Autor: Apostua, Luis. 
   Segunda fase de la reforma     
 
 Ya.    24/07/1977.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

S E M A N A ESPAÑOLA

Segunda fase de la reforma

Dos etapas: corrección del desastre económico y nuevo rumbo hacia un país más socializado

Peligro de que la derecha no secunde el programa económico con el entusiasmo que lo hizo al político

Las medidas económicas aprobadas por el Consejo d>* ayer no significan más que el primer paso de la

política del Gobierno UCD respecto a la vida económica y social. D« hecho, la verdadera reforma de

España tiene dos fases: la puramente política, ya casi concluida, y la social. Para la primera se ha

empleado todo un año, plazo brevísimo para la ingente tarea; pero la demanda del pueblo era tan visible

qus no se podían conceder compaees de espera. El resultado ha sido la imposibilidad de combinar

elecciones y economía; pero terminado el período de prioridad política, entramos a los temas duros y

difíciles.

El esquema de actuación necesaria es doble. De un lado existe una terrible crisis económica, que afecta a

todos. Abajo produce paro; arriba, inseguridad. Esa alianza es explosiva. Necesitamos una política que

reduzca los desastres económicos como paso imprescin

dible para el segundo esquema de actuación, que es el verdaderamente reformista.

PAPEL DE LA DERECHA

Al igual que en la operación política, la derecha tiene la principal responsabilidad presente por la sencilla

razón de que es la que conduce al cambio de su conjunto. Ahora bien, el en la reforma política ae pro

dujo un amplísimo consenso «n torno a don Adolfo Suárez, cuando éste llama ahora a pagar esas facturas

existe la posibilidad de que esa misma derecha remolonee y diga que loe tiempos están muy malos.

Y es verdad. Pero están tan malos que esa derecha sólo saldrá adelante si acepta una serie de sacrificios

económicos, a loa cuales no está acostumbrada. Una detención en el proceso económico, en la búsqueda

de auténticas mejoras sociales, abre las compuertas de la revolución de forma irreversible. Dicho más

claramente, las urnas no llamarán a los socialistas al poder mientras el poder vaya dando lo que la gente

quiere.

Tengamos también en cuenta que en ei fondo de todo reside «1 problema gravísimo de que el modelo

económico desarrollista se ha acabado, y muy posiblemente para siempre. La crisis del petróleo señala

toda una nueva era económica presidida por el negro fantasma d« la depresión. A partir de los años

cincuenta los países induatrialiaados conocí eron un "´boom", del cual nosotros, con algún retraso, hemos

participado también.* Pero esas tasas de crecimiento a la japonesa han acabado para siempre. Si alguien

promete pleno empleo y salarios altos es un insensato demagogo. Ese es un modelo de sociedad que

murió en 1973. Fe? ro no queremos extraer las con* secuencias, sin duda por pura pereza mental, para

acoplarnos a otro modelo mucho más aus« tero. Pero esa austeridad tiene un dato particular: menos lujos

personales y más confortabilidad comunitaria y mucha ma* yor permeabilidad social. Es lo que acerca,

desde una óptica dfl aconomía de mercado, a ese ideal de sociedad sin clases, cuya vía socialista tiene

también unos inconvenientes muy serios. Por poner un ejemplo, habría que decir que sería una España

con menos piscinas privadas, pero con muchísimas comunita^ rías o municipales.

Es tarea rectificadora de la sociedad «n una sociedad libra tiene un camino principal: «4 impuesto, No hay

otro sustituto de la revolución.

Luis APOSTUA

 

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