Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
   Cavero: misión imposible     
 
 ABC.    22/02/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

MIÉRCOLES, 23 DE FEBRERO DE 1978. PAG. 3

CAVERO: MISIÓN IMPOSIBLE

DURANTE varios meses el Centro no existia; iba a desintegrarse; carecía de trama ideológica: era un

enjambre de oportunistas; estaba plagado de fascistas. Esta última frase genial se debe a un hombre

ecuánime empeñado en confundir la politica con el salto de la rana; y en demostrar por vía de esperpento

que algunos demócratas no son fascistas solo porque no llegaron a tiempo. No doy su nombre, porque

sigo creyendo en el; porque volverá a ser el cuando agonicen las saturnales de la libertad y los famosos

cuarenta años vuelvan a ser una época y no un latiguillo.

Pero mientras tanto ese Centro que nunca existió decide permanecer; demuestra que su crisis —

innegable— es de crecimiento acelerado y de reencuentro racional con una identidad intuida

popularmente; y las dos grandes formaciones de la derecha y de la izquierda comprueban, a fuerza de

bandazos y frustraciones, que el apartamiento del poder desgasta mucho más que el poder.

Bien, pero la inercia sigue; y el Centro se convierte por estos días en pim, pam, pum. Cunden los ataques

personales. E1 Congreso organiza trifulcas pesqueras. Revolotean los «dossiers» de la pornopolítica.

Alguna crema —contada— de la intelectualidad trata de vengar sobre los demás el asco periódico que

siente sobre sí misma.

Mientras algunos protagonistas, vacilantes, se aterran al camino, algunos críticos demuestran, como dijo

alguien, que no sirven ni para la oposición. A más de uno le conviene una vuelta por el Senado; por más

que resulte más fácil merodear por la propia sordidez antes de convertirse regularmente en eco lamentable

de consignas anacronicas, totalitarias de la otra acera; tengo cada análisis de trayectoria que haría

agarrotarse de rubor a las linotipias.

En el Senado acaban de darse, últimamente, dos soberanas lecciones de alta política. La primera a cargo

de Landelino Lavilia, al cerrar con uno de los mejores discursos del nuevo Parlamento el debate senatorial

que acabó con la degeneración de los indultos, cumplida ya su fase de generosidad. Mosén Xirinacs, mi

amigo, apoyaba una hermosa propuesta que sólo seria viable si todos los marginados sociales fueran

como él, Lavilie, político frío y hondo, cargó de realismo su negativa. Sus palabras galvanizaron al

Centro; rompieron los tópicos; se alzaron como una barrera de lógica en defensa de la sociedad. La

propuesta quedó aislada en su propia utopía. ¿Por qué Viagas, al volar con el Centro, arremetería contra la

serena exposición de Sánchez Cuadrado? ¿Por qué hasta las más finas inteligencias jurídicas concederán

tanto a un resabio de complejos?

Esta misma noche vengo con el debate caliente de la Comisión de Educación y Cultura en la pluma, El

senador socialista Beriá abria su estupenda intervención alicantina con un homenaje al mínistro ponente,

Iñigo Cavero. El presidente de la Comisón, profesor José Artonio Escudero, ha, dirigido con maestría una

discusión ejemplar sobre un orden del dia que semejaba un campo de minas. Todos sus amigos rezamos

por Iñigo Cavero cuando asumió, en pleno acoso y derribo de la. transición, esa misión imposible llamada

Ministerio de Educación y Ciencia. Hoy, en el Senado, ha expuesta con enorme poder de convicción no

simplemente un programa, sino un gran conjunto de soluciones en plena marcha. Todo su equipo le

flanqueaba; y recibía numerosas delegaciones para ampliar respuestas. El ministro ha expuesto

serenamente su calendario legislativo engranado con las previsiones constitucionales. Por delante, los dos

objetivos; la calidad, la democratización. Ha definido el tunel; y ha marcado claramente su final. Nueve

proyectos de ley de ahora a Junio; con fecha y contenido, que ya darán las agencias.

No puedo entrar en las respuestas a los senadores, cuatro horas; tras las tres horas en al Congreso. Ni en la

habilidad con que ha ahuyentado —a muleta plegada— los temas polémicos, sin rehuirlos; simplemente

desbravándolos, a fuerza de humanidad y competencia. Ni en la documentación y dominio total de los

temas, sin excepción.

Parece que un extraño pudor nos cohibe a la hora del elogio. Si alguien piensa en motivos más baratos,

que se recoma su propia pequeñez., Pero Iñigo Cavero ha logrado esta noche un triunfo parlamentario de

fondo, y de Estado, sobre el tema más dificil; y si negarlo fuera vileza, omitírto sería disfraz de

cobardía.—Ricardo DE LA CIERVA.

 

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