Autor: Cavero, José. 
   Política  :   
 Orden de unidad. 
 Arriba.    23/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Política

ORDEN DE UNIDAD

Así sobre el papel, no parece excesivamente difícil hacer cálculo y cábalas sobre la unión de los grupos

demócratacristianos. Las conversaciones en curso - de dos en dos - entre los cuatro grupos que podrían

ser los principales, permiten pensar en que, supuesta la buena voluntad y el propósito firme, lo demás es

ya fácil de lograr UDE y PPDC, por un lado, y FPD e ID, por otro, tratan de reducir las siglas y de aclarar

algo el panorama político nacional. Si en las primeras conversaciones entre seguidores de Álvarez de

Miranda y Monreal Luque cede cada uno, y resulta una fusión, se habrá progresado algo, evidentemente,

en la tarea de proporcionar al país elector unas líneas doctrinales menos confusas. Si paralelamente

sucede lo propio entre los dos grupos integrantes del Demócrata Cristiano del Estado español, sólo

restará, a continuación, un nuevo «careo» entre las dos resultantes, y una conclusión final, resumible en

una sola sigla.

Lo propio, con ciertas variantes, está sucediendo o se está solicitando que suceda en las filas de los grupos

liberales. También aquí han proliferado a lo grande las siglas. Satrústegui, Madarlaga, Larroque,

Garrigues y Camuñas - ¿me habré olvidado de alguno? - tienen, cada cual, la suya. Han dado un ejemplo

al acudir reunidos a las sesiones de la Internacional Liberal, por más que unos hayan estado «más

homologados» que los demás, internacionalmente hablando. También en esta rama del árbol que produce

siglas se ha dado un primer paso, merced a una invitación para empezar a ceder cada cual un poco, y de

ese modo, ganar algo todos.

Con los socialdemócratas, por último, sucede otro tanto.

Hay grupos, «ese-de» dentro y fuera de la alianza electoral Centro Democrático, al igual que sucede con

los partidos democristianos y liberales mencionados. Una y otra vez se discute si de verdad el edificio de

una alianza no se habría comenzado a construir por el tejado y si estas reconstrucciones posteriores no

terminarán por hacer inservibles los cimientos. Porque si democristianos y liberales se dan ánimos

mutuamente para conseguir unirse, y si los socialdemócratas advierten que falta una estructura de partido

suficiente para cobijar a cuantos, en esta hora de definirse, creen tener cabida bajo esos mismos

presupuestos..., todo parecerá indicar que ese Centro deberá ampliarse necesariamente y engordar. O

partirse.

¿Y bien...? Toda esta suerte de conjeturas, esta complicada selva de variantes, la estamos siguiendo tres o

cinco docenas - como mucho - de lectores de periódicos. Pero no terminar la construcción de esas pocas y

claras opciones va a requerir mucho tiempo, de ¡o contrario, a la hora de explicar al país que no hay una

sola DC, PL o PSD, sino cuatro, o seis, o tres, y qué separa a unas de otras, qué opone a unos y otros,

quién manda cada cual y dónde estriba el principio del desacuerdo para que no pueda hacerse uno de

varios homólogos. Las explicaciones reales de estas situaciones actuales serían tan ridículas y

vergonzantes en la mayor parte de los casos - porque no tienen «pedigree democrático», o «porque yo soy

más líder que el rival», o «porque el ideólogo de esta doctrina no es otro que yo mismo» -, que bien

pudieran ser la primera de las fuerzas impulsoras de la unión inmediata.

José CAVERO

 

< Volver