Autor: Tusell, Javier. 
 Tiempo de elecciones. 
 El Besugo     
 
 ABC.    18/03/1977.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

18 DE MARZO DE 1977. PAG. 9.

TIEMPO DE ELECCIONES

EL BESUGO

por Javier TUSELL

No, no es un error. El título de este artículo de comentario político es el nombre del sabroso pescado.

¿Cómo se puede hablar de política sacando a colación el besugo?, se preguntará el lector. En realidad ya

se hizo en este mismo diario por Wenceslao Fernández Flores poco tiempo después de proclamada la II

República. Hubo, al parecer, por entonces, un ciudadano tan mesiánico como ignorante, que propuso al

alcalde de Madrid aclimatar besugos en el estanque del Retiro. Sólo en un ambiente típico de después de

un cambio de régimen se puede imaginar que para algunos la virtualidad del cambio político llegara hasta

el extremo de permitir la vida a tales peces, dando graciosos saltitos, en medio de la capital del país. Pero

decía también Fernández Flores. a esta tesis, de que la nueva España permitía tan amplias posibilidades

piscícolas, que había que contraponerle la de quienes afirmaban severamente que el resultado de los

cambios institucionales sería todo lo contrario. La República, para ellos, alejaría del límite de las aguas

jurisdiccionales a los besugos y sus hembras serían condenadas, por la barbarie de los gobernantes

republicanos, a pasar al harén de los peces-sapos.

Tan irónica crítica del mesianismo y antimesianismo engendrado por la República de 1931 no ha perdido

su virtualidad en el momento actual. Ahora no se trata, claro está, de la República, pero el «besuguismo»

sigue estando bastante generalizado en el presente panorama político español. Así sucede sobre todo con

la mística del franquismo y del antifranquismo: para unos, el haber granado una guerra civil sigue siendo

un argumento para mantenerse en el poder, aun después de tanto tiempo y con procedimientos nuevos;

para otros, el haberla perdido es un argumento suficiente para pedir el voto al elector. La izquierda, que

tiene en sus filas demasiados intelectuales, anda meditando revoluciones imaginarias j utilizando un

lenguaje esotérico en vez de emprender la tarea, más áspera y difícil, de pensar viables soluciones de

recambio. La derecha parece haber olvidado que lo que siempre la ha caracterizado es ser capaz de «una

filosofía de lo concreto», de las soluciones prácticas, si quiere ser verdaderamente conservadora (en

definitiva, no piensa como el personaje de la novela italiana, tantas veces citada, que es necesario que las

cosas cambien mucho para que sigan igual). Por el contrario, practica la filosofía de la resistencia: la que

puso en práctica por vez primera el actual presidente de las Cortes al nombrar a un ministro-defensa.

Ahora, a medida que se inicia la campaña electoral, la derecha parece practicar el más riguroso

«catenaccio» ideológico, consistente en resistir a todo trance.

Como sigamos con estos misticismos «besuguistas», mal van a ir las cosas. En primer lugar, porque en

una campaña electoral se debaten (o se deben debatir) problemas reales (la constitución, la sanidad, los

impuestos, la inflación...) y no sentimientos. Por este procedimiento, a demás, nunca llegaremos a una

concordia en una serie de puntos fundamentales: eso es lo esencial en el momento fundacional de una

democracia. Por el contrario, la campaña electoral puede servir para ¡ventarse nuevas discordias en los

programas. En fin, entre misticismos «besuguistas» de derecha e izquierda el ciudadano español puede

permanecer perplejo y no hay nada peor que eso en un momento como el presente. En consecuencia,

programas, señores políticos españoles, programas. - J. T.

 

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