Autor: Villasana, Ignacio. 
   La DC y el Partido Comunista     
 
 Ya.    15/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LA DC Y EL PARTIDO COMUNISTA

EN la ceremonia de confusión que hoy es la vida política española hay que aclarar lo antes posible la

actitud de los principales partidos respecto a la democracia y a la libertad. El elector tiene que saber a qué

atenerse. Hay que identificar a los partidos que no estén dispuestos a aceptar el libre juego democrático y

que, si triunfan, harán lo posible para que las elecciones sean las últimas libres. Sería una triste gracia que

el período predemocrático en que vivimos resultase ser sólo un intermedio entre dos dictaduras.

DEJANDO a un lado a los energúmenos de derechas o de izquierdas, que sólo podrán conseguir

poquísimos votos (aunque eso no quiere decir que no sean peligrosos), hay dos partidos españoles cuya

sinceridad democrática es dudosa: a la derecha, los conservadores continuistas que constituyen el sector

ultra de la Alianza Popular, y a la izquierda, los comunistas. Me ocuparé aquí de la actitud de la DC frente

a estos últimos.

HAY que ser francos: el pasado del Partido Comunista nos obliga a desconfiar de su sinceridad cuando

nos asegura de sus convicciones democráticas. El Partido Comunista siempre que ha llegado al poder ha

instaurado una dictadura, suprimiendo lo que llama con un cierto desprecio las libertades formales, es

decir, las libertades de reunión, asociación, voto, partidos, etc., contraponiéndolas a unas supuestas

libertades reales que no define. Más le vale, ya que cuando lo hace llega a los mismos resultados que

aquellos teólogos preconciliares que definían la libertad como el someterse a la voluntad de Dios, en este

caso sustituida por la del proletariado consciente, o sea la del Partido. El reciente ejemplo portugués es de

lo más instructivo: cuando el señor Cunhal empezó a decir que la mayoría hay que entenderla en un

sentido no meramente numérico, sino político, es decir, hablando en plata, que la mayoría la forman los

que piensan igual que yo, aunque sean minoría, cualquier persona con sentido común llega a la

conclusión de que cuando el señor Cunhal dice que el Partido Comunista es demócrata está mintiendo y

que lo que quiere es instaurar la dictadura del Partido Comunista.

ESA amarga experiencia histórica nos da derecho a los españoles: primero, a pedir al señor Carrillo que

se defina de una vez y con toda claridad; segundo, a ser realistas y a tomar nuestras precauciones, no sea

que esas promesas en favor de la libertad no se cumplan, y tercero, fundándose en la esperanza de que el

Partido Comunista Español modifique sus principios totalitarios y se haga partidario de la libertad,

animarle lo más posible a que siga ese camino.

ESTAS son las premisas que definen la actitud del PPDC frente al Partido Comunista. Vamos a

desarrollarlas brevemente.

HAY que pedir al Partido Comunista Español que defina de una vez su actitud respecto a la libertad

política; que nos diga si está dispuesto a respetar siempre la voluntad del pueblo, manifestada en unas

elecciones libres, aunque le sea contraria; que prometa que no acudirá a la sublevación armada cuando

pierda las elecciones y crea que puede cambiar su resultado por la fuerza de las armas; que nos diga si

está dispuesto a abandonar el dogma de la dictadura del proletariado; en suma, que nos diga si abandona

la ortodoxia leninista-stalinista y decide aceptar las premisas y la táctica del eurocomunismo.

Reconocemos que es pedir mucho. No se puede exigir a los viejos militantes, que son la médula y el

sostén del Partido, que abandonen de golpe su ortodoxia leninista y se hagan de veras partidarios de la

libertad política. No se puede pedir al señor Carrillo que declare solemnemente que el Partido Comunista

Ruso ha abandonado la verdadera ideología marxista para convertirse en una dictadura burocrática. No lo

hará ni nadie puede hacerlo, por razones obvias. No hay que pedir lo imposible. Pero lo que sí podemos

pedirle es que, sin abjurar de sus principios marxistas, nos haga 1a promesa de no suprimir la libertad

política cuando llegue al poder y que nos dé seguridades de que la cumplirá.

AUNQUE las dé, y en su mayor parte lo ha hecho ya, eso no es razón para que dejemos de tomar

precauciones. Los eurocomunistas dentro del Partido Comunista Español pueden perfectamente ser

derrotados por los duros neostalinistas. Estos han triunfado en el Partido Comunista Portugués y pueden

triunfar en el español. Además tampoco el eurocomunismo está exento de toda duda. No ha roto del todo

con su pasado dictatorial y enemigo de la libertad. La prueba del fuego todavía no ha tenido lugar: un

partido que se confiesa comunista nunca ha abandonado voluntariamente el poder, aunque el pueblo se lo

exija. Yo personalmente creo que la mayoría de los eurocomunistas de veras quieren romper con el

pasado totalitario, que lo que les gustaría seria "un socialismo con faz humana", como el que quería

implantar Dubcek en Checoslovaquia. Sin embargo, comprendo perfectamente que mucha gente piense

de otro modo y no se fíe. Por lo tanto, hasta que las cosas no estén claras y no triunfe definitivamente

dentro del Partido una ideología eurocomunista de estilo Berlinguer, cualquier colaboración de la DC con

los comunistas, por parcial y limitada que sea, debe ser tan cautelosa y difícil como, por ejemplo, una

colaboración con la extrema derecha continuista.

PERO tampoco hemos de abandonar por completo la esperanza de que el comunismo abandone su

ideología dictatorial. La esperanza y la caridad son virtudes cristianas. Los democristianos tenemos la

esperanza de que la evolución del comunismo occidental europeo hacia la libertad vaya progresando;

deseamos ardientemente que ocurra y estamos dispuestos a hacer todo lo posible para favorecerla y

acelerarla. Nuestros principios democráticos y cristianos nos obligan a ello. Creemos también que

declarar ilegal al Partido Comunista sería favorecer la corriente dura neostalinista dentro del mismo y

dificultar grandemente esa evolución. Esa es una de las razones principales de que nos opongamos a ello.

Ignacio VILLASANA

(Partido Popular Demócrata Cristiano)

 

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