Autor: ÍBERO. 
   La oportunidad de la Democracia Cristiana     
 
 Pueblo.    24/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LA OPORTUNIDAD DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA

LA unión de todos los partidos democristianos, parece que va a producirse por fin. La historia de este

proceso es larga y polémica, pero parece que por encima de otros condicionamientos más o menos

justificados, esta unidad puede ser, en breve plazo, un hecho. Entonces, socialistas, liberales y

socialdemócratas, tendrían un claro ejemplo de cómo una ideología que puede contar con el apoyo de una

parte del electorado llega a la unidad, para presentar en las elecciones una opción clara y, si nos apuran,

simple.

* En estas mismas páginas se ha venido pidiendo, insistentemente una clarificación del panorama

político que tenía que pasar obligadamente por necesarios procesos de unidad. Así, hemos comprobado

cómo las plumas de Javier Tussell, Álvarez de Miranda, Ortega Díaz-Ambrona..., han insistido en

la unidad de la familia democristiana. El punto culminante de este deseo llegó con la publicación de

un manifiesto de representantes de todos los partidos democristianos - desde U. D. E. a

Izquierda Democrática -. en el que se constataba con pesadumbre la fragmentación de la D. C. en

España. Y a la hora de reflexionar sobre la desunión, no se anduvieron por las ramas al afirmar «que se

trata de un hecho grave que escandaliza a los amplios sectores populares que profesan nuestras mismas

convicciones...»

* Es evidente, pues, que

ha llegado el momento de superar divisiones, diferenciaciones o rivalidades que pertenecen al pasado.

Los democristianos españoles son por ello conscientes de que es necesario ofrecer una fórmula capaz de

atraer a una porción importante del electorado español. Pero, atención, desde la unidad, no desde la

desunión, ya que en política la tardanza en llegar a situaciones concretas puede resultar una derrota segura

en las urnas.

* Entre los partidos socialistas y comunistas, que sin duda tienen el predominio de la

izquierda y la coalición de Alianza Popular, nos encontramos hoy en España con una amplia zona da

derecha democrática y centro, en la que se encuentran numerosos partidos y en la que todavía no se

advierte, con claridad, cuál va a ser el grupo que pueda llevarse en 1 a s próximas elecciones los mayores

votos del electorado moderado. Pues bien: si la Democracia Cristiana consigue la unidad de todas sus

fuerzas, aún sería posible que esta ideología se convierta en un arbitro válido entre continuistas y

marxistas, lo que, sin duda, podría representar una gran porción del electorado.

* Ante este contexto, nos podíamos preguntar sobre las posibilidades, aquí y ahora, de la D. C. como un

partido da masas. La respuesta a esta interrogante, lógicamente debe hacerse a nivel de conjeturas, pero,

sin embargo, parece o se presenta, como una cuestión clave para el futuro e imprescindible en un régimen

democrático cualquiera. Y en este tiempo de transición, tiene el valor de ser una fuerza de centro válida y

posibilista, precisamente cuando el país está empeñado en pasar, definitivamente, del autoritarismo a la

democracia. En este sentido, las democracias cristianas de Europa son todo un ejemplo.

* La D. C. española deberá encontrar, a pesar de las dificultades, un programa común que ofrezca una

alternativa única, respondiendo siempre a sus principios básicos que permitan diferenciarla como una

Democracia Cristiana auténtica. Así, deberá defender la afirmación del valor y la fe en la persona; la

defensa de los derechos del hombre para todos sin excepción; la fidelidad a la democracia; el

reconocimiento de una pluralidad da comunidades; la defensa de la solidaridad..., principios todos ellos

decisivos para lograr una convivencia estable entre todos los españoles en paz y libertad.

* Sólo así, con un programa sencillo y claro, la situación de la D. C. terminará de ser confusa. Es cierto

que el pasado ha dejado en todos los terrenos políticos un gaseoso estado de esterilización, pero es hora y

momento tal vez histórico, de que una ideología que tiene la etiqueta de democristiana, posibilite al

electorado una abierta claridad política para que pueda optar con libertad y sin confusión.

* Estas reflexiones podrían concluir con el mismo deseo antes expresado: un gran partido democristianos

sería imprescindible para la España de 1977, en el intento de todos por estabilizar la democracia. En esta

opción política habrían de caber marginando todo tipo de personalismos, sectores muy amplios de la

sociedad española. Estamos, pues, ante la gran oportunidad de la Democracia Cristiana: la última, acaso,

ante las ya muy próximas elecciones generales.

IBERO

 

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