Autor: RUY LÓPEZ. 
   Oposición e indecisión     
 
 Diario 16.    24/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Oposición e indecisión

Durante la era de Franco, los españoles teníamos muy claro lo que iba a suceder en el inmediato futuro.

Sabíamos que más pronto o más tarde desaparecería el dictador: pero tal evento se colocaba en una fecha

distante, ante la convicción popular de la cuasi-inmortalidad del general. Día tras dia, mes tras mes, año

tras año, las previsiones para el día, mes o año siguiente eran uniformemente grises: más de lo mismo, los

acostumbrados recambios de personalidades y el mantenimiento de la misma politica básica. Los hombres

del régimen no necesitaban hacer planes -todos se habían hecho, en lo fundamental, treinta o cuarenta

años antes- y los de la oposición tampoco, excepto procurar mantenerse en lo posible fuera de

Carabanchel.

Pero Franco murió y la seguridad -confortable para unos y uniformemente desagradable para quizá

una mayoría- desapareció. Ya no estaba garantizado lo que podría ocurrir al día siguiente, fuese ella

agradable o desagradable. Lo que significaba que los que ocupaban el poder ya no podían sentirse

absolutamente seguros en él y que la oposición podría en algún momento dejar de serlo y convertirse en

el Gobierno.

Precisamente, la mayor diferencia entre el régimen de Franco y el actual reside en que existe legalmente

una oposición. Lo que significa que ésta puede cumplir unas funciones críticas sobre la acción de

gobierno, crítica que brilla por su ausencia en todo régimen autoritario y en lo que el régimen franquista

no fue una excepción.

Pues bien, podemos decir que desde el 15 de junio tenemos una oposición cuyo protagonismo le ha

correspondido al PSOE, partido en ella mayoritario, pero ésta, desgraciadamente, no ha contribuido a

aclarar mucho a los españoles lo que debemos esperar del futuro. En efecto, las dos soluciones que se

ofrecían y que hubieron podido crear una cierta claridad política eran simples: bien diseñar una estrategia

de critica al Gobierno, destinada a establecer una alternativa de poder, configurando claramente la

posibilidad de que por primera vez en muchos años España fuese gobernada por la izquierda, o bien llevar

a cabo una política de salvación nacional, colaborando con el Gobierno abiertamente y participando en el

poder para salvar la crisis económica. En ambos casos se hubiera dado al país una imagen

de firmeza que hubiera contribuido a asegurar la confianza en el futuro.

No hay por qué ocultar que nada de esto ha habido: ni crítica ni colaboración. Uno obtiene la impresión

de que nuestros distinguidos representantes de izquierda en el Congreso y el Senado no se acaban de creer

aún que se hallan allí, y su mayor preocupación es congratularse mútuamente de lo bien que han salido

las cosas y pellizcarse para confirmar que no se trata de un sueño del que pueden despertar en una celda

de la sexta galería. Mientras tanto, el Gobierno hace y deshace sin contar con la oposición: todo lo más,

da cuenta a Felipe González de algo que ya está decidido a hacer. Y lo hace más bien a título de

compadreo entre los conocidos Suárez y González que como diálogo político entre el líder de la mayoría

y el de la oposición, y cuando el partido mayoritavio de ésta se ha querido poner en su papel crítico, se ha

preocupado de aplaudir con una o dos manos el discurso de la Corona e de protestar porque éste se

haga a la misma hora en que tomaba el té el general Franco.

¿Está esperando la oposición, y concretamente el PSOE, que por una casualidad le venga el poder a las

manos, sin adoptar ninguna postura a favor ni en contra en las cuestiones básicas? ¿Tiene la oposición

una política definida, unos planes para su futuro y el del país o está a la espera de que se le ocurra algo?

La inmensa mayoría de los españoles no hemos vivido nunca una situación democrática, en nuestro país,

y cuando parece que ésta ha llegado, es comprensible que el hombre de la calle vea el futuro con cierta

confusión. Pero que líderes y fuerzas políticas elegidas por millones de votos se encuentren también

confusos e indecisos, limitándose a reaccionar a faits accomplis, es más grave. Los partidos políticos

deberían saber que no basta con hacer promesas electorales y luego descansar plácidamente hasta los

próximos comicios. Sí la oposición sabe lo que quiere, debería decirlo al país: y si no lo sabe, mejor haría

en descubrirlo.

Ruy López

 

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