Autor: VARELA. 
   ¿Tarancón, a Roma?  :   
 Una comisión. 
 El Alcázar.    15/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

La Balanza

¿TARANCON, A ROMA?

(Una comisión de la D.C. negocia con el Vaticano)

Mientras esperamos el escrutinio de los votos que para los más escépticos están ya tabulados; mientras

esperamos el escrutinio de los votos habrá que adelantar dulcemente - del mismo modo que, dicen, llegará

la democracia - la fuerte disputa que un grupo del equipo demócrata-cristiano ha iniciado contra el señor

Tarancón. No, no crean que han levantado pancartas o han enviado amenazas. Todo es más sencillo, todo

es más sutil, todo es más dulce: una comisión de destacados miembros de la D.C. trata de convencer a

Roma que lo mejor para Roma, para el señor Tarancón y para la Democracia Cristiana Española es que el

responsable de la Conferencia Episcopal preste su sabiduría en la Ciudad Eterna muy cerca de la Curia

Romana.

Así de escueta es la noticia, que hace poco más de un mes filtraron, como si se tratara de un ascenso del

señor Tarancón, los medios de comunicación social de Madrid. Y efectivamente, la noticia es escueta,

pero en su trastienda - vaya por Dios - existe una enorme disputa por el poder político en las esferas de la

iglesia. Según unas fuentes, durante los últimos meses, Tarancón hizo esfuerzos denodados por "crear"

una D.C. a su medida: fuerte, arrogante e izquierdista. No lo consiguió, o lo consiguió solamente a

medias. Y esto le creó un enorme disgusto.

NO HAY BENDICIÓN A LA D.C.

Como consecuencia de ello - y éstas son fuentes fiables - el señor Tarancón se niega - por lo menos hasta

ayer - a echar la bendición "urbi et orbi" a la democracia cristiana. Y se niega a pesar de las reiteradas

peticiones, incluida la de algún miembro del gobierno que le reprochó el enorme esfuerzo que estaba

haciendo el ejecutivo para contentar y satisfacer todas sus peticiones. El señor Tarancón se niega - de

momento - a que la democracia cristiana - la actual democracia, cristiana - sea como antaño el partido

católico, confesional y pío del Estado español capaz de ofrecer a sus electores una opción demagógica

para la tierra: "democracia", "libertad" y "progreso", además de unas cuantas indulgencias plenarias para

el juicio final. Una especie de "aquí paz y allá gloria". Como consecuencia de esta discusión, el presidente

de la Episcopal logró convencer a sus compañeros de Pleno que de momento de confesionalidad, nada.

Así que los más extremistas del episcopado aprovechando el "disgusto" pidieron la abstención ante el

referéndum - como se sabe - porque existían pocas garantías de libertad. Rápidamente el gabinete de

prensa de Tarancón - como se sabe también - hubo de rectificar: "esa declaración - vaya paradoja, decía la

nota - no era más que un borrador de estudio al que indiscretamente llegó la prensa".

La consecuencia de todo este enorme galimatías es que una comisión de la D.C. trabaja "duramente" - de

despacho en despacho, de teléfono en teléfono, de vis a vis - para que el Nuncio y a través de él el

Vaticano, admitan la tesis de que Tarancón es más "útil" en Roma. Tarancón por su parte cree que esto no

va a dar resultado, porque el tiempo trabaja para él. Sin embargo, a los observadores imparciales no se les

escapa que en este contencioso el Presidente del Episcopado tropezó con el más difícil de los obstáculos

con el que podía tropezar. Esto es, con sus compañeros de "clan" que tienen tantas artes como Tarancón

y, según algunos, más paciencia.

Hasta aquí la noticia. He tratado de conocer por todos los medios quien podía ser el sustituto de Tarancón,

pero no encontré respuesta de fiabilidad. Sin embargo, en esta larga búsqueda encontré la respuesta

original de un joven demo-cristiano que, supongo, hace maitines por algún futuro escaño parlamentario,

quien me dijo sarcásticamente sobre la vasta operación de traslado:

"Nosotros somos civilizados y queremos que se vaya a Roma. Otros quieren mandarlo al paredón".

VAKELA

 

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