La contradicción democristiana     
 
 El Alcázar.    21/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EL ALCÁZAR

LA CONTRADICCIÓN DEMOCRISTIANA

LA dimisión de Gil Robles como presidente de una de las facciones de la Democracia Cristiana,

pone al descubierto la contradicción interna que constituye el drama de esta corriente

ideológica. Comentaristas, líderes y teóricos del partido hablan de personalismos, ambiciones y

zancadillas. Puede que todo eso exista, pero el drama que nadie se atreve a enunciar, es otro y

se expresa de forma sencilla: mientras la base demo-cristiana es sociológicamente franquista

los políticos que pretenden instrumentarla son antifranquistas. Cuando no se votaba, era

posible el artilugio de unos dirigentes que hablaban de forma distinta al pensamiento de la base

que decían representar. Pero cuando ha llegado la hora de la verdad, la dualidad se hace

insostenible. Hemos visto irse al "Jefe" que nunca se equivocaba, y hemos de ver nuevos

cambios espectaculares, si la Democracia Cristiana oficial quiere amoldarse a su base real.

Para analizar serenamente esta contradicción, se impone recordar que las juventudes de la

CEDA, que es como en 1936 se llamaba la Democracia Cristiana, sin temor a asumir su

condición de fuerza de derecha que ahora pretende disimular refugiándose en nidos ajenos del

centro e incluso de la izquierda, se incorporó entusiásticamente al Alzamiento del 18 de Julio,

mientras su partido proporcionaba los cuadros políticos al nuevo Estado, desde el Gobierno a

las alcaldías. Si Gil Robles quedó fuera de juego, no fue por razones ideológicas, sino por

motivos personales, relacionados con su política anterior al triunfo del Frente Popular. Mientras

el "Jefe" rumiaba su frustración en el exilio, no faltaron nunca destacados dirigentes

democristianos en los sucesivos Gobiernos de Franco, entre ellos el propio Ruiz Jiménez, que

con su acreditada humildad se puso la camisa azul y ofreció ser un falangista más entre los

falangistas que tan generosamente le admitían en su seno.

Mientras tanto, en la Zona Roja, donde mandaban los dirigentes del Partido Socialista, del

Partido Comunista y del Partido Nacionalista Vasco, con los que ahora los gilroblistas y los

ruizjimenistas están a partir un piñón en juntas y coordinaciones, los democristianos eran

perseguidos a muerte y ser partidario de Gil Robles era acusación suficiente para ir al paredón,

tanto en Madrid como en Cataluña como en el propio "Euzkadi", donde gran número de

miembros de la Democracia Cristiana fueron asesinados, bajo el benévolo gobierno del Partido

Nacionalista Vasco.

Primero en la guerra y luego bajo la paz de Franco, las masas democristianas, por el hecho

natural de constituir la mayoría inicial de las fuerzas políticas del nuevo Régimen,

proporcionaron el mayor número de ministros, directores generales, gobernadores civiles,

dirigentes de empresas públicas, alcaldes y concejales. Representación oficial correspondida

en la vida real, pues las grandes masas de inspiración derechista y cristiana fueron el sostén

del injustamente denominado triunfalismo, que no era otra cosa que el fervor popular en torno a

Franco.

La tentación de cambiar de bando y jugar a la "oposición" afectó, primero, a quienes habían

quedado fuera del juego político y, luego, a un número importante de arribistas que se

apuntaban "a lo que iba a venir", para seguir en las áreas del poder aunque el Régimen fuera

distinto. Todo se reducía a cambiar la chaqueta y apuntarse al que parecía equipo ganador.

Pero el pueblo no ha seguido el oportunismo de ciertos dirigentes, y como nadie piensa que,

salvo por una conveniencia táctica, vayan los socialistas o los comunistas a votar las

candidaturas democristianas, se produce el drama de tener que pedir que unas masas

visceralmente franquistas, voten a los enemigos de Franco.

La eliminación de los antifranquistas más destacados puede ser un intento para remediarlo.

Pero desmontar toda la dialéctica antifranquista a que imprevisoramente se dedicaron, va a

resultar bastante más difícil. La forma en que la Democracia Cristiana de "oposición" procure

resolver el problema, promete convertirse en uno de los más curiosos atractivos de la próxima

campaña electoral.

 

< Volver