Nada para el César     
 
 Diario 16.    18/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Nada para el César

La dimisión de Gil-Robles del cargo de presidente de su partido parece haber resucitado el hasta ahora

frustrado anhelo de constituir un gran partido demócrata-cristiano. Con renovado entusiasmo, los

políticos de esta tendencia, desperdigados por todos los meridianos políticos, intentan superar sus

diferencias convencidos de que si se unen su fuerza puede convertirles en árbitros de la situación política.

El ejemplo italiano - con una DC tanto tiempo monopolizadora del Poder -. y las recomendaciones de los

correligionarios alemanes - decididos a ayudar a una democracia cristiana unida - son, seguramente,

referencias necesarias para comprender esta carrera hacia la unidad. Todo hace pensar, sin embargo, que

un gran partido demócrata-cristiano va a complicar todavía más el ya confuso panorama político del país.

Valdría la pena preguntarse si los partidos de inspiración religiosa no son formas superadas de

organización política inadecuados a las condiciones y planteamientos de las modernas sociedades

industrializadas y secularizadas.

Los partidos demócrata-cristianos aparecen como instrumento de defensa de los intereses de la Iglesia en

los regímenes liberales que habían roto la secular alianza entre el trono y el altar. Son una muestra de

tolerancia de la Iglesia con la nueva situación política que antes había rechazado radicalmente y, al mismo

tiempo, una estructura de acogida y protección de los católicos cuya ortodoxia peligraría en un ambiente

considerado hostil. La preocupación por no separarse de las doctrinas del Vaticano les resta agilidad

incrementando la ya compleja problemática política con inquietudes dogmáticas y de disciplina.

Estas ambigüedades de los demócratas-cristianos se hacen patentes desde el primer momento y ya Péguy

los califica de "partido devoto" que identifica la fe con una determinada adscripción política encaminada

a la conquista y disfrute del poder. Esta traslación de lo religioso a lo político supone un enorme factor de

distorsión: La fe queda relegada al nivel de ideología, por lo que tal partido es, según Alberigo, un

"monstruo teológico". Y pasando de las especulaciones a los hechos quedan pocas dudas de la amplia

responsabilidad de la DC italiana en el impasse político en que se encuentra aquel país.

Estas consideraciones se hacen más acuciantes después de que los aires posconciliares toleran el

pluralismo político de los católicos. ¿Qué necesidad tienen de convivir en la misma organización política

personas que mantienen planteamientos a veces muy distintos? Que en un mismo partido político coin-

cidan conservadores y socialistas, hombres de claro talante derechista con algunos netamente de

izquierdas y que la razón de la coincidencia sea un hecho tan ajeno a la política como la identidad de

creencias religiosas es, por lo menos, una fuente de confusión. La ubicación en el espacio político debe

hacerse en base a criterios políticos y no por referencia a otros tan respetables pero tan ajenos como la

confesionalidad religiosa.

No se ve la utilidad de un gran partido demócrata-cristiano que por su propia naturaleza será un partido de

centro-derecha que doblaría las formaciones ya existentes. Tendremos así un centro laico y un centro

confesional, aunque no se quiera aceptar esa denominación. Los planteamientos religiosos se convertirán

otra vez, de alguna manera, en temas políticos y nada bueno puede venir de eso. Mejor sería que los

demócrata-cristianos se instalaran con sus afines políticos como ahora están: unos en el centro con

liberales, socialdemócratas..., etcétera, otros en la derecha con Alianza Popular y hasta otros afiliados

individualmente con los socialistas si es que se sienten coincidentes con ellos. Sería una realista

aplicación de aquello de Dios y el César. Un partido demócrata-cristiano tendrá además, a medio plazo,

una lógica inclinación a la derecha. Y tiene mucha miga que la marcha del creador de la CEDA haya sido

la condición necesaria para ocupar aquel mismo espacio político.

 

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