Autor: Cavero, José. 
 Criterio personal. 
 Apellidos cristianos     
 
 Arriba.    30/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

CRITERIO PERSONAL

APELLIDOS CRISTIANOS

LLÁMESELES como quiera, los «cristianos» van a llevarse, de acuerdo con las encuestas que han

empezado ya a producirse, una buena tajada de votos en las próximas, primeras, elecciones legislativas

del país. Los «cristianos», por supuesto, son demócratas. No sé en qué orden serán una y otra cosa. Al

preguntárselo, no ha mucho, a Joaquín Ruiz Giménez, respondía que no eran cuestiones que pudiesen

escindirse o contraponerse. Que, dicho de otro modo, la fe le ayuda a ser demócrata, y acaso, que la fe

demócrata le ayuda a contemplar de un modo más comprensivo esto que llamamos vida o mundo.

Pero, insistimos: según todos los indicios, la democraciacristiana, en alguna de sus numerosas, pero

asimilables e incluso aproximables versiones, se podría llevar una buena porción de los resultados que

arrojen las urnas «allá en la primavera». No podría ser, por otra parte, de otra forma: en los países

europeos más próximos sucede otro tanto, conforme hace escasos días nos recordaba Francisco José de

Saralegui: demócratacristianos y conservadores predominan en Francia e Italia, y ocupan segundos

lugares en Alemania y Holanda.

De repente, parece venir contra esta etiqueta homologada a nivel europeo nada menos que monseñor

Enrique y Tarancón. ¿Recuerdan ustedes que don Vicente fue mencionado una y otra vez, en la hora del

nacimiento del Partido Popular, que encabezan Areilza, Cabanillas y Ortega y Díaz Ambrona? Se llegó a

asegurar que el «pepe» —de ideología DC— tenia todas las bendiciones arzoepiscopales, e incluso el

patrocinio o la partenidad ideológica del presidente de la Conferencia Episcopal Española. Ahora, en

cambio, monseñor advierte contra la conveniencia de que existan partidos con apellidos cristianos.

Me consta que varios líderes de tales partidos con apellidos cristianos son los primeros en estar en

desacuerdo con la denominación. Pero —y es fácil comprenderlo— buscar, a estas alturas, una

denominación nueva, unas siglas «de estreno», no es tarea fácil. El registro de denominaciones, de marcas

registradas, no ha dado abasto, de un tiempo a esta parte. Y de otro lado..., ¿hasta qué punto podrá

asegurarse, aquí y ahora, que «el hábito no hace al monje»? Si no lo hace, cuando menos, hace que lo

parezca.

¿No es, ciertamente, jugar con ventaja ponerle de apellido «cristiano» a un partido político? De alguna

forma, eso significa que los demás partidos son «menos cristianos». (O acaso más demócratas...) ¿Y no

habrá incluso quien vea «anticristianos» a todos los demás grupos? ¿Pues no dicen que en este país ha

mandado siempre, y en alguna parte sigue haciéndolo, la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y

Romana?

Don Enrique quiere dar al César lo que es del César. Cualquier denominación que pueda hacer creer,

inclusive a las almas menos informadas, de la interrelación de las urnas con el clero, pensamos, junto con

el cardenal, que debe evitarse. De la confesionalidad y sus «virtudes» tiempo ha que venimos escuchando

improperios. No vayamos, ahora, a prolongar conexiones.

El Banco dello Spiritu Santo, dicen los estudiosos, está ya suficientemente mezclado en cosas terrenas,

como para aumentarle sus preocupaciones.

José CAVERO

Jueves 30 diciembre 1976

 

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