Autor: Cortezo, Jaime. 
   Al dejar la ilegalidad     
 
 Ya.    01/03/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 5. 

AL DEJAR LA ILEGALIDAD

LA legalización de Izquierda Democrática fue causa de una expresión mía a la prensa, en la que añoraba

cierto encanto de la época de clandestinidad, la cual ha merecido algunos comentarios adversos. Y

pretendo con el presente artículo renovar los aspectos positivos de aquel largo período, que son la razón

de mi recuerdo entrañable, sin que por ello sea reticente ante el porvenir de Izquierda Democrática, que

será, más cómodo y eficaz para cumplir los fines que todo partido democrático persigue: recibir el pulso e

influir en la ciudadanía y colaborar en las decisiones políticas de los órganos de poder.

SON diecinueve años los que ahora se cumplen de la existencia de nuestro partido, que se constituyó en

plena clandestinidad en una época en que tal actuación era vitanda y considerada como antipatriótica, por

atacar la unidad política de los españoles, según las versiones más representativas de entonces e

incorporadas incluso al Código Penal.

BAJO la gran figura de don Manuel Giménez Fernández asumimos la ideología demócrata cristiana

transformadora de las estructuras políticas, sociales y económicas. Esta decisión la adoptamos no sólo por

compartir el pensamiento internacional de la DC, sino porque presentíamos que una amplia base de

nuestra sociedad era ávida de esas soluciones. El largo período transcurrido desde aquellas fechas nos

permitirá presentarnos ante el electorado de la próxima primavera como un partido que no hace ahora su

profesión de fe demócrata cristiana en razón de una conveniencia ante una coyuntura histórica, sino por

un convencimiento íntimo del que dimos testimonio opor-tuna e inoportunamente, sufriendo disgustos

(sobresaltos, palizas, multas, mofas e injurias en la prensa y en discursos) y satisfacciones intimas al

contemplar el entusiasmo de nuestros viejos afiliados y el espíritu para remontar con alegría y esperanza

los contratiempos.

ESTA continuada actitud —cuando nadie pretendía disputar el nombre de Democracia Cristiana a los

partidos integrados en el Equipo — ha permitido fijar el pensamiento político y el programa de nuestro

partido, extender la organización del mismo y seleccionar sus cuadros dirigentes, de forma que—ante la

etapa a plena luz que ahora se abre—no hemos de arrancar de cero, lo que hubiese sido muy perjudicial

ante la inminencia de la consulta electoral. En consecuencia no somos un partido coyuntural,

acomodaticio, compuesto por aluvión de personas no seleccionadas y con un pro-grama improvisado:

tenemos solera y presentamos un testimonio por nuestro comportamiento en los tiempos de adversidad

que, unidos a los otros componentes del Equipo de la Democracia Cristiana, nos permite ofrecer una

opción seria y sopesada al electorado que ha de pronunciarse respecto de la composición de las futuras

Cortes Constituyentes.

ADEMAS de lo anteriormente apuntado existen valores humanos sentidos muy hondamente: personas

fallecidas, constatación de esfuerzos, con-tactos con componentes de otras familias políticas más

perseguidas que la nuestra, comparecencia conjunta ante tribunales de represión y asistencia en las

cárceles, actitudes conjuntas y semipúblicas frente a las injusticias, etc. Tal vez esto no se comprenda

fácilmente por quienes no han tenido estas vivencias por estar instalados en posiciones más "asépticas".

Pero confío en que el lector pueda entender que los que hemos vivido día a día las citadas peripecias e

ilusiones, veamos nuestro próximo pasado con un cierto encanto mejor que con odio y resentimiento. No

se trata de falsa inmodestia, sino de dejar constancia de un esfuerzo eminentemente humano y patriótico,

que unos puñados de hombres hemos realizado durante los años en que estábamos condenados a la

oscuridad y que ahora se despejan, quiera Dios que para siempre.

Jaime CORTEZO

 

< Volver