Autor: Álvarez Álvarez, José Luis. 
   La evolución de la Democracia cristiana     
 
 Ya.    20/02/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 18. 

LA EVOLUCIÓN DE LA DEMOCRACIA CRISTIANA

LA construcción de la Europa democrática, tras la segunda guerra mundial, como decía muy bien en estas

mismas páginas hace muy poco mi admirado amigo Simón Tobalina, fue en buena parte obra de la

Democracia Cristiana.

Hombres que eran demócratas y cristianos se esforzaron por la construcción de una alternativa política

que unía las ideas propias de la democracia con las del humanismo cristiano. Eran los últimos años de la

década de los cuarenta y sobre dos grandes personalidades, Adenauer y De Gasperi, en los dos países que

necesitaban una nueva solución, Alemania e Italia, se crearon dos grandes partidos democristianos que

han cumplido una decisiva función.

DESDE entonces hasta hoy han transcurrido treinta años. La situación en Europa ha evolucionado

profundamente. La democracia se ha asentado en el Occidente europeo. En unos países existe un partido

de ese corte y en otros no. Inglaterra, por su peculiar situación religiosa, nunca ha tenido partidos de ese

nombre en Bélgica existe un decisivo partido de carácter semejante, pero en el que se acentúa el aspecto

social, el Partido Social Cristiano; en Austria los que mantienen una ideología semejante están en el O.

Volkspartei o Partido Popular; en Francia, el MRP no llegó a arraigar y los cristianos demócratas están

sobre todo en el partido de Lecanuet, el RPR y los independientes.

LA evolución de la iglesia ha sido todavía más trascendente. El Concilio Vaticano II ha optado por la

libre opción política del cristiano con los solos límites de no abrasar o soportar posiciones políticas

que vayan contra los principios fundamentales del cristianismo, y esto ha sido recordado muy

recientemente en nuestro país. Asi ningún partido debe atribuirse el calificativo de cristiano, aunque

naturalmente eso no significa que no pueda reconocer que en su doctrina es decisiva la inspiración

cristiana, e incluso para los que somos cristianos eso sea un dato decisivo.

Pero es más, el Partido DC italiano le han terminado votando en las últimas elecciones los liberales y

socialdemócratas, que, ante el empuje del comunismo y la insignificancia del socialismo italiano, se han

unido alrededor de la DC. Y de cara al Parlamento Europeo que, ha de elegirse en 1978 se empieza a

vislumbrar un fenómeno importantísimo que se ha objetivado en un primer dato: la U. Europea

Demócrata Cristiana decidió en julio de 1976, y precisamente para el Parlamento Europeo, la promoción

del Partido Popular Europeo en el que se integran ya no sólo partidos demócrata cristianos, sino otros de

ideología paralela y de países en que ese calificativo no tiene aplicación política.

Y se empieza a reflejar en otra operación a nivel europeo de gran trascendencia: la unión, ante el empuje

de la internacional socialista, en ese Parlamento Europeo de los partidos de centro que participan de las

ideas de libertad, reforma social y humanismo cristiano por encima de la pura etiqueta demócrata

cristiana, y sin renunciar, naturalmente, a la esencia de su ideología.

COMO es lógico, en estos treinta años la evolución de los democristianos europeos, gente valiosa,

ideológica y prácticamente, ha tendido a acomodarse a las necesidades de su realidad social, sin abdicar

en absoluto de sus ideas centrales y de su inspiración Cristiana.

Es conveniente conocer esta situación para valorar y encauzar la española. No sea que por falta de

imaginación o por afán de utilizar en exclusiva una etiqueta vayamos a caer en errores que perjudiquen al

país. No podemos resolver, por mimetismo o anquilosamiento, los problemas de España de 1977 con

soluciones de Alemania e Italia de 1947. Los que, como yo, somos demócratas y cristianos, y que nos

hubiéramos llamado demócrata cristianos en aquellos años y en aquella situación, tenemos que construir,

como ellos hicieron entonces, pero para hoy y para España, una alternativa política que una las ideas de

democracia y de humanismo cristiano, pero que incorpore las nuevas realidades.

Esa es la tarea de los que nos sentimos demócrata cristianos:

• Estructurar un partido que cumpla la función que cumplió la DC en aquellos años, que se opuso de un

lado al socialismo marxista, rompió de otro con las soluciones totalitarias que ya se habían extinguido y

habían llevado a sus países al desastre e impulsó la vida pública sobre las ideas de libertad y respeto a la

dignidad de la persona humana igualdad entre los hombres con unas reformas sociales importantes y

recepción del humanismo cristiano.

• Estructurar ese partido con conocimiento de la demanda de la sociedad española actual, con espíritu

moderno y creador adaptado al presente y al futuro europeo, y con vista de la nueva situación del valor

religioso en la vida pública reflejado por la misma Iglesia. Crear la solución para hoy y no limitarse a

copiar la solución que otros hombres, acertadamente, crearon para los años cuarenta.

Ese partido no es hoy un partido confesional, ni un partido que se llama demócrata-cristiano. Nombre que

curiosamente han ido abandonando hasta los partidos españoles que pretenden estar en la ortodoxia y

decir quiénes somos los heterodoxos.

EN la España de hoy hay muchos demócratas que no quieren prescindir de estas tres ideas básicas que

forman, conjuntamente, la esencia de su pensamiento y su conducta:

• Que la libertad del hombre es básica, se funda en su misma, naturaleza y en el principio de la dignidad

de la persona, humana. Esto ha de tener su reflejo en todos los campos de la vida humana, y por ello el

Estado ha de estar al servicio de los hombres y no ser éstos un número o un puro elemento de

producción. Es la aportación básica de la tradición, liberal europea opuesta o, toda solución colectivista o

totalitaria.

• Que la sociedad debe ser más justa y solidaria, y debe alcanzarse una mayor igualdad entre los

hombres sin matar ni la iniciativa ni el estimulo para el esfuerzo personal. Y el Estado por ello tiene la

obligación de intervenir para lograr una mayor justicia social y distributiva y evitar los excesos del

individualismo y del egoísmo de los hombres. Es la esencia de la socialdemocracia despojada de los

dogmatismos marxistas y de las soluciones colectivistas utópicas e inadecuadas a la creatividad y a los

niveles del mundo occidental al que pertenecemos.

• Que la organización social, familiar y cultural no debe prescindir de las ideas del humanismo cristiano

que es fondo común de la cultura europea. Es esa inspiración cristiana que forma parte de nuestras reglas

de moral y conducta, independientemente de la postura ante la religión que pertenece a la esfera íntima.

Y con esas tres ideas es preciso hacer la nueva síntesis que forme la ideología, única, coherente, eficaz y

progresiva, del partido que corresponde a lo que fue la democracia cristiana que nació en los años

cuarenta. Por esta vez, si tenemos fe en nuestra capacidad creadora y no esperamos "que inventen ellos",

podemos contribuir al éxito de la democracia y a la convivencia pacifica y fructífera del país en la medida

que lo hicieron los demócratas cristianos aquellos años y coger el tren de la política europea antes de

arrancar, y no después, ya en marcha, copiando sus viejas soluciones cuando ellos ya las están superando.

José Luis ALVAREZ ALVAREZ

 

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