Autor: Tusell, Javier. 
   Unidad de la Democracia Cristiana, ya     
 
 Ya.    28/11/1976.  Páginas: 2. Párrafos: 6. 

Unidad de la Democracia Cristiana, ya

Es muy posible que los españoles que deseamos la democracia como sistema de convivencia política en la

España actual debamos felicitarnos por la presente situación política. En pura teoría la reforma política,

tal como ha sido imaginada por los sucesivos Gobiernos franquistas, ofrecía serias dificultades no sólo

respecto a su viabilidad, sino también en relación a su admisibilidad como instrumento de transformación

política del país: ¿por qué por ejemplo, atribuir a unas Cortes no representativas la misión de juzgar

acerca de una democracia que nunca han practicado? Lo cierto es, sin embargo, que el procedimiento

utilizado por lo menos ha servido para crear una legitimidad, que no podrá romperse fácilmente, por

haber pasado por las horcas caudinas del antiguo régimen. El que, a trancas y barrancas, éste haya

engendrado cierto tipo de democracia tiene, además, la ventaja de que nadie podrá acusar al Rey de

haberle sido traidor. Lo aprobado por las Cortes tiene, sin duda, inconvenientes graves, incluso algunos de

ellos carentes de mala intención o propósitos sibilinos, como es el de que difícilmente la cifra de

350 diputados resulta viable para ese sistema electoral. Queda, sobre todo, para poder juzgarlo esperar a

ver su aplicación práctica en lo que respecta a la regulación de la campaña electoral y, sobre todo, a la

vigencia de las libertades públicas en los meses venideros. Pero hora es ya de admitir , que la clase

política del régimen, por lo menos, ha hecho su "harakiri" con elegancia. Porque verdaderamente ha sido

un suicidio, y en ello hay que darle toda la razón a don Blas Pinar. En el futuro puede que haya

franquistas en el seno de la clase política, pero el franquismo como régimen ha desaparecido ya. Buena

prueba de que es así lo constituye el hecho de que el PCE, que durante meses había mantenido una

postura progresivamente más moderada, la haya endurecido muy recientemente, e incluso haya acudido a

procedimientos que cabria reputar como de provocación indirecta, como son los de repartir sus carnets o

exhibir al señor Carrillo durante los debates en las Cortes.

Lo que importa en estos momentos, aparte de observar la actitud del Gobierno para que no se desvíe de lo

que viene prometiendo, es lograr que, una vez que la clase política del régimen ha dado de sí todo lo que

podía, sea sustituida en la medida de lo posible en su representación en los organismos legislativos.

Evidentemente no se trata de exigir la democracia para los demócratas "uterinos" (los que lo eran desde

antes de nacer), pero si de algo tan lógico y natural como que, pues el pueblo español ha demostrado con

creces que desea un cambio político fundamental, se le proporcione también en lo que respecta a los

protagonistas del mismo. La democracia tiene como requisito para su estabilidad el ser protagonizada por

demócratas.

De ahí que la exigencia del momento sea formar grandes opciones políticas con las que el electorado

pueda identificarse y hacerlo rápidamente. Hay que decirlo con claridad: es muy posible que la clase

política, de uno u otro signo, no haya estado en los últimos meses a la altura de las circunstancias. Una

buena prueba de ello es la ausencia, a una distancia verdaderamente escasa de las elecciones, de una

partido demócrata cristiano. Hay en es-te caso una verdadera fatalidad, pues de otra manera no se explica

que deseándose como se desea esta unión, cuando se intenta entre dos grupos acaban apareciendo tres. Es

necesario, más aún, es imprescindible intentarlo de nuevo en la conciencia de que ésta es ya la última

posibilidad: si en el plazo de unas semanas no se ha logrado, es muy posible que ante las elecciones haya

muy poco que hacer, y después de ellas, el sistema de partidos políticos puede haber quedado configurado

de una manera tal, que en él otras soluciones hayan sustituido a la democracia cristiana. Permítaseme, por

tanto, que exponga unas reflexiones sobre este tema escritas con la sinceridad y la falta de responsabilidad

que me da el ser un simple militante.

En las últimas semanas se han producido varios acontecimientos a los que es preciso aludir al tratar de la

unidad de la democracia cristiana. Uno de ellos, muy positivo a mi modo de ver, ha sido la final opción de

la mayoría de UDE por una postura diferente del puro conservadurismo. Hasta este momento, desde las

filas de la oposición habla derecho a pensar que UDE, al autodefinirse como demócrata cristiana, no

pretendía sino revestirse con una homologación exterior que no le correspondía en Justicia. Ahora, sobre

todo después de la votación de la ley de reforma política, la situación ha cambiado. Seamos congruentes:

si los socialdemócratas no tienen inconveniente en aceptar al señor Cantarero, ¿por qué se ha de adoptar

una postura que por lo excluyente puede acabar en la. pura esterilidad política? Claro está que también

UDE debe ser consciente de que en los tiempos que se avecinan necesariamente aquellos de sus hombres

que han desempeñado un papel importante en el régimen franquista están condenados a auto limitar su

presencia en un gran partido demócrata cristiano. Respecto del Partido Popular, creo que su mayor

inconveniente es el que nace de su componente ex franquista. Ha empezado ya la deterioración de la

imagen pública de los que desempeñaron puestos públicos bajo el Gobierno de Franco y está destinada a

multiplicarse con el paso del tiempo: no hay duda de que esto puede afectar muy seriamente a sus

posibilidades electorales. Existe, por otra parte, el problema de la claridad programática en un partido que

se dice compuesto de sectores diversos. Pero no olvidemos que si el Partido Popular ha acabado por nacer

con un componente significativo de quienes no fueron nunca franquistas, ha sido, en una medida

importante, porque la democracia cristiana no ha podido o sabido ofrecer una alternativa de unidad.

Por última vez la iniciativa de formar un gran partido demócrata cristiano les corresponde a los grupos

que durante años han dado testimonio de oposición a la dictadura, lo que es un importante capital político

a cotizar en el momento de las elecciones. Pero es fundamental un cambio de actitud el testimonio no

basta, el personalismo debe desaparecer, se debe imponer la conciencia de que hay un electorado

específico al que acudir y, finalmente, hay que darse cuenta también que con lo que hay (en cuadros y

afiliados) se puede llegar a muy pocas partes y, desde luego, no a desempeñar un papel importante en

unas futuras Cortes Constituyentes. Este artículo quisiera ser una llamada casi dramática a los dirigentes

demócratas cristianos para que obraran en consecuencia a partir de unos datos que parecen obvios. El

procedimiento ideal sería un congreso constituyente o, por lo menos, una federación que implicara un

primero y decidido paso a la fusión, pero cualquier solución sería buena, siempre que el resultado final

fuera ese y se actuase con urgencia.

Luego vendrá un segundo paso. El pueblo español, en este momento histórico, no desea probablemente

estar representado ni por franquistas ni por marxistas o, al menos, no lo quiere mayoritariamente. Una

democracia cristiana unida podría ser el eje vertebrador de un amplio frente democrático ante las

elecciones o, posteriormente, en las Cortes, destinado a estabilizar y garantizar la democracia. Puesto que

el pueblo español así lo desea, ¿no será ya llegada la hora de responder, por puro patriotismo, a sus

exigencias?

Javier TUSELL

 

< Volver