Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   La contraofensiva     
 
 Informaciones.    05/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA CONTRAOFENSIVA

Por Abel HERNÁNDEZ

EL presidente Suárez ha puesto en poras horas orden en la casa. Nada más regresar de su viaje europeo se

ha ocupado de desbaratar algunas maniobras desestabilizadoras, fraguadas desde el exterior de la U.C.D.

con ciertas complacencias interiores. El fin de semana ha sido intenso en la Moncloa. La tormenta de los

últimos días ha senvido de revulsivo en las filas ucedistas, que se estaban perdiendo en pequeñas luchas

intestinas. El riesgo de crisis ha pasado. La imagen de Suárez ha salido robustecida de la prueba. Los

partidos de la oposición de izquierdas se han apresurado, pública o privadamente, a romper las apetencias

de algunos conocidos personajes, cuyas reiteradas frustraciones alientan su capacidad de intriga, dejando

sentado que, con este o ron otro Gobierno, el inquilino de la Moncloa debe seguir siendo, de momento al

menos, el actual presidente.

Ni la U.C.D. (Suárez) ni el P.S.O.E. (González) están dispuestos a ir a un Gobierno de coalición. Ni falta

que hace. Con todos los datos en la mano, las dos formaciones mayoritarias son conscientes de que si

fracasa el actual esquema político el riesgo de involución es mas que probable. La democracia es todavía

frágil y no se puede andar con frivolidades. En estos momentos, el presidente no es recambiable.

Pero hay más. Según nuestras noticias, fundadas en fuentes dignas de crédito, el Gobierno está a punto de

lanzar una contraofensiva todo está dispuesto para recuperar plenamente la iniciativa política. No

nos extrañaría que esta contraofensiva tuviera que ver con una especie de estatuto de libertades públicas,

que sirviera para regular la convivencia democrática -plenamente democrática- durante el período

constituyente. Esto clarificaría totalmente el aún confuso horizonte y cortaría muchas de las tensiones y

contradicciones actuales. Es previsible que este estatuto sea previamente pactado con los diversos

sectores de la oposición.

La trascendencia de esta decisión daría la oportunidad al primer ministro de comparecer ante la nación y

explicar en un mensaje radiotelevisado la situación real de España y el rumbo de la nave del Estado. En

las mismas fuentes se tiene la impresión de que esta comparecencia, aunque no inminente, será pronto.

Es de esperar que una vez establecido claramente hasta dónde vamos y con el horizonte despejado, cese,

por ejemplo, la «huelga de inversiones". El problema económico es precisamente el caldo de cultivo de

casi todos los demás. En medios competentes han calculado, por ejemplo, que de aquí a fin de año

pueden cerrar diez mil empresas en España -pequeñas y medianas empresas, la mayoría- si no se abre

la mano en los créditos (aun a riesgo de fomentar algo la inflación) y si no se llega a un pacto político y

a un consenso mínimo con las fuerzas sindicales.

A pesar de las evidentes dificultades, la mayor parte heredadas, en importantes núcleos de decisión

política hemos detectado una confianza cierte en que vamos a salir adelante y en que España se colocará

en órbita europea. Naturalmente, esta apasionante empresa (que ahora ya admiran los pueblos

democráticos) no se va a lograr por arte de birlibirloque, sino con el esfuerzo generoso de todos. Sobran

las intrigas, los codazos y las zancadillas. La "crisis" se ha esfumado.

5 de septiembre de 1977

 

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