Autor: Riaza, José María. 
 Escriben los candidatos por Madrid. 
 La Democracia Cristiana como opción política     
 
 Ya.    08/06/1977.  Página: 33. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

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ESCRIBEN LOS CANDIDATOS POR MADRID

A diversos partidos que participan en la liza electoral se les presenta el problema de cómo lograr la

identificación de los electores con la ideología que cada uno representa en el breve plano de tiempo de

esta limitada campaña, electoral.

La coalición que no parece tener tan acentuada esa preocupación es la Unión del Centro, quizá porque su

mismo carácter de conglomerado de partidos con diferentes ideologías no le permite definirse con

facilidad. Más bien ha tendido a presentarse a base de negaciones—no es esto ni lo otro— y con sólo

algunas vagas afirmaciones de ser el centro del equilibrio y la moderación, lo que parece poco, preciso y

menos convincente.

El problema para la Unión del Centro reside en cómo encontrar un denominador común entre corrientes

ideológicas tan diversas como la socialdemócrata, la liberal o la demócrata cristiana. Es posible que el

único nexo de la coalición sea el propósito constituyente como objetivo de las nuevas Cortes, actitud que

se ha definido más claramente en estos últimos días, aunque el problema residirá en el tipo de

Constitución que se postule. Pero la bandera de una nueva Constitución no es específica de la Unión del

Centro, porque la postulan otros partidos netamente democráticos, entre ellos, y de forma muy concreta y

clara en sus formulaciones, la Federación de la Democracia Cristiana, Y hay que tener en cuenta, que,

para, un electorado deficiente, mente informado, una nueva Constitución no es bandera suficientemente

atractiva como único objetivo. Por eso cabe preguntarse: ¿será suficiente la imagen del presidente Suárez

para atraer el voto en la cantidad masiva que se pretende por la Unión del Centro. Si sus candidatos no

son muy conocidos y tampoco van a presentar sus ideologías respectivas, ¿cabe esperar que con la sola

imagen citada tal coalición pueda alcanzar la mayoría que pretende?. Y, sin embargo, parece que para la

política inmediata del presidente es de importancia vital conseguir un porcentaje muy elevado de votos.

Pero ésta es cuestión de la Unión del Centro y del presidente Suárez, no nuestra.

Ante el panorama electoral y la campaña que estamos viviendo, nosotros nos mantenemos serenos y

coherentes, sustentando nuestra ideología con nitidez y sin ambigüedades. El día 15 próximo será el

electorado quien dirá su palabra.

En esa línea aportaré algunas ideas que quizá puedan contribuir a clarificar nuestra posición ante el

electorado, que se encuentra un tanto confuso ante las diversas opciones que se le presentan, si bien éstas

se van reduciendo y simplificando, hasta quedar finalmente en unas cinco o seis como más definidas.

Probablemente hay muchas personas que tienen ideas ¡más o menos claras respecto a lo que representan

las corrientes ideológicas más clásicas, como el liberalismo, el socialismo o el comunismo —aunque

habría mucho que aclarar sobre sus contenidos y matizar sus posiciones actuales—, pero quizá se sabe

menos lo que representa la Democracia Cristiana, incluso porque este apellido puede inducir a confusión.

Por eso creo que puede ser útil presentar una simplificación de las ideas básicas en que se inspira la DC,

para contribuir a la clarificación del elector y a que pueda identificarse con esta corriente política.

Ante todo cabe señalar que bajo el denominador de la Unión Mundial de la Democracia Cristiana se

agrupan hasta 56 partidos, con diversas denominaciones, pero coincidentes en la ideología común, que se

refleja en el Manifiesto publicado por dicha Unión Mundial. No se trata de agrupaciones o asociaciones

de tipo religioso, filosófico o cultural, sino de auténticos partidos políticos que responden a una análoga

inspiración en aquel conjunto de valores a ideas que han dado como fruto las formas culturales que ha

producido el cristianismo en muy diversas áreas geográficas. No se trata, por tanto, de ninguna posición

confesional, sino de una ideología política que inspira los programas de unos partidos políticos que tienen

una determinada concepción acerca del modelo de sociedad que debe establecerse. Indudablemente puede

hablarse de un modelo de sociedad inspirada en la ideología demócrata cristiana, pero esto no quiere decir

que en todos los países y latitudes se adopte una orientación uniforme, sino que caben diversas

mutilaciones. Esto explica que en tinos lugares los partidos demócrata cristianos se sitúen más hacia la

derecha o más hacia la izquierda dentro de ciertos límites, sin que por ello quepa excluirles de la Unión

Mundial. Es más, somos bastantes los que creemos que se está, produciendo un fuerte proceso de

evolución y decantación en el seno de diversos partidos demócrata cristianos en el sentido de posiciones

francamente progresivas en el campo económico - social, alejándose de posiciones más bien

conservadoras mantenidas en algunos países.

Sólo a título de aproximación a algunos de los aspectos más básicos de la ideología demócrata cristiana

me permito señalar algunos puntos fundamentales.

En primer término hay que reconocer que en el trasfondo de toda posición política existe una actitud

filosófica respecto al hombre, al mundo y al sentido de la vida. En la concepción política de la

Democracia Cristiana, la persona humana es el centro de todo el sistema político, social y económico, que

se propugna para estructurar el modelo de sociedad deseable. La sociedad no existe por sí misma, sino al

servicio de las personas. Es un humanismo político el que se postula. Lo colectivo ha de estar al servicio

del hombre y a su medida.

Como consecuencia, se rechaza cualquier concepción totalitaria del Estado. Se rechasa toda concepción

que pretende que la persona no es nada sin la sociedad o sin el Estado y que sólo puede realizarse en éste.

El Estado no puede pretender el dominio absoluto de la vida privada, de la economía o de la cultura. Por

el contrario, los demócrata cristianos creemos que una correcta ordenación del sistema político supone el

respeto a la intimidad de cada uno; a disponer de su propia área de autonomía; a no ser avasallados por

nadie, y a sentirse liberados de cualquier tipo de opresiones, manipulaciones o alienaciones. Esto es lo

que nos lleva a ser personalistas ante todo.

Pero también nos proclamamos comunitarios. ¿Qué queremos decir con esta expresión? Muy sencillo:

que no somos individualistas. Postulamos, sí, la liberación del hombre de todas las opresiones:

psicológicas—singularmente el miedo o la angustia—, materiales, de poder... Rechazamos la posición de

los que creen que las relaciones de producción son la clave del orden social. No aceptamos que las

personas humanas sean instrumento de nadie, pero también reconocemos que la persona necesita de la

sociedad en cuanto que para realizarse necesita de los demás. La inserción de cada uno en la comunidad,

sirviendo a los otros en una convivencia ordenada y cordial, es este segundo matiz del modelo de

sociedad a que aspiramos.

No ignoramos que la persona humana tiene necesidades y deseos y que lo económico la influye

fuertemente. Hasta podemos llegar a reconocer que, en algunos casos, casi puede estar condicionada por

lo económico, pero negamos que pueda estar determinada rígidamente por este aspecto de su vida, que

concebimos mucho más rica y completa. También reconocemos que estamos sometidos a un conjunto de

influencias psíquicas y vivenciales, originadas por la convivencia con los demás. Por eso lo colectivo y

comunitario forma parte de nuestras vidas. Por eso somos solidaristas, por cuanto cada uno somos,

además de un valor propio personal, parte de los demás miembros de la comunidad. Por eso nos sentimos

unidos o nuestros conciudadanos en unos mismos afanes y no nos mantenemos aislados. Al sentirnos

solidarios rechazamos cualquier tipo de individualismo egoísta, que lleva a la avaricia, a la acumulación

sin límites y ala tiranía o dominación de unos hombres a otros. La consecuencia práctica de esta actitud es

que en lo económico somos anticapitalistas. Rechazamos el sistema de ordenación económica basado en

el capitalismo, en cuanto implica un sistema de dominación de las cosas sobre las personas o de las

personas que poseen las cosas sobre otras personas que no las poseen.

Otra consecuencia de nuestra actitud personalista y comunitaria es que si las cosas, si los bienes todos de

la tierra han de ser para todos los hombres, los sistemas de apropiación de los bienes han de inspirarse en

este principio fundamental, lo que exige que la propiedad privada no pueda considerarse como un

principio sagrado e intangible, sino subordinado al bien general, de acuerdo con un nuevo ordenamiento

jurídico que habrá de modificar no pocas normas de los códigos, basados en una posición individualista y

no solidarista.

Estas y otras ideas claves se encuentran a la base del soporte ideológico demócrata cristiano, por lo que

no cabe decir—como se ha dicho por algunos—que en la Democracia Cristiana no existe claridad de

ideas o posiciones. Eso no es cierto. Se podrá estar o no de acuerdo con la ideología su postula la

Democracia Cristiana, pero no puede negarse que constituye una de las grandes opciones políticas que

pueden ser objeto de elección y que estará sin duda presente en la conciencia del electorado el, próximo

día 15.

José María BIAZA

(Candidato de la Federación de la Democracia Cristiana al Congreso)

 

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