Autor: Saiz, José Ramón. 
   La DC española, hoy     
 
 Pueblo.    01/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

La D.C. española, hoy

CON el documento suscrito hace unos días por militantes de todos los partidos de ideología

democristiana, se culminaba un proceso de insistentes llama-das a la unidad de la democracia cristiana

española, en respuesta a ese deseo que la sociedad española imperiosamente demanda para todos aquellos

grupos políticos que tienen una doctrina común, pero que los personalismos, una veces, o los egoísmos

personales, otras, hacen imposible que en muchas ocasiones los partidos o tendencias puedan ofrecer al

electorado opciones claras e inequívocas.

* Ahora, cuando la D. C. europea celebra una importante «cumbre» en Madrid, debe hacerse un nuevo

llamamiento a la unidad cristiano-demócrata, necesidad urgente en el caso español --como gran fuerza de

centro-- en este período histórico que nos ha tocado vivir, en la transición del autoritarismo a la libertad,

con el claro objetivo de presentar una opción conjunta que sea capaz —y no somos optimistas— de

atraerse a millones de españoles.

*Ya es bueno —como se dijo ayer en la inauguración de la «cumbre»— que todos debamos de

felicitarnos de que paulatinamente la política española vaya entrando en cauces más occidentales; es más,

que España está asentando firmemente los cimientos de la nueva democracia, para la cual se abrirán todas

las puertas de Europa. Pero, por otra parte, ya es grave que después de los nobles intentos lanzados desde

los partidos democristianos fuera del "Equipo", y de alguno, en concreto de los que forman éste, la unidad

de la D. C. no se haya concretado en una realidad bajo la fórmula de una gran confederación demócrata-

cristiana en la que ningún partido perdiese su personalidad específica.

* Cuando los militantes de I. D., U. D. E., P. P. D. C., F. P. D.. firmaron, hace unos días, un documento

conjunto, solicitando la urgente unidad democristiana, constataban, con pesadumbre, la actual

fragmentación de esta corriente política en España. Se trata —señalaban—, de un hecho grave que

escandaliza a los amplios sectores populares que profesan nuestras mismas convicciones y que, al mismo

tiempo, impide una presencia política coherente y capaz de desempeñar la misión que un partido basado

en los principios del humanismo pluralista estimamos que debe cumplir en España en esta fase de

construcción de la democracia... Si con estas palabras precisas, reales y claras se describía la desunión

democristiana, es porque estando ante el inminente proceso electoral —sólo faltan ciento veinte días la D.

C. española, rota en ocho o diez partidos, ha comenzado a perder unas elecciones hacía las que salía con

pronóstico de éxito.

* Javier Tusell, profundo historiador de la D. C., ha escrito reiteradamente sobre la necesaria unidad de la

democracia cristiana. En realidad, la división actual está motivada por la historia de los últimos años y,

desgraciadamente, se mantienen unas diferencias —que son superables— entre quienes en estos

momentos —caso de Unión Democrática Española— juegan un importante papel en el cambio político de

los últimos meses o que mantienen desde-siempre una gran credibilidad democrática, como es el caso de

Alvarez de Miranda, con los partidos del «Equipo», que fueron parte de la oposición al régimen anterior y

que ello les concedió un claro reconocimiento internacional.

* Por eso todos los proyectos de unión que se pretenden parecen laudables en el aún caótico, pero en vías

de mayor concreción panorama político español. Pero tiene éste un inconveniente, y es el de su

heterogeneidad, cuando muy probablemente la presente situación española exige, ante el electorado,

opciones claras, precisas y, si me apuran, simples.

* Ante estas coordenadas es necesario, pues, impulsar un programa de unidad para la D. C. española, que

quiere en esa nueva convivencia para los españoles una paz que no esté basada en la fuerza, y una

estabilización de la vida política, con un programa en el que se anteponga la justicia social y que, por

encima de todo, no transija, ni ahora ni después, con los totalitarismos.

* Sin duda, la llegada de las elecciones o el final del proceso Constituyente que se va a abrir en junio

conseguirá, tal vez, que las distintas posturas democristianas se aproximen e incluso se unan, ya que en

estos momentos la desunión de sus partidos es el peor enemigo para la D. C., porque puede desviar una

porción importante del electorado hacia opciones poco claras o que no supongan el cambio que el pueblo

español desea y se merece.

* También la unidad de la D. C., ya, ahora, no más tarde, es una misión patriótica. El tiempo, creemos, lo

va a confirmar.

José Ramón SAIZ

 

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