Autor: Tusell, Javier. 
   La Democracia Cristiana, ¿ con el centro?     
 
 Ya.    17/02/1977.  Página: 5,6. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

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LA DEMOCRACIA CRISTIANA, ¿CON EL CENTRO?

LA referencia que al Equipo del Estado Español de la Democracia Cristiana hizo el señor Areilza en su

intervención ante el Congreso del Partido Popular merece, sin duda, agradecimiento por parte de quienes

militamos en los partidos en el seno de aquél porque demuestra una buena disposición que, en el confuso

y cambiante panorama de la política española actual, es a veces difícil de encontrar. Me atrevería a decir,

además, que fue también de plena justicia porque efectivamente durante años de oposición al franquismo

han existido unos partidos que por su lucha en pro de la democracia tienen bien ganado un prestigio ante

la opinión pública que no puede ni debe verse malogrado ante unas elecciones. A título exclusivamente

personal me atrevería a afirmar que las palabras del señor Areilza merecen una respuesta y que ésta ha de

ser positiva por lo menos en el siguiente sentido: Es necesario establecer unas negociaciones en que

queden delimitadas las respectivas posturas y objetivos. Como es lógico no pretendo, en las líneas que

siguen, determinar el contenido de las mismas, lo que, por supuesto, no me corresponde, sino tan sólo

justificar con argumentos, en mi opinión consistentes, que deben tener lugar.

HE de adelantar, sin embargo, que el Centro Democrático no me parece, ni mucho menos, la solución

óptima que cabría imaginar en principio. Por el contrario, hubiera sido mucho mejor que los grupos

políticos que durante años han militado en la oposición democrática hubieran sido capaces de unirse (me

refiero no sólo a demócratas cristianos, sino también a liberales y socialdemócratas) para ofrecer

alternativas claras e incorporar a sus filas a quienes, no habiendo militado en la oposición, hubieran

evolucionado de forma sincera hacia unos ideales democráticos. No ha sido, sin embargo, así. Ese ideal

no se ha cumplido, y una actitud realista (que no cínica) nos debe hacer concluir que es a estas horas

imposible que acabe sucediendo de aquella manera. Como al inconveniente de la desunión se une el de la

fragilidad numérica y cuantitativa, es muy probable que no quede otra solución que alianzas electorales

del tipo de las que están haciéndose públicas desde hace unas semanas. Como historiador me permito

sugerir que ha sido precisamente la manera como se está produciendo la transición hacia la democracia la

que explica que ese ideal no se haya podido cumplir.

SE perfectamente que hay argumentos sólidos en contra de, la tesis que estoy sustentando. Sin embargo,

el primero de ellos (el que se refiere al carácter de neofranquista del Centro Democrático) me parece cada

día menos sólido; desde luego que hay neofranquistas en él, pero no es menos evidente que la diferencia

con Alianza Popular se hace cada día más notoria. Por otra parte, no es sólo que recientes

incorporaciones, como las del señor Boyer, transforman el aspecto político del Centro; es que además el

propio Partido Popular ha elegido como secretarios (y, por tanto, las personas más directamente

encargadas de su promoción) a quienes sólo retorciendo gravemente la argumentación cabe denominar

franquistas. En mi opinión, el verdadero peligro que existe de recaída en el franquismo está, en primer

lugar, en la Alianza Popular, a la que hay que contraponer una formación electoral suficientemente

significativa, y, en segundo, en que el Centro Democrático, por su composición, pueda, en una

determinada situación parlamentaria futura, gravitar hacia aquélla. Desde mi personal opción ideológica

nada seria más lamentable, por otra parte, que enfrentarse, de una manera quizá irreversible, con quienes

han militado durante años a nuestro lado (el caso del Partido Popular Demócrata Cristiano).

EN segundo lugar, y partiendo de la realidad de lo enteco de los partidos de oposición existentes, parece

evidente que no existe otra alternativa que algún tipo de negociación con el Centro. Sobre el socialismo

español ha dicho nada menos que el señor Boyer que practica "un marxismo arcaico y más extremo que el

del Partido Socialista francés o el comunista italiano", lo que nos imposibilita una conjunción electoral.

Por otra parte, una cosa son las alianzas parlamentarias de "centro-sinistra" y otra muy diferente

coaliciones en los comicios; convendría recordar que nunca han ido socialistas y demócratas cristianos

juntos a unas elecciones en Europa, y ello por la obvia razón de que tienen electorados diferentes, que se

restarían mutuamente en el caso mencionado. Finalmente, para la citada alianza falta algo tan primordial

como que la otra parte quiera, y esto lo han negado los socialistas (y también los socialdemócratas del

señor Lasuén) en repetidas ocasiones. ¿No será cuestión de pensar si no es mejor ser la izquierda del

Centro que la derecha de nada?

FINALMENTE, el problema más grave que existe (y es de difícil solución) es el de las regiones, países o

pueblos con un elevado grado de conciencia nacional. Este último hecho introduce una diferenciación

importante con el resto de las provincias españolas que prácticamente imposibilita una alianza para la

totalidad del país. Es, por ejemplo, impensable que los demócratas cristianos "homologados" catalanes o

vascos puedan considerar que sus intereses federalistas pueden ser defendidos en una agrupación como el

Centro Democrático. Hay, además, otro factor de carácter no ideológico, sino político, que imposibilitaría

ese tipo de alianza en el improbable caso de que se intentara; lo que el Centro Democrático representa en

la totalidad de España no existe probablemente en el país vasco, y tan sólo, si acaso, algo más en

Cataluña, Galicia o el País Valencia. Quienes militan en los partidos demócrata-cristianos de esas

regiones deberían pensar que el Centro Democrático es una fuerza política efectiva en otras y que, en

consecuencia, algún tipo de inteligencia electoral puede ser muy útil para que el número de diputados de

ideología federalista no sea tan sólo un puñado estéril en las próximas Cortes. Es a todas luces evidente

que se puede repetir la situación histórica de principios de siglo con un Cambó buscando inútilmente un

interlocutor válido en Madrid.

A partir de las bases que vengo enumerando creo que resultaría posible al menos un cierto acuerdo entre

el Centro Democrático y el Equipo del Estado Español de la Democracia Cristiana. Acuerdo que

presumiblemente no habría de suponer la integración del segundo en el primero ni debería referirse a la

totalidad de las circunscripciones electorales. Acuerdo que, sobre todo en el momento presente, requiere

una negociación, a ser posible inmediata; el objeto de estas líneas no es otro que el de señalar la necesidad

de la misma, no su contenido ni su resultado final. Acuerdo, finalmente, que puede ser beneficioso para

ambas partes. En otros artículos, desde estas mismas páginas, he señalado las características lamentables

en muchos sentidos que tienen algunos de los partidos del Equipo. Sentiría que mis afirmaciones no

hubieran sido tomadas como lo que efectivamente eran: una autocrítica que, sin duda, se puede ejercer

desde el seno de muchas otras agrupaciones políticas del presente español. No voy, por pura lógica, en

estos momentos a criticar al Centro Democrático, pero convendría recordar a sus miembros que el Equipo

es mucho más que una homologación internacional y una trayectoria intachable; aunque sus efectivos

sean, de momento, muy discretos, tiene tras de sí un importante caudal de voto potencial.

Javier TUSELL

 

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