Un luchador     
 
 Ya.    13/03/1977.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

UN LUCHADOR

"¿ Cómo calificaría yo la figura de José María Gil-Robles si hubiera de buscar una clave de su carácter?

Diría que se trata de un luchador. Por encima del hombre de leyes, del jurisconsulto eminente,, del

profesor de Derecho Público, del político en activo, del gobernante espectacular, del orador, del hombre

de Estado, José María Gil-Robles es un luchador. ¿Qué es un luchador en política? Un hombre que se

sacrifica a la causa que defiende a los principios en que se alimenta su fe, su comodidad, su bienestar, sus

ventajas personales, sus ventajas y legitimas ambiciones, su seguridad personal y el riesgo de su propia

vida." Con estas palabras don José María de Areilza iniciaba el 14 de octubre pasado la presentación del

último libro de don José María Gil-Robles "La monarquía por la que yo luché".

José María Gil-Robles—dijo también—es un luchador visceral, nato, idiosincrásico. Nació en Salamanca

el 27 de noviembre de 1898, hijo de don Enrique Gil Robles, también salmantino y catedrático de

Derecho Político de la Universidad de su ciudad natal. Alumno destacado en el colegio de los Salesianos,

ganó por oposición la cátedra de Derecho Político en 1922. Gil-Robles, flamante catedrático, pidió

inmediatamente la excedencia en su cátedra de La Laguna para poder, desde Madrid, actuar en la

contienda política desde la tribuna de los mítines y desde las páginas de la prensa. Estas, dadas su

posición doctrinal católica, fueron las de "El Debate", de cuya redacción formó parte y del que fue

subdirector.

La Dictadura de Primo de Rivera sorprendió a Gil-Robles en plena actividad propagandística. La

Dictadura no encajaba en su pensamiento y así lo expresó en un discurso pronunciado en 1924 con

motivo de la creación del partido Unión Patriótica. Desde aquel momento desapareció de la vida política

para ser abogado y catedrático. Pero a la caída de aquélla, volvió a la lucha con nuevos bríos.

LA REPUBLICA

Acató los resultados de las elecciones de abril de 1931 y lanzó un manifiesto al país convocando a la

defensa de los principios fundamentales de la sociedad con el lema de religión, patria, orden, familia y

propiedad. Las formas de Gobierno no eran para él esenciales. Por eso, su campaña política se dirigía a

conseguir, por los medios que le, ofrecía la nueva situación, el poder político y con él salvar el orden, sin

olvidar la necesidad de introducir reformas en la sociedad española.

Así, fue a las elecciones de 28 de junio de 1931 y fue elegido diputado del bloque agrario por Salamanca.

Pero las elecciones fueron declaradas nulas y Gil-Robles consiguió su aprobación, después de una

brillante intervención que le acreditó como buen parlamentario. El nombre de José Marín Gil-Robles

comenzó a sonar en España como el de más posibilidades para el liderazgo de las derechas.

MINISTRO DE LA GUERRA

Disueltas las Cortes, fueron convocadas las elecciones del 19 de noviembre de 1933. El triunfo de las

fuerzas que seguían a Gil-Robles, agrupadas con el nombre de Confederación Española de Derechas

Autónomas (CEDA), fue espectacular. Pero en tal ocasión se —ha escrito—la prudencia de Gil-Robles

domina a su audacia y éste retrasa su participación directa en el Gobierno hasta después de la revolución

de octubre. El Ministerio de la Guerra—según cuenta él mismo en su libro "No fue posible la paz" -lo

quiso y casi lo impuso como condición de su presencia en el Gobierno el nuevo titular. Crear un Ejército

fuerte era la finalidad que perseguía Gil-Robles. Un Ejército subordinado al poder civil para servir las

necesidades de éste en los momentos en que se encontraba atacado por las fuerzas subversivas o

revolucionarias. Su última intervención parlamentaria fue en la sesión de la Diputación de las Cortes el

miércoles 15 de julio de 1936, en un debate para conceder prórroga del estado de, excepción que pedía el

Gobierno y en el que se denunció el asesinato de Calvo Sotelo.

EL MOVIMIENTO

En cuanto a la actitud de Gil-Robles en relación con el Movimiento Nacional, nada mejor que sus

palabras en el libro "No fue posible la paz": "Quienes prepararon el Movimiento no contaron conmigo ni

me tuvieron al corriente de lo que pasaba. Era lógica esta actitud. Su oposición al empleo de la violencia,

mi firmeza en propugnar una política de legalidad me ponía al margen de una tentativa que se basaba

fundamentalmente en el empleo de la fuerza. Resultaba, pues, perfectamente explicable que los grupos

monárquicos, que con tanta rudeza habían atacado la política "oportunista"; la Falange, identificada con

los métodos de violencia, y el Ejército depositario del poder supremo de las armas, quisieran dar de lado a

un partido eminentemente legalista como la CEDA."

CON EL CONDE DE BARCELONA

Marginado por su antiguo jefe de Estado Mayor, general Franco, durante la guerra civil y la posguerra,

Gil-Robles participó en una intensa vida política de oposición democrático-cristiana. Vivió trece años de

exilio en Portugal y mantuvo con entereza su posición ideológica cerca del conde de Barcelona. Entendía

Gil-Robles que la institución que representaba don Juan de Barbón sólo podría asentarse válidamente en

España si representaba para el pueblo español una opción distinta y diferenciada del franquismo. La

Monarquía debía significar el paso a un régimen en el que tuviese cabida la totalidad de las tendencias y

opiniones políticas de los españoles. Vuelto a España, y tras su jubilación como catedrático de Derecho

Político, ha continuado con su profesión de abogado y con una intensa vida política al frente de

Federación Popular Democrática y en las filas de la oposición a todo régimen donde no tengan plena

vigencia las libertades democráticas.

 

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