Autor: Pancorbo, Luis. 
   No sólo de pragmatismo vive el hombre     
 
 Hoja del Lunes.    08/08/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

VIVE EL HOMBRE

JONATHAN Swift no hubiera titulado »st« artículo "No sólo ds pragmatismo vfve el hombro", sino

"Modesta proposición para una autocrítica".

Y si que no oabe duda de que las elecolones de junio supusieron el desmontaje del franquismo. Sobre

todo el mito y la retórica franquista. El franquismo no era apenas nada, salvo Franco; es cosa sabida. Era

un núcleo de intereses sin ideología, como aliora se dice. Un sistema negativo, en e) sentido de que su

permanencia se basaba más en negar (democ r a o i a, libertad, partidos, sindicatos, libros, can o i ones,.,)

que en crear algo original. Franco,la verdad sea dicha, no tenía visión de futuro. Sólo tenía visión de

supervivencia.

Poco después de las elecciones, la re» vista americana "Times" publicó un reportaje, "Los votantes dicen

sí a la democracia", encabezado por una cita sabrosa. No una cita de Montesquieu, y ni siquiera de

Maquiavelo; de Franco. "No creemos en e] Gobierno a través de los votos. La voluntad nacional española

nunca se expresó libremente a través de las urnas. España no tiene sueños locos." En eso estamos de

acuerdo; España no ha desvariado, pero tampoco cree en ese cuento chino de ios "demonios familiares".

Liberados por fin de los demonios, ahora el Gobierno nos tendrá que liberar también de la "caza de

brujas", para que, de una vez por todas, este país no sea una cosa espeluznante contra todo aquel que

tenga la osadía de disentir e incluso de pensar.

La mayor desventaja del sistema anterior, a mi juicio, estribaba en una cosa muy simple: había que

tragarse las barbaridades que decía u obraba el poder, sin posibilidad de criticarlas duramente. Pongo

otfo.ejemplo. Decía también Franco (Zaragoza, 1941-1938; discurso con motivo del aniversario de la

unificación): "No queremos a España dominada por un solo grupo, sea éste o el otro, ni el de los

capitalistas ni el de los proletarios," Insisto: lo malo era tener que tragar hasta los sarcasmos.

Pues bien, ahora que todo está desatado y bien desatado; ahora que se destruyen fichas—algunas—del

Servicio de Documentación de la Presidencia; ahora que el Ayuntamiento de Soller (Mallorca) decide

retirar el yugo y las flechas del monumento a los caídos; ahora que Suárez estrecha la mano a La

Pasionaria; o sea, ahora, en este país ya tan diverso, se puede discutir sobre si aquí se ha hecho realmente

una autocrítica. Curiosamente, no.

Lo estrictamente peculiar del caso español ha sido el paso de una dictadura a una democracia con una

virulencia semejante a la que existe cuando un huevo se convierte en tortilla francesa. Pero, ¿basta eso?

Recordemos caídas célebres de fascismos. En Crecía se necesitó un revulsivo fuerte, la guerra de Chipre,

para echar a los coroneles. En Portugal, el malestar existente en el Ejército colonial. Menos pega hubo en

Alemania e Italia tras la segunda guerra mundial. Los totalitarios habían sido literalmente machacados.

En España ha sido diametralmente distinta la cosa: ni guerras, ni revoluciones, ni pro» nunciamientos, y

Franco que fallece en una cama. Luego, transición, y últimamente, alecciones.

Pero yo no sé si se han fijado ustedes que en esas elecciones casi todos los partidos importantes se

referían al pasado inmediato con una serie de amables tropos literarios. El más frecuente fue ese, a caballo

entre la perífrasis y la metáfora, que se oyó mucho por televisión: "eí período autoritario anterior". No

hubo ninguna pugnacidad esp e c i a I contra el franquismo. Y más que hablar del ¿f, pasado,

que est a b a ahí, casi casi todos los partidos se refirieron al futuro. Eso es bueno, pero también malo.

Quizá lo que voy a decir sea estridente, porque los ritmos del cambio son muy cautelosos y pomposos, y

este país ya no se parece a España, sino a la Gran Bretaña, y nuestras Cortes tienen un repentino aira de

Westminster. Pero qué duda cabe da que se necesitaría una fuerte revisión crítica del tiempo antiguo antes

de seguir estrenando los zapatos nuevos de la democracia. Quizá se piense que las suelas de la

democracia española son aún finas como obleas y que no conviene fricciones. Quizás en las nuevas

Cortes impere la idea de que más que tirar lanzazos a moro muerto hay que ser pragmáticos y que con el

peso específico de una nueva Constitución se va a contradecir elegantemente toda la época de la

dictadura. Pero una crítica en profundidad del pasado no sería mala. No por ánimo de hurgar en viejas

llagas, sino porque serviría para sanear, dialécticamente, la nueva democracia. Y esto debería hacerse

cuanto antes, porque la revisión crítica, seria, de todas las implicaciones da una dictadura—que son

innumerables— podría dar mucho más crédito al nuevo tiempo que se avecina.

En España parece que han repartido masivas dosis de una droga amnésica que borra todo lo anterior al 20

de noviembre da 1975. Como si esos cuarenta años hubieran sido un sueño, una pesadilla, una fricción,

Sin embargo, no se conocen dictaduras que, encima de ser largas, no hayan erosionado muchos

mecanismos de convivencia, de moralidad pública, de valentía cívica.

Ahora todo el mundo es pragmático, da acuerdo. Pero lo ideológico, si no se afronta, aflorará antes o

después.

Y, evidentemente, más que a los partidos de oposición (aunque también a ellos), esa renuncia definitiva,

pública y severa a las pompas y a las obras de los demonios del franquismo correspondería a la UCD.

Que no sólo de pragmatismo vive el hembra.

LOS PANCORBO, nacido en Burgos en 1&Í6. de familia vasco cas Éellana, es perlc* dista profesional

desde 1968, y en cllldaa de tai hu viajado por los clnoo continente*. Ha residido ocho años toara de

España, seis en Italia y dos en Snocla, la mayor part« pomo corresponsal >ie RTVE. »e estas etapas son

sus libros "Guia secreta de Rom» (par» españoles)", con un aonetoprólogro de Rafael Albertl; "Diálogos

Italianos . recopilación de coloquios con Eugenio Móntale, Horaria, Fellinl, Pasolini, y asi hasta Sí

grandes personajes de la vida italiana; "Sueeia como utopia". En 1968 gano el primer premio de ensayo

de "Revista de Occidente" con un trabajo sobre Pío Batoja. Es habitual colaborador da dicha revista, de

"Ya", de "Cuadernos Hispan «americanos1, «te™ Ma publicado la fdiclón en castellano de "Boccacio y

su época", de Vittore Branca, j las de "Esto no es un cuento" y "Santiago el fatalista", de Diderot.

* La &pai¡ción de ¡°¿ origínales solicitados de esta antología breve de este (¡men es quien en el pa.

riCidismo españoi actual será por riguroso orden de llegada hasta nosotros, ^aturalmeníe, WUJA Uh,L.

LUNES respeta y acose ias ideas de sus ilustres colaboradores, aunque es obligado añadir que el pena,

dico no se solidariza nece;ariamente con ellas.

 

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