Libertad y libelo     
 
 ABC.    09/11/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ABC. JUEVES, 9 DE NOVIEMBRE DE 1978.

DIRECTOR: Guillermo ´LUCA DE TENA

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Editan PRENSA ESPAÑOLA, S. A.

LIBERTAD Y LIBELO

La sociedad española continúa atravesando por circunstancias de acomodación, que si en lo político

deben de culminar con la aprobación de la Constitución en el próximo referéndum, en el orden moral

permanecerán todavía latentes un tiempo difícil de determinar.

Se ha pasado, sin graves traumas institucionales, de un régimen a otro. España ha desechado viejas

estructuras de ordenamiento político para acomodarse a otras nuevas en las que se reconoce, como

principio sustentador de todo e1 edificio, que la soberanía emana del pueblo, que mayoritariamente

queremos construir una sociedad democrática y vivir en ella.

Pero no cabe olvidarse que existe un cierto afán revanchista en algunos sectores, que hay quien tiene

viejas heridas generales y procura particularizarlas, con independencia del espectro partidario al que se

haya afiliado; que el paso de autoritarismo a democracia ha sido frecuentemente utilizado por más de uno

como patente de corso para hacer lo que en ningún sitio está permitido. La Prensa ha reflejado, con mayor

o menor interés general, este clima de revanchismo con matices libertarios. Y la sociedad, personificada

en algunos casos, no ha sabido reaccionar con eficacia en multitud de casos.

Se habla, sin embargo, últimamente, del «asedio a la Prensa» del reverdecimiento de una cierta represión

que iría directamente contra la necesaria e insustituible libertad de expresión. No se alude, en cambio, al

menos de forma habitual, al libertinaje con que se produce alguna que otra publicación española. A la

falta de rigor con que se lanzan acusaciones Infundadas, se presta aura de perennidad en letras de molde a

bulos insostenibles y se alimentan fantasmas Interesados. Existe, indudablemente, un cierto afán de

exaltar lo negro, lo negativo, cuantos defectos puedan encontrarse, sin mezcla de bien alguno. De una

realidad más o menos impuesta o forzada en tonos positivos, se ha pasado, en parte, del espectro

informativo, apenas sin solución de continuidad, al extremo opuesto.

Debemos todos ser conscientes de este fenómeno. Y hemos, también todos, partiendo de este hecho,

admitir que para la normal convivencia democrática deben de existir garantías razonablemente suficientes

tanto para los medios de expresión en general como para las personas físicas o jurídicas en particular.

Para el normal ejercicio democrático han de desaparecer las ambigüedades que rodean los límites que

marcan las ya citadas garantías de información y de respeto. Los periódicos y los periodistas, si han de

servir, como exigen los postulados profesionales, a la verdad deben de estar suficientemente respaldados

por una normativa jurídica. El secreto profesional existe, y buenas pruebas nos han dado compañeros del

extranjero, de su diligencia y escrúpulo profesional para guardar con celo la fuente de sus informaciones.

Como también han alcanzado notoriedad aquellos casos en que las personas injustamente acusadas han

hecho valer sus derechos obligando a algo más que á una rutinaria rectificación.

Indudablemente, entre la libertad y el libelo debe de existir una barrera suficientemente alta y ancha para

que nadie se llame a engaño cuando intente traspasarla. Y ha de ser desde los propios medios de

información desde donde se pida la necesaria clarificación legal, la delimitación de derechos y de

obligaciones, de garantías, en suma. El decreto ley 24/1977. mal llamado «ley antilibelo», no parece el

vehículo adecuado para contener esa necesaria normativa, que marque las reglas del juego democrático en

el campo de la información. Es ahora, con la coronación de una vasta y profunda operación política que

nos ha llevado a una Constitución democrática, cuando el país más necesita esas normas que ajusten el

ejercicio vital de la libertad de expresión v de información a la feliz e histórica circunstancia de un Estado

de derecho y de una sociedad democrática.

 

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