Autor: Barros de Lis y Gaspar, Jesús. 
 Tribuna Abierta. 
 Análisis de unos resultados electorales  :   
 ¿La democracia Cristiana derrotada?. 
 Ya.    25/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

25-VI-77

TRIBUNA ABIERTA

Análisis de unos resultados electorales

I.—¿LA DEMOCRACIA CRISTIANA DERROTADA?

UNAS elecciones generales, las primeras tras cuarenta años, exigen una enorme dosis de entusiasmo y fe

por parte del pueblo; así como una cierta neutralidad y "juego limpio" por parte del Gobierno que las

convoca. No diré que haya faltado el entusiasmo participativo ni que el Gobierno haya recurrido a las

diversas formas posibles del clásico "pucherazo", pero sí diré que ni los españoles han sabido muy

exactamente lo que se planteaba en estas elecciones ni creo que el Gobierno haya sido enteramente

neutral. Querer ver sólo lo positivo y cantar las maravillas que estas elecciones han descubierto no creo

fuera el mejor camino para poder sacar las debidas consecuencias y elecciones de algo que, si esta vez fue

necesario y parece haber salido bien, gracias a Dios, no creo pueda repetirse en el futuro.

QUIENES dicen, o creen, que las elecciones han sido ganadas por una coalición o un partido, en cierto

modo se equivocan, ya que el verdadero triunfador ha sido el Gobierno, o para ser más exactos, el

presidente Suárez, y si esto es visible a escala nacional sin gran esfuerzo de mente lo es mucho más si se

contempla el triunfo de candidaturas provinciales de la Unión de Centro Democrático, cuyas

posibilidades reales en algunos casos y en una normal contienda electoral hubieran sido absolutamente

nulas. Yo diría que, en cierto modo, más que a unas elecciones hemos asistido a una muy peculiar forma

de plebiscito en el que el pueblo español se ha decidido por dos aparentes grandes opciones que han

polarizado el espectro político entre lo que aparecía como la "moderada derecha" y lo que aparecía como

la "moderada izquierda", pero también entre lo que aparecía como unas grandes formaciones políticas a

escala nacional de todo el Estado español y con potencial de Gobierno. Los que han votado al Centro lo

han hecho a la seguridad, al Gobierno, a lo conocido, y los que lo han hecho al PSOE, creo lo han hecho,

en muy sustancial proporción, a una izquierda instintiva que suena a tradicional o histórica, y que al

mismo tiempo no asusta de momento.

EL Gobierno ha sido en cierto modo "juez y parte", o como suele decirse, ha querido "repicar e ir en la

procesión", y lo ha conseguido sin duda alguna. Si hubiéramos considerado esta realidad, quizá muchos ni

siquiera hubiéramos intentado la experiencia electoral aun estando conscientes del enorme potencial real

de nuestras ideologías, porque es esfuerzo prácticamente inútil el luchar contra los resortes que tiene un

Estado moderno para, aun manteniendo una formal neutralidad, mentalizar a un electorado y, en cierto

modo, "guiar su voto" hacia unos resultados preconcebidos. En nuestro tiempo no es necesario forzar la

voluntad popular ni falsificar actas, cambiar papeletas o utilizar el "voto de los muertos", como en otros

tiempos eran utilizadas esas malas artes "electorales" por aquel ministro de la Gobernación que se

llamó Francisco Romero Robledo, maestro y ejemplo para muchos de sus sucesores a través de los años,

ya que hoy se cuenta con recursos más eficaces y sutiles que pueden servir como moderna flauta -

mágica que lleve al electorado a pronunciarse, como se prevé, con un muy corto margen a

los imponderables.

PARA ser sincero y consecuente conmigo mismo y con mi modesto pero limpio historial político, no

puedo decir que estas elecciones, las primeras en casi medio siglo, hayan sido lo que yo hubiera esperado

y deseado para España pero también como español responsable debo decir que las dichas elecciones no

han falseado básicamente la voluntad popular y que probablemente la coyuntura histórica que vivimos no

hubiera permitido otro enfoque a la consulta electoral que el que se le ha dado. Las enormes dificultades

de una transición, de un régimen autoritario a otro democrático; las resistencias a las reformas o al

mismo cambio, tanto como la presión de los impacientes o maximalistas, y quizá también la realidad de

un pueblo no bien informado aún, confundido y receloso ante tantos partidos, no ducho en lides

electorales, hayan forzado un planteamiento prudente como el seguido por el Gobierno Suárez. La

necesidad de dar una constitución al país, superar una gravísima crisis económica y atemperar el profundo

y extenso cambio que deberá producirse en los próximos meses justifica a mi modo de ver posibles fallos

que pudieran aducirse desde una perspectiva demócrata muy ortodoxa.

EN cualquier caso estimo sería erróneo, y aún peligroso, que por recrearnos en unos resultados

aparentemente satisfactorios, o por querer presentar sólo la cara positiva de esos resultados, no se

quisiesen ver los posible aspectos menos positivos, o las lecciones que aquellos ofrecen, a las diversas

familias ideológicas, por ejemplo, para que éstas traten de sacar sus consecuencias lo antes posible. Desde

mi perspectiva voy a considerar, muy someramente, el planteamiento general de las elecciones y sus

resultados como posible determinante del futuro de la Democracia Cristiana.

LA necesidad imperiosa de evitar la bipolarización de las llamadas dos Españas aconsejaba, desde luego,

se alumbrase un "frente electoral del centro" o, lo que viene a ser lo mismo, se aglutinasen o coordinasen

los esfuerzos o posibilidades de los sectores políticos moderados. Alguno demócrata-cristianos, contra

viento y marea y sin encontrar gran comprensión entre nuestros correligionarios, propugnamos durante

todo el año 1976 ese "gran centro", que concebíamos polarizado en torno a la Democracia Cristiana.

Nuestra idea básica prevaleció al fin, pero no así su configuración. Fueron múltiples y poderosos los

esfuerzos que se hicieron para escamotear del planteamiento a la realidad política que es la Democracia

Cristiana, sin que, desgraciadamente, los demócrata-cristianos supieran superar sus divisiones y presentar

ya entonces un gran partido, por prevalecer los personalismos y soberbias, los radicalismos de tendencia,

el localismo con "espíritu de campanario", etc. Lo que debió ser un "centro" real, hecho desde "abajo",

coincidencia de ideologías próximas y de planteamientos y objetivos comunes y moderados, tuvo que ser

sustituido de hecho por otro "centro" un tanto forzado y artificial, hecho "desde arriba".

SI se consideran los 12 o 13 partidos que formalmente constituyen el Centro Democrático, podrá

constatarse que, en su mayor parte, no pasan de ser unos nombres más o menos conocidos y unos cuadros

directivos, y cuyas candidaturas es presumible que, fuera de la coalición presidencial, no hubieran

alcanzado, ni mucho menos, tan espectaculares resultados. Uno de los problemas mayores, a la hora de

hacer el Centro, fue seguramente el de que había demasiados voluntarios y no llegaba el espacio

disponible para dar cabida a todos, con lo que los gestores arbitrales tuvieron que dejar descontentos a

muchos, incluso dimisionarios y con la documentación electoral preparada. Excuso decir que a la

operación política se sumaron no sólo los convencidos de su necesidad o de su conveniencia, sino

también otros muchos ansiosos principalmente de ir a la liza electoral bajo el seguro patrocinio del poder.

POR otra parte nos encontramos con los sectores políticos que honradamente estimaron debían ir a las

elecciones solos y con sus respectivas identidades y significaciones respectivas bien visibles. Aquí me

quiero referir a los partidos esencialmente centristas y sean sus planteamientos un poco más a la izquierda

o a la derecha, excluyendo al Partido Comunista y al PSOE, que necesariamente tenían que ir solos, para

no formar un Frente Popular, de infausta memoria para los españoles. Entre los partidos que fueron solos

a las elecciones, y con significación ideológica, están la Federación de la Democracia Cristiana y,

modestamente, también la Unión Demócrata Cristiana, que no parece tuvieron presente que no sólo

competían con los partidos marxistas y con la Alianza Popular, sino con una coalición de partidos que,

aunque pequeños éstos, contaban con la mayor benevolencia por parte del Gobierno.

Gaspar BARROS DE LIS

Próximo artículo: «El futuro de la democracia cristiana».

 

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