Autor: González Muñiz, Antonio José. 
   Un quejido casi incesante     
 
 Hoja del Lunes.    08/08/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Apuntes parlamentarios

UN QUEJIDO CASI INCESANTE

A. i. GONZAUZ MUAIZ

El señor Pujol (don Jordi) se levanta del escaño, ocupa la tribuna de oradores y comienza a hablar. Habla

y habla. ¿Y de qué habla «sta excelente eeñpría catalana? De un tema único que le embarga, que le quita

el sueño, que le obliga a proclamarlo: la autonomía de Cataluña, el restablecimiento de la Generalidad, el

estatuto catalán, el que fue aprobado aquí, en este mismo salón, en 1932. El eeñor Pujol (don Jordi) habla

y habla de esos temas; no se cansaría Jamás; le hubiese gustado que los que le oyen no se cansen tampoco

de escuchar esos teínas que con tanta vehemencia expone.

El señor Arzallus se levanta del escaño, ocupa la tribuna de oradores y comienza a hablar. ¿Y de qué

habla esta también excelente cenoria vasca? De un único tema que le quita el sueño, que le en> barga, que

le obliga a proclamarlo: la autonomía del País Vasco, el restablecimiento del régimen vasco arrebatado

per la fuerza de laa armas, el estatuto de Vasconia. Con un buen decir va dejando caer cobre las mentes de

las señorías que en la Cámara están los derechos del pueblo vasco, lae aspiraciones de los hombrea

vascos, las «ti gene jas de lae gentes de Vasconia.

El aeñor Reventas se levanta del escaño, ocupa la tribuna de oradores y comienza a hablar. AY de qué

habla esta fogosa señoría catalana? Habla de un tema único que le arde en sus sentimientos regionalietas:

del estatuto de Cataluña, del reconocimiento e implantación de la Generalidad de Barcelona, de los deseos

del pueblo catalán. No se fatiga al hablar de esos temas, con diversas variaciones arguméntales y

oratorias, pero con el mismo fin.

Así hablaron, no hace muchos días, loa diputados catalanes y vascos en el Congreso.

Hará mañana martes una semana, el Senado celebró sesión pknaria para que los portavoces de los grupos

parlamentarios hicieran declaraciones de principios generales.

El señor Benet Morell se levanta del escaño, ocupa la tribuna de oradores y comienza a hablar. ¿Y de qué

habla el sefior senador, con un acento cargado de exigencias? De la autonomía para Cataluña. Si esto ha

de tardar un poco — un poco, porque la paciencia de algunos hombres políticos catalanes es escasa—,

debe darse a Cataluña «n régimen transitorio hasta que •e le conceda la Generalidad sin más dilaciones.

Antes de que se elabore y apruebe por laa Cortes la nueva Constitución española el estatuto de Cataluña.

Antee de que las Cortea discutan y aprueben las medidas económicas y fiscales que el Gobierno ha

propuesto para salvar la graví•tima crisis nacional, el estatuto de Cataluña. Antes que... Antes del II de

septiembre—exigió el señor Benet Morell—, día considerado como fiesta nacional en Cataluña, la

Generalidad debe estar constituida y ejerciendo eus funciones.

El aeñor Unzueta Uzcanga se levanta del escaño, ocupa la tri

buna de oradores y comienza a hablar. ¿Y qué dice este atento señor senador, nacionalista vasco? "En este

trance de preliminares constituyente — ie oímoe— el tema básico no es otro que el de la autonomía." El

senador nacionalista no trae al Senado, en nombre del pueblo que representa, otra cuestión más

apremiante; no tiene ojos para ver otros asuntos más urgentes; no tiene lengua más que para anunciar a

todos los aires que "el pueblo vasco Be ha sentido y BC siente soporte de un derecho que no lo quiere

como privilegio, ciño como derecho." El señor senador afirma que "entendemos la autonomía como

fórmula de recuperación del poder político, administrativo y financiero que t r a dlcional mente hemos

venido poseyendo conforme a nuestro tradicional "status". Incluí m o s en esta reivindicación una fórmula

de autogobierno adecuado a las históricas oircunstan c i a« actuales".

En dos sesionee de declaraciones políticas de los grupos parlamentarios—una en el Congreso, la otra en

el Senado—no hay problema más acuciante que resolver para las señorías catalanas y vascas que la

cuestión del reconocimiento de las autonomías de eus pueblos respectivoe. Este tema es, en boca de

señorías vascas y catalanas, un quejido casi inmenso en las Cortea.

Vemos en el bar de las Cortea a un grupo de señorías sentadas alrededor de una mesa. Están hablando,

con preocupación, del momento económico de España, Comentan la necesidad de conseguir un mejor

equilibrio de nuestras .cuentas con el exterior, de desacelerar´ los precios internos, de combatir el paro en

las zonas y regiones más afectadas por su presencia. De reducir lo máe posible el índice de inflación.

Estas señorías están angustiadas por esas dificultades económicas. Y cuando están en esto, a la mesa de

las señorías se les acerca una señoría catalana; escucha un momento a los preocupados varones

legislativos y les interrumpe: "El problema más acuciante es el de resolver la cuestión de Cataluña;

necesitamos que la Generalitat esté en. funcionamiento cuanto antes"... Y la señoría catalana rompe

aquellos comentarios, se apodera de la palabra y habla y habla de la autonomía que hay que reconocer a

Cataluña.

Por los pasillos del Palacio de las Cortes circulan varias señorías en animados comentariou. Hablan, con

desvelo manifiesto, de la devaluación de la peseta; del plan de urgencia de medidas económicas aprobado

por el Gobierno; de la gravedad del sector pesquero español, con sus secuelas de prohibiciones de captura

en las zonas reservadas a los países del Mercado Común; fie la dramática situación de los pescadores del

norte de España; del panorama de los precios del pescado en los mercados; de... Una señoría vasca se une

al grupo, escucha unos momentos y se convierte en protagonista de los comentarios: "Tenemos que

resolver las exigencias autonómicas del pueblo vasco en medio de la armonía de todos, lejos de la acritud

de antaño." Y esta señoría habla y habla de los ciento cincuenta años de lucha que el pueblo vasco lleva

en favor de sus derechos autonómicos. Y les expone el estatuto ideal que hay que conceder a Vasconia.

Yo contemplo y escucho con atención a estas señorías catalanas y vascas cuando hablan ante el Pleno del

Congres.0 y ante el Pleno del Senado o en los pasillos del Palacio de las Cortes. No les oigo más que un

tema monocorde, reiterativo, Insistente: la autonomía de sus pueblos. Deduzco, por lo que sus incansables

lenguas pregonan en toda ocasión que encuentran, que esas señorías no tienen otra preocupación política

y otro anhelo en estos momentos que España vive.

 

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