Autor: Saiz, José Ramón. 
   El penúltimo objetivo de Gil-Robles     
 
 Pueblo.    01/03/1977.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EL PENULTIMO OBJETIVO DE GIL-ROBLES

HAY una cosa incuestionable en estos momentos, la D. C. española no va a ganar las elecciones, pero

tiene ética. Participará para perder, pero lo hará con el espíritu de consolidar la democracia. Sólo el

Partido Nacionalista Vasco (cosa curiosa, Arjuriaguerra, su líder, y Ruiz Giménez, compañeros del

equipo» lucharon en frentes distintos en la convienda a olvidar), tiene, sin embargo, muchas barajas en la

mano: el «equipo» de la D. C., desde luego, va a hablar en «euskera». después de las elecciones.

* Pero la razón de nuestro comentario son las declaraciones de don José María Gil-Robles, el domingo, en

San Sebastián. Ha dicho que está dispuesto al sacrificio personal para unificar a la Democracia Cristiana.

Estas palabras, en boca de quien las ha pronunciado, adquieren una significación extraordinaria.

Recordamos, porque la Historia lo tiene escrito, el gesto de Adenauer: su último servicio al país fue

conseguir la unidad cristiano-demócrata en su país. El viejo canciller fue el creador de la nueva Alemania.

La D. C. ostentó el poder en su persona y ello dio prestigio a la D. C. Gil-Robles, por el contrario, no tuvo

el poder en su expresión más amplia; si tuvo resortes en la II Re-pública (trabajó y luchó por la concordia,

pero «no fue posible la paz»;, y después, con el régimen nacional, pasó al mayor ostracismo, a la

oposición perseguida.

* Gil-Robles hoy está re-habilitado. La propia democracia por la que luchó lo ha rehabilitado, aunque el

transcurso de tantos años de actividad política puede haberle hecho sufrir un significativo desgaste. Así,

las campañas que ha soportado, y quizá la edad, son los factores más importantes que puedan dificultarle,

hoy, en 1977, el acceso a grandes masas del electorado. Pero como parece, Gil-Robles está dispuesto a

culminar su objetivo: unificar a la Democracia Cristiana, verdadero centro del centro, y que como fuerza

política puede contribuir a la consolidación de la democracia.

* El único problema que por el momento ha enturbiado la unidad es el de la credibilidad. Pero a estas

alturas no se pueden estar concediendo patentes de democracia, precisamente, hoy, cuando ya nadie se

atreve a no llamarse demócrata en este país. En estos momentos no se puede discutir que en U. D. E. hay

democristianos, lo mismo que en el P. P. D. C. (que cuenta con la importante personalidad de Álvarez de

Miranda) y en U. D. C. Es. sin duda, la D. C. una gran familia dispersa a la que sólo separan temas

negociables, como el federalismo, o las más o menos veleidades con los comunistas y socialistas.

* Si Gil-Robles. político experto, hábil en la estrategia, se lo propone, con-sigue a corto plazo y después

de estas primeras elecciones, la unidad democristiana, habrá logrado el mismo servicio que Adenauer

antes de su retirada de la política activa, y se habrán superado esas pequeñas rencillas personalistas, no

justificadas, cuando los programas políticos coinciden con más o menos precisión en grandes objetivos.

*Gil-Robles lo sabe: grandes sectores del país están esperando una clarificación en esas cuatro o cinco

listas electorales que, definitivamente, concurrirán en las elecciones. Se cumplirá ese día la muerte del

carnavalesco juego de los partidos, que aún superan el centenar. No hay más opción, ni tampoco otra

meta: ofrecer al electorado fórmulas sencillas, y si me apuran, simples. Gil-Robles tiene, pues, una gran

estrategia y un objetivo que cumplir.

José RAMON SAIZ

 

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