Autor: Palomino Giménez, Angel. 
   Señor González     
 
 ABC.    30/09/1977.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

SEÑOR GONZÁLEZ

MUY señor mío:

En primer lugar debo decirle que ni personal ni polÍticamente me debe usted la más

mínima atención. Yo no le voté; usted esta en el Congreso por decisión personal, libre, secreta y, en alto

porcentaje, Ingenua de otros españoles que, en buena parte, entre dos totografias prometedoras eligieron

la suya; entre las imágenes de dos abogados -uno vestido por un sastre modoso y otro que se compra le

ropa en las «boutiques» juveniles, informales y "unisex»- eligieron la del muchacho informal en lugar de

la del circunspecto, y esa elección lo coloca a usted al frente de la Oposición Parlamentaria. Por eso le

escribo. Porque la Oposición es usted con sus diputados y senadores. Porque no está nada bien que este

duro e ingrato trabajo de oponerse al Poder lo tengamos que hacer unos pocos ciudadanos particulares,

dado que, como habrá usted observado, algunos que antas tiraban con bala, denunciando irregularidades

administrativas y errores políticos, ahora están muy entusiasmados con lo que se hace -que lo hacen

ellos-; y si alguna vez sacan la ira crítica a relucir es para continuar en la matraca temática de los

cuarenta años y poner como hoja de perejil a Carrero, a Sánchez Bella, a Girón, a Solís, a Fernández de

la Mora o a Franco. Parece como si no se hubiesen dado cuenta de que, por culpa de la aceleración

histórica, todo aquello queda política y económicamente lejísimos y que el actual Gobierno dedica

esfuerzos muy meritorios a la sacrificada tarea de crear ira en los gobernados. Usted está obligado a ser

el tambor de esa ira, su resonador implacable. Tengo en cuenta que el señor González Seara se ha

pasado, armado de tenedor y cuchillo, al pastel, con lo cual se ha perdido para la Oposición uno de los

más descomedidos cerebros creadores de curare desinformativo antigubernamental que ha funcionado en

España -¿puedo decir España?- en los últimos años.

YO me quedo de una pieza cuando leo lo que hacen usted y los suyos en el Parlamento. Señor González:

le aseguro -y hasta se lo prometo por mi conciencia y mi honor- que si yo tuviese detrás las casi

doce docenas de disciplinados diputados que usted tiene y los padrinos europeos que tan fácil le han

puesto su camino de rosas hacia el tiderazgo, el Gobierno Suárez estaría hoy comportándose con más

sensatez y, sobre todo, con más austeridad.

No tiene usted derecho a hacerse el ciego y el sordo. El Gobierno está cometiendo abusos de Poder

dejante de sus narices; y no me refiero a abusos de autoridad -que no la hay, y ahí si parece que se

sienten ustedes muy celosos en cuanto la Policía detiene a un terrorista laboral o separatista-: hablo de

abusos económicos y despiltarros imposibles de costear y de tolerar en silencio. Su obligación es

oponerse, negarse a admitirlo, llamar al Gobierno, sentarlo por las buenas o por las malas -es decir, por

la vía de reglamento o por el indudable peso de su representatividad- en el banco azul y ponerlo a caer

de un burro. Decirle que menos cargos, manos despachos, menos regalos políticos, menos ministros y

menos bromas con las cosas de comer. Esto, y no fingir oposición forzando demenciales plenos para

hinchar perros contra la Policía Armada -aunque luego lo niegue en un discurso deshuesado y

artificioso- o para cumplir consignas argelinas pidiendo que declaremos la guerra a Marruecos.

No crea que me preocupa ni me molesta lo que cobren o vayan a cobrar cada uno de los hombres del

presidente; eso no es dinero y con su pan se lo coman. Lo que me pone los pelos de punta es el hecho de

que cada uno de esos cargos genera un presupuesto de cientos de millones para sostener sotamenta su

aparato burocrático y de miles de millones -si les dejan- para manufacturar su prestigio político.

LEO las intervenciones de sus hombres frente al ministro de Hacienda y me sonrojo. Se quedan en

el toreo de salón, el latiguillo demagógico-científico. El matiz, el retintín y la pijadita, cuando sólo hay

una cosa que decir; esto:

"Háganos la merced de informar a su Gobierno, señor Fernández Ordóñez de nuestro escándalo: ese plan

no es un plan; es un bando, es un ejemplo de libro, un problemita de aritmética elemental: no tiene

discusión.

Como no tiene discusión que dos y dos son cuatro. Se podía usted haber ahorrado el discurso. Lo malo de

ese plan es que sacrificios a los obreros, sacrificios a la clase media y sacrificios a los ricos. Pero

los pide un Gobierno inmoderado en el gasto; un Gobierno formado por demasiados ministros y que ha

multiplicado impúdicamente la cabezota burocrática; un Gobierno que parecía dispuesto a subirnos el

sueldo a los diputados en un 162,5 por 100 de una tacada; un Gobierno que inventa Ministerios

subliminales, gomosos y atípicos, y Consejerías de coste inaceptable, y funciones de política de partido

disfrazadas de actividad administrativa; un Gobierno que pretende contener la inflación y sube el precio

de la gasolina proporcionando una sobreacelaración de apaga y vamonos, de castañazo mortal, de "crack"

con rebaba, a la más activa de las desencadenantes inflacionarias.»

Su obligación es decirle al ministro de Hacienda que ni los ricos, ni la clase media ni, mucho menos, los

obreros -que son la «O» del partido, su fundamento e imagen, no su pretexto y su máscara- van a

responder con solidaridad ni con resignación ni con nada a petición tan matemáticamente razonable,

simplemente porque el Gobierno carece de fuerza moral y de credibilidad política y administrativa pata

pedir sacrificios económicos a nadie. A no ser que usted se ponga en su sitio, abra la caja de los truenos y

exija austeridad.

Usted dirá -no a mí: yo no existo; para usted ni siquiera existe el profesor Tierno- qea no vale la pena

oponerse porque el Gobierno tiene más votos y, en el improbable caso da que sus actos de estructuración

administrativa pudieran ser sometidos a votación, los sacarla adelante por mayoría dentro siempre dal más

exquisito juego democrático.

PERO usted no puede hacer eso. Ignoro cuántos obreros tiene en sus filas, pero sé con toda certeza que

economistas, ingenieros, profesoras y letrados los tiene usted a barullo. Y le aseguro que si pone al

Gobierno contra las cuerdas leyéndole unos cálculos sencillos realizados por un buen equipo de expertos

elegidos entre los que acabo de enumerar, eslo se arregla: van a la calle unos cuantos y los ricos, los

pobres y los de siempro -que no son ni los ricos ni los pobres; aquí el pato lo ha pagado siempre la clase

media- estarían dispuestos al duro camino de la solidaridad en el ayuno.

Su deber consiste en ejercer la oposición, en oponerse hasta desgañitarse, en ayudar a España que la ha

votado para eso, para que la defienda; en ayudaría, aunque sea ayudando dura y lealmente el Gobierno

llamándolo al orden y -el antes se carga de razón y no de invenciones- obligándolo a dimitir.

Su deber, señor González, es ser duro y hasta descomedido, si es necesario; por ejemplo, cuando nada

menos que un ministro -el señor Camuñas, hoy astutamente autodesorbitado- iba a llevarle un mandao

del presidente, su deber era, y es, pegarle un revolcón; su deber era, y es, decirte que para eso no hace

falta un ministro y menos un Ministerio; su deber era, y es, pasárselo a cualquiera de sus secretarias:

-Margarita, atiende al señor Camuñas, toma nota y luego lo cuentas. Y date cinco duretes para un helao.

Pero usted ha preferido sentarse y esperar como un árabe macareno. Esperar, en este caso, a que el

ministruelo revoltosillo finja una rabieta y abandone el barco Suárez en espera de una nave más segura y

camarote más modernillo; esperar que el presidente y sus hombres se quemen por sí0 mismos. Aunque se

hunda España.

Eso no es hacer oposición, eso es cazar. Algo que como se descuide, le va a suceder a usted en el propio

P.S.O.E., en el que un número dos cataclismas y pirotécnico se está haciendo la imagen de líder

verdadero y alzándose con el amor de sus ardorosos cachorros tricolores.

Angel PALOMINO

 

< Volver