Autor: Carrascal Rodríguez, José María. 
   SPD Alemana - PSOE     
 
 ABC.    24/06/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

S.P.D. ALEMANA-P.S.O.E.

Por José María CARRASCAL

K E VELA inconsistencia desear una democracia efectiva para España y ayustarse del alto número de

votos obtenido por los socialistas. ¿No habíamos quecl.´ido en que lo que necesitaba España «ran partidos

amplios? ¿No era incluso el sueño ¿el Gobierno ver surgir en la izquierda un socialismo robusto y

dinámico? Pues ahí está. Y con él, la base de esa democracia bipartidista por la que todos suspirábamos.

En la democracia, la oposición es tan importante como el Gobierno, por la sencilla razón de gue puede ser

Gobierno en cualquier momento. El Centro-derecha de Suárez ya tiene un interlocutor válido en potencia

y en diferencias. Porque nadie supondría que la izquierda está inventada hace mucho tiempo, y en ella

sólo caben socialismo y comunismo. Elíjase.

Claro que podría objetarse: ¿no resulta peligroso un partido marxista tan fuerte para una democracia

recién nacida? A lo que podría responderse: el ejemplo alemán no lo confirma.

HAY una serie de interesantes similaridades entre cómo se estructuró la democracia en Alemania

occidental y cómo empieza a estructurarse en España. El arranque es otro —una guerra perdida allí, la

voluntad de los españoles aquí—, pero el objetivo es el mismo: convertir una dictadura en democracia.

El paralelismo de esta primera etapa llega incluso a nombres y cifras: La cristi:inodemocracia alemana

surge de una coalición completamente nueya, aunque acoge «n su seno a personalidades del viejo

régimen. Curiosamente, su nombre original es Unión Cristiano Demócrata, esto es. las mismas siglas que

la Unión de Centro Democrático. Frente a ella, los socialistas constituyen el Partido más viejo del país,

con la mayoría de sus líderes procedentes de la cárcel o el exilio. En las primeras elecciones, sin embargo,

í.is de 1949, triunfa aquélla, aunque por escasísimo margen: 31 por 100, para la C. D. Ü.; 29,2 por 100,

para la S. P. D. Siguen los liberales, con un 11.9; los comunistas, con un 5,9, y el Deutsche Portel,

formado por conservadores nacionalistas, con el 4.

Con los dos grandes partidos ya dibujados la República Federal Alemán* inioiu su existencia cargada de

hipotecas: un.´i Constitución por redactar, el problema de los «Laenders» o países naturales, ja economía

en ruinas y la nación rota por la mitad. Para resolverlo, la C. D. U. elige una política inequívocamente

prooccidental y de economía de mercado, mientra_s la S.P.D. se mantiene fiel a sus principios

nacionalizadores y pacifistas. Es la etapa de Kurt Schumacher, un hombre honesto e idealista, que

desconfía de Bruselas, donde va sólo un club capitalista, y se opone a la entrada de su país en la Alianza

Atlántica. Pero el país no le sigue. Mientras la cristianodemocracia, a hombres del milagro económico y

la alianza con el oeste amplía su base, la soclaldemocraclase estanca. Las cifras son más elocuentes que

las palabras: elecciones de 1953: C. D. Ü.. 45,2 por 100; S.P.D., 28.8. Fn las del 57, la diferencia es aún

más clar.i: C. D. Ü., 50,2; S.P.D., 31.8.

ANTE tal tendencia, los socialistas alemanes practican lo que Herbé pt Wehner llamaría un

«Tiefgehende selfpruefung», un profundo autoanálisis. Es un proceso largo, difícil, doloroso,

que erróneamente se ha presentado como un cambio de la noche a la mañana. No. Antes tiene que morir

Schumacher; en el 52 tiene que asumir el Hderato del partido aquel político tan humano que era

Ollenhauer; tiene que sobrevenir el vuelco personal de Wehner; tiene, sobre todo, que pasar a primera fila

la inteligencia excepcional, exacta, brillante, de Erler. Erler es el hombre que ve dónde hay que gan,ar

votos: no en la izquierda, sino en el centro, en esa anchísima clase media que el «Wirtsehaftswunder» ha

creado. ¥ tras muchas frustraciones electorales, tras verse convertidos en los eternos segundos, tras

interminables discusiones a todos los niveles, el proceso se realiza. El historiador Alfred Grosser lo

describe asi: «Poco a poco, la socialdemocracia alemana habla más de reforma que de revolución, de

adecuar las estructuras que de lucha de clases, de economía social que de nacionalizaciones.» Y es en el

Congreso de Bad Godesberg, en 1959, cuando de forma oficial la socialdemocracia deja d« ser un

«Klassenpartei», un partido de cUse, para convertirse en un «Volkspartei», en un partido del pueblo, de

todas las clases sociales.

Con ello reinicia su expansión, que le da, ya en e] 61, dos millones de votos más, y le lleva luego a formar

coalición con la C. D. U. y a gobernar desde 1972 sin ella.

Repito que no hay garantías de que el proceso alemán hacia la democracia se repita en España. Hay tantas

semejanzas como diferencias. Pero tampoco es mal ejercicio recordarlo. Tanto para los socialistas como

para los que se han asustado por sus votos.—J. M. C.

 

< Volver