Cumbre demócrata-cristiana en Madrid     
 
 Pueblo.    02/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

"CUMBRE" DEMÓCRATA-CRISTIANA EN MADRID

LOS líderes de la democracia cristiana de casi toda Europa, y otros representantes de partidos

democráticos sin expresa definición confesional, se dieron cita ayer en Madrid. No es obvio decir que,

a cuatro meses vista de las elecciones generales para constituir el Parlamento, la cita democrática europea

en la capital de España encierra notoria significación en todos los órdenes.

Ya es noticia, y bien significativa, señalar que tal acontecimiento tiene lugar en nuestro país por vez

primera, pero, en cualquier caso, desde hace más de cuarenta años. Esta auténtica «cumbre» de figuras

políticas de la D. C., todas ellas de primera magnitud, al igual que la celebrada semanas atrás por la

Internacional Socialista, hubiera sido impensable en otras circunstancias. Quiere decirse que algo decisivo

e irreversible ha ocurrido para que ambas reuniones, de gran trascendencia política internacional; en este

caso, la convocada por el Equipo Demócrata Cristiano del Estado Español, partido que preside José María

Gil-Robles, haya podido celebrarse también con absoluta normalidad. Pues bien: lo sucedido no es otra

cosa que España inicia serena y firmemente el camino para hacer realidad unas instituciones democráticas

y que asume, por tanto, sin reservas, el pluralismo ideológico de la sociedad. En este sentido, la

democracia cristiana o el centro democrático, en sus diversas variantes, representa unas opciones políticas

con fuerza en el país. Y como es natural, la comparecencia de los más calificados líderes europeos

supone, de una parte, la homologación formal de esa democracia cristiana española, y de otra, el

compromiso de la siempre necesaria colaboración para las futuras elecciones parlamentarias.

Por ello, la «cumbre» demócrata-cristiana de Madrid viene lógicamente a clarificar el espectro político y,

sobre todo, pone de relieve la «chance» de una opción ideológica de centro, con el necesario atractivo

para tener oportunidad, posiblemente, de aglutinar un sector nada desdeñable del electorado. Sin

embargo, esta magna reunión internacional de la democracia cristiana, con todo lo que significa o debe

significar de un mayor acercamiento y una más estrecha identificación de nuestro país con las áreas

económicas y geopolíticas del mundo occidental, tiene evidentemente un valor mucho más profundo que

aquel que podría derivarse del puro y simple apoyo a un partido político democrático, como es el del

señor Gil-Robles.

En nuestra opinión, los líderes europeos de la D. C. no han venido a Madrid exclusivamente para

respaldar su propia opción política, sino además, para reconocer y alentar, como de forma expresa han

declarado, el esfuerzo del Gobierno Suárez en el proceso hacia la democracia. Finalmente, digamos que

no deja de revestir importancia el solo hecho de la celebración de esta «cumbre» democristiana, cuando

todavía resuena el eco trágico de unos asesinatos que intentan frenar el proceso de las libertades

ciudadanas, y la condena emotiva y sin paliativos de estos actos de terrorismo.

Resaltamos ahora lo positivo, y tiempo habrá para señalar lo que esta reunión pueda suponer de división

en la familia de la democracia cristiana. Una sola gran familia, que no debe contribuir a crear tensiones

nuevas, sino a calmar las que ya existen. Eso es, en definitiva, lo que puede esperarse, y todos debemos

ayudar a que esta difícil España nuestra sea viable.

 

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