Autor: N. G.. 
 Tendencias. 
 Una democracia cristiana española     
 
 Arriba.    02/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

TENDENCIAS

UNA DEMOCRACIA CRISTIANA ESPAÑOLA

Entre todos los grupos y partidos hay uno que puede llegar a tener un peso decisivo y a arrastrar a las

mayorías del país: la democracia cristiana. Desde las primeras encíclicas «sociales» aparecieron en

Europa grupos políticos de cariz confesional católico, agudamente sensibilizados por los grandes

problemas de la convivencia cívica. El realismo, la honestidad y el matiz cristiano de tales grupos, así

como la brillantez de sus parlamentarios, los llevó a grandes cimas de prestigio.

Quede claro que no estamos ante un catolicismo o papismo inquisitorial o jesuítico, ni ante un oportu-

nismo que capta votos con señuelos evangélicos, sino ante una doctrina política, de inspiración cristiana

ciertamente, pero que, como cualquier otro grupo o partido, pretende conseguir el poder, ejercerlo y, en la

medida de lo posible, hacer que reinen la paz y la justicia.

Hasta el momento la tradición que la democracia cristiana pueda tener en España es forzosamente débil.

Sus programas, como los de cualquier otro partido en vías de formación, adolecen de imprecisión, de

ingenuidad y de un malsano prurito definidor. Hay más cabeza —y cabeza de poca calidad— que base.

Pero precisamente cuando la pirámide se ensanche por abajo, la cúspide será más apuntada; tomarán la

iniciativa y el mando gentes con nombre nuevo, sin los antecedentes y los comprometedores vínculos con

esta actualidad que será repudiada, y con la propaganda consciente o inconsciente del factor eclesiástico

—solidaria e inseparablemente unido al factor cristiano— conseguirán adhesiones multitudinarias.

La democracia cristiana, por su potencial significado de centro, está llamada a desempeñar un papel

decisivo en la vida política de nuestro país. En toda Europa, el talante demócrata-cristiano tan sereno y

tan progresivo, eficaz en lo social y en lo económico y justo en lo político, ha impregnado de sus valores

a los demás partidos, en beneficio de la comunidad. Aunque nuestras circunstancias son bastante

singulares, no hay obstáculo para que también en España la democracia cristiana tenga la pujanza y el

protagonismo que parecen lógicos en un país católico y cuya derecha tradicional se ha consumido en la

absurda tarea de apuntalar un pasado carcomido y muerto.

N. G.

 

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