Popular, Adolfo Suárez; habrá recibido una de las lecciones sobre parlamentarismo

que más estaba necesitando.

Tan diestro manipulador de los resortes sobre los que pivotea el artilugio administrativo, nuestro primer

ministro se ha mostrado, desde el momento que se reunieron las Cortes, no sólo desorientado respecto al

funcionamiento y movilización de la mecánica legislativa, sino, además, desarmado. En vez de darse

cuenta de que un Parlamento es como una batalla en la que las fuerzas tienen que estar y deben estar

divididas (porque en otro cawo no hay batalla, y lo que hay es confusión), Adolfo Suárez ha querido,

quizá por afán reconciliador, hacer todo lo contrario y entenderse con los socialistas, con los comunistas,

con los autonomistas, con cualquier extraño compañero de cama, al objeto único y un poco ingenuo de

darse e1 gusto de despreciar a Alianza Popular para, sólo a tres meses y medio de la constitución del

Parlamento, descubrir que son los de Fraga los únicos votos de los que puede depender con cierta

confianza.

Un poco enfermo y bastante nostálgico, me ha pasado el verano, querido director, alternando la

administración de mis tierras con el repaso de la historia durante el periodo en que, cuando engendra el

oficio de primer ministro y hace de la institucional la constitucional, la monarquía inglesa más enseñamos

guarda, a mi modo de ver, para cualquier monarquía que, como la nuestra ahora mismo.

busca un camino nuevo. DESDE LA CORONA AL PARLAMENTO

En el tiempo que va desde que sir Robert Walpole asume sutil y misteriosamente el armiño indefinido de

primer ministro hasta que William Pitt, el Joven, aparece ya armado de todos los atributos fundamentales

que hoy retine Callaghan, trece grandes políticos, cada ttno con sus virtudes y sus defectos, pero todos

tocados con el signo de la grandeza, luchan durante siglo y medio por ir pasando incruelmente, desde la

Corona al Parlamento, el manantial principal de donde el primer ministro yf a su través, el Gobierno ha de

derivar sus poderes. Lo curioso de esta lucha es que ya se le plantea con toda su crudeza, desde el primer

momento, a Walpole.

"El mando de Walpole dependía del favor real", dice el historiador G. W. Jones, y agrega; "El rey era

todavía la fuerza fundamental de que se alimentaba el poder ejecutivo." Inmediatamente Jones registra,

empero, la aparición de la nueva dualidad.

"Walpole dependía asimismo de la Cámara de los Comunes, que podía obstruir las propuestas legislativas

del rey y derrocar a sus ministros, lo que le obligaba a prestar atención a la Cámara de los Comunes

cortejándola, dedicándole todas san habilidades polémicas, que eran muchas; cultivando sus humores y

adoptando medidas políticas que le eran gratas. La manipulación de los Comunes era el fuerte de

Walpole, que nunca olvidaba que el apoyo del rey no era suficiente si perdía el de los Comunes, y que los

dos resultaban indispensables para mantenerle en el poder." Como hoy Callaghan, ninguno de los trece

primeros ministros entre Walpole y Piit, el joven, ha podido gobernar ya en Inglaterra si no era capas de

manejar e inspirar a la Cámara de los Comunes al mismo tiempo que tener la confianza del rey. Un

historiador tras otro antepone, a las facultades por las que enjuicia si un primer ministro es bueno o malo,

si es fuerte o débil, si reúne o no reúne las condiciones que de él exige la política inglesa, su capacidad

para operar dentro de los Comunes y ganar la adhesión de la Cámara Baja sobre la base de escindirla en

una minoría, que llevaba la oposición, y una mayoría, que apoyaba al Gobierno. Lo que ha querido hacer

aquí don Adolfo Suárez desvirtuando la división del Congreso en mayoría y minoría no lo intentó" nunca

ningún primer ministro inglés, y cuando alguno lo intentó, como eí duque d« Devonshire, duró poco. El

duque de Devonshire fue el quinto primer ministro inglés.

Hombre extraordinariamente culto, hábil y distinguido, muchas de cuyas condiciones anímicas y

políticas, que le arrancaran a sus confemporáneos más elogios que habían sido acumulados quizá nunca

sobre la testa de ningún otro político británico, se hizo un lio con la Cántara de los Comunes, donde,

según Hornee Walpole, el ácido hermano de sir Robert, escribe "de muestras de impaciencia pora hacerlo

todo, de miedo por hacer cualquier cosa y de prisa para no hacer nada".

Cuando leo la descripción de Horare Walpole sobre la actitud del duque de Devonshire frente al

Parlamento inglés, yo, querido director, que tanta admiración tiento por otras manifestaciones de la

personalidad política de nuestro actual primer ministro, no puedo, a pesar de ello, sino acordarme de

Suárez frente al Parlamento español.

Que las minorías de la oposición le cuelen tres mociones tan irreales como las tres con que el Congreso se

va a encontrar confrontado en una semana, aparte del irrealísmo de todas ellas, que semejan caídas de un

guindo en vea de surgidas de la masa auténtica de un país dominado por graves y urgentes problemas, la

verdad es que muestra cute el Gobierno actual de España apenas si domina uno de los dos resortes sin los

que no es posible poner en marcha una monarquía constitucional

Lo más probable, gracias a Dios. es que el Gobierno salga con bien del triple "impasse", pero nadie, señor

director, puede negar fácilmente que es a Dios a guien se le deben las gracias y que, para que esto siga

marchando, una cosa que tenemos que hacer es buscarle a Muestra evolución política más terrenales

bases mientras confiamos mens en los milaoros. "They say miracles are past", dijo ya. Shakespeare hace

muchos años en "Todo esto bien lo que termina bien".

De usted afectísimo y seguro servidor y amigo.

Augusto ASSIA

 

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