Autor: Simón Tobalina, Juan Luis de. 
   Ahora o nunca     
 
 Ya.    18/03/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 4. 

AHORA O NUNCA

EL mero escrúpulo de ser un obstáculo para la unidad de la DC, ha sido suficiente para que Gil-Robles,

patriota ejemplar político preocupado por la eficacia del diálogo poder-oposición, y por evitar que el

pluralismo de partidos degenere en anarquía, abandone la dirección de la FPD por él fundada. Pero, al

marcharse, ha señalado el buen camino para que la confluencia de todos los demócratas cristianos, en un

partido unitario, pueda llegar a su realidad: un congreso constituyente. A mí me ha producido este criterio

de Gi1-Robles una satisfacción singular. Porque, hace dos meses, en artículo publicado en estas páginas

postulé precisamente "un congreso constituyente con participación de cuantos demuestren estar

formalmente adheridos a alguno de los grupos actuales, para aprobar unas bases mínimas aceptables por

todos ellos y elegir democráticamente un órgano o varios—de gobierno colegiado y renovable en

períodos de tiempo preestablecidos.

LOS españoles seguimos más fácilmente al hombre que a la idea (Maura se salía del marco del partido

conservador y el maurismo abrió brecha en el esquema de partidos políticos de aquel momento histórico).

Gil-Robles no cabría dentro de un partido de derechas, que sin tiempo suficiente para depurar su

ideología, se nutrió de una avalancha católica y conservadora cuyo núcleo catalizador, al sentir una

verdadera preocupación de justicia social, trataba de abrir paso lentamente, mediante clasificaciones y

depuraciones doctrinales sucesivas, a cristalización de aquel intento en un verdadero partido

demócratacristiano. No llegó a serlo, pero dentro de él hicieron sus armas hombres que, como Lucía,

Jiménez Fernández, Salmón (por citar sólo algunos de los fallecidos), fueron verdaderos precensores de la

DC, o tal vez, sus primeros militantes. Y el prestigio de Gil-Robles originó el "gilroblismo" todavía

vigente. No, no es fácil meter en la cabeza de los españoles la necesidad de adscribir su actuación política

a unos ideales antes que a unos hombres. Ni siquiera creo que éste sea un defecto de formación ciudadana

o una falta de aptitud para la vida política. Acontece, simplemente, que aquí la decantación de ideales, la

búsqueda de la identidad de cada grupo frente a otros afines es difícil, y lo que cuenta es la confianza que

suscitan los respectivos líderes.

PERO nada debe disuadirnos de seguir los buenos ejemplos que se nos brindan desde fuera.

No se trata de ninguna clase de mimetismo, sino de aceptar cuanto aumente nuestras posibilidades de

eficacia y enriquezca el repertorio de soluciones a nuestra problemática política singular. Ahí está la DC

italiana. Treinta años lleva al frente de los destinos de su patria. Con éxito unas veces, con

desfallecimientos otras. Pero sigue en pie, aunque llevando sobre sus hombros, como cada hijo de Dios, el

fardo de sus errores y de sus debilidades. Pareció, en los años cuarenta, que, sin De Gasperi... Pero murió

De Gasperi y le sustituyeron hombres dignos y llenos de buena intención. Cada día ha estado al frente de

los destinos de DC el hombre que necesitaba. Y otro tanto podríamos decir de la DC alemana o de la

belga. El hombre surge siempre. Lo que hace falta es que la base tenga unos ideales concretos y definidos.

Después, ya se alzará sobre el pavés quien lo merezca. Hoy, éste; mañana, aquél. Y todo será más

perfecto cuando al frente del partido no esté un hombre, sino un partido. A nadie se ocultan las ventajas

de un mando colegiado y renovado, periódicamente, a fin de que el poder no envejezca, de que la

organización se anquilose.

AL terminar el largo régimen dictatorial que hemos padecido no puede extrañarnos el brote de grupos y

grupitos políticos salidos de larga clandestinidad o nacidos como hongos apenas iluminó el suelo patrio

un rayo de libertad. Pero es ya hora de que cada una de las grandes opciones políticas de nuestro

tiempo—la socialista, la democristiana, la 1iberal—origine una formación política unitaria sin que ello

suponga tratar de organizar un esquema irrompible, pues la realidad social no se acomoda nunca a moldes

preestablecidos por los "ideólogos". Que el ideal sean, por ejemplo, tres partidos no quiere decir que deba

tratarse de impedir artificialmente que se constituyan siete u ocho. Sería, sin embargo, absurdo que

llegasen a medio centenar. Lo que ahora importa es que la DC dé ejemplo. Y puede darlo. En torno a unas

claras, breves y concretas líneas doctrinales que todo el mundo conoce, pero, sobre todo, en torno a unos

proyectos diáfanos de reforma socioeconómica inmediata—antes de qué nos pase como a Giscard

d´Estaing—. La hora de realizarla debe hacerse por los dirigentes de los actuales grupos democristianos;

la convocatoria de ese congreso del cual, aplicando precisamente sistemas de representación

proporcional, salga una Junta de Gobierno. Es hora de grave responsabilidad para tales dirigentes. Pienso

especialmente en Joaquín Ruiz-Jiménez, cuya pureza doctrinal, desinterés personal y sentido de la unidad

necesaria y de la alianza conveniente me constan.

Juan Luis DE SIMÓN TOBALINA

 

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