Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
   La votación del miércoles en el Parlamento debe hacer meditar al Gobierno     
 
 Ya.    16/09/1977.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 20. 

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NACIONAL

CARTA ABIERTA DE AUGUSTO ASSIA

La votación del miércoles en el Parlamento debe hacer meditar al Gobierno

Aunque lo oposición está tan dividida como fracciones la componen, el Gobierno no cuenta con una sola

de estas facciones a su favor

La de Santander fue calificada de "manifestación a la inglesa" porque no intervino en ella la Policía,

cuando no hay en

Inglaterra manifestación en que la Policía no intervenga como escolta y protección

Querido director:

Es muy posible que, como afirma alguno de mis colegas, el primer debate que, después de cuarenta años,

ha tenido lugar en nuestro Parlamento haya constituido una victoria del Gobierno de Su Majestad. Pero

es esto que hemos visto es una victoria, debe de ser la más pírrica de que fue escenario el mundo desde la

de Pirro.

He estado toda la mañana revolviendo entre recortes, libros de referencia o agendas para encontrarle,

entre las otras siete monarquías, precedente a la votación del miércoles en el palacio del Congreso, donde

cada uno de los cinco o seis partidos en que estamos representados procedió de modo distinto al otro, y

el Gobierno no ha conseguido ni un solo voto que no le perteneciera, sino que, al revés, incluso algunos

de los que, en el papel, le están obligados se abstuvieron, sin contar el que, al parecer, votó con los

comunistas. Fueron en balde todos mis esfuerzos.

No hay precedente, o al menos yo no lo he encontrado, después de la última guerra de una votación en

que una monarquía se haya mostrado en el Parlamento tan desmenuzada, tan contradictoria y tan

anárquica como aquella con que en la noche del miércoles fue rematado el debate sobre la reyerta entre

el doctor Blanco y la Policía, No hay precedente de que en un Congreso de 350 diputados el Gobierno

obtenga a en favor sólo 153 y se quede tan campante.

Muchos Gobiernos de distintas monarquías se han visto derrotados parlamentariamente, pero nunca sin

que, en un contexto de cinco o seis partidos, hubiera alguien que le haya echado una mano generosa o

hubiera sido dividida de algún modo, aunque insuficientemente, la oposición.

SALVESE QUIEN PUEDA

El grito que aquí sonó el miércoles por la noche ha sido el de "sálvese quien pueda", dejando al Gobierno

de Su Majestad en la soledad más total y fría, a pesar de la torridez de la noche, en que se haya visto

sumido parlamentariamente Gobierno alguno de monarquía alguna después de la guerra en Europa.

Que esto no constituye motivo para dimitir es obvio, entre otras razones porque los motivos que han de

obligar al Gobierno a dimitir no están fijados todavía constitucionalmente y es uno de los aspectos en

que las monarquías varían más de unas a otras. Pero de que constituye más que motivo para que el

Gobierno medite sobre su situación y, antes de que sea tarde, vea la manera, de ponerle remedio, es

igualmente obvio. Si hay una enseñanza que haya salido del debate del miércoles, y es la de que, aunque

la oposición está tan dividida como fracciones la componen, el Gobierno no cuenta con una sola de éstas

fracciones a su favor y, sin todas ellas, está a merced de la propia minoría, que tampoco da muestras de

excesiva solidez.

¿Podría subsistir en Europa otro Gobierno de otra monarquía frente a un Parlamento que, componiéndose

de 850 diputados y seis partidos, no votara a su favor ninguno de los cinco que forman la oposición, y en

una votación, después de un debate que duró dos díac, no consiguiera más que 153 votos?

Basta plantear la interrogación anterior para poner de manifiesto la debilidad de nuestro Gobierno, que el

Gobierno habrá de sentir cada vez más a medida que el Parlamento vaya asumiendo las funciones que le

corresponden, sin duda ninguna.

El planteamiento del debate, su motivo y el modo como el Gobierno lo ha conducido ha sido una comedia

de errores que difícilmente podría dar otro resultado que el que dio. A pesar de su admirable frialdad, el

ministro del interior cometió, ya de primeras, la garrafal pifia de declarar la de Santander "una

manifestación a la inglesa", porque no intervino en ella la Policía.

Me dirá usted quizá, señor director, que un ministro español no tiene por qué saber que no hay, ni puede

haber, en Inglaterra manifestación alguna, política o no, en la que la Policía no tome parte como

escoltadora y protectora. En todo caso, ¿por qué el señor Martín Villa tenía que hacer una observación

totalmente contraria a la realidad?

LA ACTUACIÓN DEL COMISARIO

¿Y qué decir, querido director, del comisario de Policía de Santander que, encontrándose con unos

detenidos, cogidos "infraganti" por los guardias armados, en vez de proceder, como procedería cualquier

comisarlo de cualquier otra monarquía, entregándolos al juez de guardia, lo que el comisario hace, al ver

que hay entre ellos un diputado, es llamar al gobernador y pedirle órdenes?

Pero ¿qué decir de un gobernador que en vez de recordarle al comisario que no estamos ya en la dictadura

y que son los jueces, y no los gobernadores, los únicos que pueden liberar o procesar a los detenidos, lo

que hace, a su vez, es asumir el mando de juez?

¿Qué decir del mismo gobernador que, para justificar que no tiene hostilidad contra los diputados, alega

que "les mandó a buscar el aeródromo en automóvil? ¿Pero con qué función constitucional y legal obra el

señor gobernador cuando envía a buscar en automóvil a unos diputados? ¿Quién paga la gasolina, el

chófer, el coche?

¿Cómo es que nadie, ni tirios ni troya nos, pone en berlina durante los dos días tal serie de ilegalidades y

errores, que serían los que se convertirían en el verdadero motivo de escándalo en cualquier otro

Parlamento monárquico, señor director?

Que el Gobierno está sólo, rodeado por sus huestes no muy sólidas y muy escasas en el Parlamento; que

no está muy enterado de lo que en verdad ha sido lo constitucional ni lo anticonstitucional en el entero

asunto del debate; que el ministro del Interior alude, con increíble ligereza, para declarar "inglesa," una

cuestión que es lo menos inglesa del mundo; que el Parlamento, en ninguna de sus fracciones, se ha

percatado de donde estaba el talón de Aquiles y dos días enteros estuvo dando palos de ciego, tal es,

querido director, visto por un observador acostumbrado al panorama europeo, lo que fundamental y

tristemente emana de un debate pensado con los pies.

De usted affmo. amigo y s. s.

Augusto ASSIA

 

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