La segunda república no fue fiel a su espíritu  :   
 Conferencia de don José María Gil Robles y Quiñones. 
 Ya.    10/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

"LA SEGUNDA REPÚBLICA no fue fiel a su espíritu"

Conferencia de don José María Gil Robles y Quiñónez

"Nos acercamos a una nueva prueba en la que se pueden poner frente a frente las soluciones y los males",

dijo ayer, don José María Gil-Robles y Quiñones en el curso de una conferencia pronunciada en la

Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Autónoma de Madrid con el título "Antecedentes de

la guerra civil española".

Comenzó el presidente de la Federación Popular Democrática remontándose al siglo XIX, el atraso

intelectual, social y político que hacía difícil la penetración de las nuevas ideas nacidas de la Revolución

Francesa, para pasar a analizar el hecho del elemento el siglo pasado, elemento en el que militar

dominante durante todo el progresismo va ganando terreno con el paso del tiempo. En este marco, con

una política exterior abandonada y una política interior en la que va surgiendo un proletariado que pide su

lugar en la sociedad española y que las mejores inteligencias del país no supieron ver, el Ejército se

repliega posteriormente un poco a sus cuarteles, pero los movimientos sociales tienen cada vez más

fuerza. "Nadie—afirmó Gil-Robles—, ni Cánovas, que en 1890 señaló en el Ateneo que los movimientos

obreros son cosa de locos, penetró en la esencia del problema social".

El descontento del Ejército, paralelo al descontento obrero, desemboca en la revolución de 1917. Con

anterioridad había tenido lugar la Semana Trágica de Barcelona en 1909, dos acontecimientos que

significan e] enfrentamiento claro entre un Ejército, instrumento del conservadurismo de intereses claros,

con las fuerzas trabajadoras y sus reivindicaciones no atendidas. En 1923, cuando Primo de Rivera, con

su golpe de Estado, es recibido con gran contento y confianza, la idea de la dictadura, según Gil-Robles,

iba germinando incluso en los elementos parlamentarios. Pero el dictador no supo integrar la fuerza

socialista en la vida política española.

Las elecciones del 12 de abril de 1931 pusieron frente a frente al campo y a la ciudad, fenómeno éste sin

posibilidad de repetición, según Gil-Robles. Cuando se celebraron las Cortes constituyentes, tras unas

elecciones municipales, surgió el problema no resuelto por el pacto de San Sebastián: triunfó

el viejo criterio laicista, que determinó una política de tipo duro, persecutorio, que trajo la reacción de

todas aquellas fuerzas que se sintieron heridas. Con la gravísima revolución de 1934 el Ejército de nuevo

ahonda en el antagonismo citado con anterioridad.

El fracaso de la Segunda República fue atribuido por el líder de la antigua CEDA al hecho de que no fue

fiel a su espíritu y a que las fuerzas conservadoras siguieron oponiendo una resistencia casi invencible a

los cortos avances sociales iniciados. "Ningún grupo—afirmó—supo tener la generosidad suficiente para

hacerse cargo de la posición del adversario."

La conferencia de don José María Gil Robles prevista para mañana dentro de este mismo ciclo ha

quedado aplazada hasta que se cuente con un local de mayor capacidad.

 

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